Dolores Montoya Rodríguez, Lole, es gitana de Triana. Particularmente, una de mis cantaoras favoritas por su peculiar estilo y la constante innovación de la que siempre ha hecho gala en su cante. Pero Lole es algo más: las raices de su cultura familiar se hunden en la tradición bereber argelina. Su madre, Antonia Rodriguez, La Negra, nació en Orán en 1936, y allí aprendió los ritmos bereberes de la cercana Cabilia que, con el tiempo, enseñaría a sus hijas.
Cuando la Negra y Lole mezclan el flamenco con estos ritmos magrebíes, resulta una fusión deliciosa, natural, alejada de artificios y de la corrupción comercial de la música. Es como la buena comida casera; un recordatorio de lo cercana que es la cultura del otro lado del Estrecho y de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa del norte de África. Ésta es una grabación de los archivos de TVE del año 1972, cuando Lole contaba sólo con dieciocho años y aún no había comenzado su carrera artística profesional. Detrás del rebosante talento y de la sugerente voz, que bien podría pertenecer a una artista de El Cairo o Damasco, se adivina una joven a la que las cámaras aún provocan el sonrojo de la principiante. Suban el volumen y disfruten de la fiesta.
Nada recuerda hoy en los muros de la antigua prisión madrileña de Torrijos que allí permanecieron encarcelados casi tres mil presos de la dictadura franquista. Nada, excepto una placa conmemorativa que recuerda a un poeta, y a un poema.
En septiembre de 1939, perdida la guerra, los supervivientes leales a la República que no habían querido o podido huir de España iniciaban un largo periplo de vejaciones y abusos por las prisiones del fascismo; eso cuando no terminaban sus días fusilados frente a la tapia de un cementerio. En aquel aciago verano de brazos alzados y caras al Sol, lejos ya cualquier esperanza, las familias de los represaliados se enfrentaban al fantasma del hambre y de la marginación en un país destruido por la guerra donde ya no eran bienvenidos. Dentro de las prisiones, los reclusos debían soportar la doble condena de la falta de libertad y de ver a sus familias languidecer en la miseria.
Uno de aquellos reclusos era el poeta Miguel Hernández. Miguel pensó en un primer momento que, no habiendo cometido él ningún delito, no tenía nada que temer, y que podría regresar a su pueblo y vivir allí con su esposa Josefina y su hijo recién nacido. Nada más lejos de la realidad: los vencedores esperaban con ansia abalanzarse sobre los restos del enemigo vencido, y tomar cumplida venganza de todas las afrentas reales o supuestas de tres años de conflicto. Cuando quiso darse cuenta de esta cruel realidad, Miguel ya no pudo huir. El que fuera poeta del pueblo, ahora pasaba los días encerrado y atormentado por el futuro que le esperaba a su familia. Las noticias no podían ser más agoreras, porque su mujer acababa de escribirle una carta donde le contaba que sólo tenía para comer pan y cebolla. Él, encarcelado sin juicio ni sentencia, escribió este poema a su hijo pequeño Manuel Miguel, junto con unas breves letras para su esposa:
Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando estas coplillas que he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.
Este poema, de tristeza incomparable, fue musicado por Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat, convirtiéndose en una bellísima canción.
Etiquetas: cultura, franquismo, historia de españa, Música, Poesía
Anoche tuve un momento trascendente que quiero compartir con vosotros, mis apreciados sufridores. No sucede muy a menudo, pero de cuando en cuando algo nos hace despertar del letargo de la rutina y nos muestra que lo que estamos haciendo posiblemente se convierta en uno de los mejores recuerdos de nuestra vida.
La cosa es que estaba durmiendo a la pequeña Violeta, y lo mejor es que lo estaba consiguiendo. Cuando finalmente se durmió y se quedó respirando acompasadamente sobre mi hombro, también yo me pude permitir un momento de relajación, y empecé a considerar lo bonito de aquel momento… y lo irrepetible que era.
Dice mi mujer que, al crecer los hijos, es como si nos los cambiaran por otros distintos; que ya nunca más volvemos a tener a los bebés que fueron, que ese momento de ternura y esa sonrisa de absoluta felicidad se pierden para siempre. La verdad es que tiene razón; yo lo sé por experiencia. Muy pronto ese bebé que acuno en los brazos empezará a caminar, y quién sabe qué camino elegirá. Con el tiempo todos los que un día fueron bebés se irán de casa, muchas veces a pesar de los deseos de sus padres.
Por eso anoche disfruté tanto de aquel momento irrepetible en el que mi bebé era aún mío, en el que aún dependía de mí hasta para dormirse. Por eso disfruto tanto de repasar las olvidadas letras de las nanas y del olor de las toallitas y las colonias infantiles. Es posible que estos momentos formen parte de mis mejores recuerdos del mañana. Posiblemente no tenga ya demasiadas oportunidades para vivir con ella un momento tan íntimo como el de anoche, y puede que esté cerca el día en que duerma a mi niña en los brazos por última vez.
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Etiquetas: Música
Este luminoso domingo de otoño se ha tornado de repente en un día triste. Mercedes Sosa, una de las voces más importantes y queridas de la Ámérica Latina del siglo XX, ha fallecido hoy tras una cruel agonía de dos semanas. Mercedes llevó como nadie por todo el mundo la belleza musical del acento argentino. Hoy Mercedes ha dejado de padecer las miserias humanas para convertirse en voz inmortal, nuestra para siempre. Hoy El ojo del tuerto está de luto por Mercedes.
Etiquetas: Música, Personajes
La Aldea Irreductible cumple dos años. Dos años durante los cuales ha deleitado a miles de sus seguidores con todo tipo de contenidos, desde musicales hasta históricos. Lo que Javi y Guillermo están ofreciendo de forma altruista a sus lectores empieza a convertirse en un valioso material de colección. Yo, por ejemplo, llevo grabados en el teléfono todos los episodios de los podcasts para oirlos mientras viajo.
Hoy, para celebrar que esa página -que tanto entretenimiento y tan bueno me ha dado- ha sobrevivido a dos traslaciones completas alrededor del Sol, he decidido rendir a sus autores un pequeño homenaje complementando una de sus entradas de hoy: EL LUGAR DONDE VITO ANDOLINI SE CONVIRTIÓ EN VITO CORLEONE. Lo hago porque además de un lector asiduo de La Aldea, soy un fanático admirador de la trilogía de El Padrino.
En la entrada de La Aldea, Vito, ya apellidado Corleone, se detiene ante la ventana de su celda-habitación de la isla de Ellis, desde donde puede contemplar la Estatua de la Libertad. La víctima apaleada de un sistema mafioso, que en unos años se convertirá a su vez en un hambriento depredador de hombres, en el más importante padrino de la Mafia, en esos momentos no es más que un niño asustado y solo. No tiene familia, no tiene amigos. Tan sólo se tiene a sí mismo, y trata de consolar esa soledad con una canción popular de Sicilia.
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Esta es, bajo mi punto de vista, una de las escenas más dramáticas de toda la trilogía, porque que lo que aquí se relata es una situación vivida por millones de personas llegadas a los Estados Unidos tras atravesar el Atlántico huyendo de las lamentables condiciones de vida imperantes en Europa, como bien cuenta Javi en su entrada.
La canción, tras una somera búsqueda por Internet, resulta que se titula Lu sciccareddu, y cuenta la historia de un niño que llora la pérdida de su mejor amigo: un burrito. La canción completa y su letra en siciliano son las que siguen:
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Avia ‘nu sciaccareddu
ma veru sapuritu
a mia mi l’ammazzaru,
poveru sceccu miu.
Chi bedda vuci avia,
paria nu gran tenuri
sciccareddu di lu me cori
comu io t’haiu a scurdari. (2 v.)
E quannu arragghiava facia
iha, iha, iha,
sciccareddu di lu me cori
comu io t’haiu a scurdari. (2 v.)
Quannu ‘ncuntrava nu cumpagnu
subito lu ciarava,
e doppu l’arraspava
cu granni carità.
Chi bedda…
Purtannulu a bivirari
virennu l’erba vagnata
lu mussu ‘nzuccaratu
di ‘nterra ‘ncelu spincia.
Chi bedda vuci avia
paria un gran tinuri
sciccareddu di lu me cori
campa tu e cu mori mori. (2 v.)
A ver si alguien se atreve a traducir esto, porque yo traducir del siciliano como que no.
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En 1974, el grupo de rock andaluz Triana publicó su disco El Patio, que aunque en un principio no tuvo demasiado éxito por culpa de una nula promoción comercial, en los siguientes años se convertiría en un hito dentro el panorama musical de la época.
Tras una tortuosa carrera plagada de éxitos y fracasos, y tras la muerte en accidente de tráfico de su vocalista y compositor Jesús de la Rosa, lo que supuso el final del grupo, Triana se convertiría en una leyenda a nivel mundial. Su conexión ineludible con las raíces folclóricas andaluzas dieron a este grupo un estilo propio e inimitable que ha sobrevivido al transcurrir del tiempo y a las modas musicales.
Triana tiene sin duda un lugar en la historia cultural de Andalucía como uno de los primeros grupos en fusionar los acordes del rock progresivo con los ritmos flamencos.
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Acostumbraba yo a principios de los años noventa a frecuentar las calles del sevillano barrio de Los Remedios bien entrada la madrugada. Entre cubata y cubata, y entre canuto y canuto, mis colegas y yo desgranábamos una juventud que se nos escapaba entre los dedos en forma de empleos, novias y servicios militares. La madurez estaba a la vuelta de la esquina, a lo mejor por eso apurábamos los que serían nuestros últimos grandes desfases con la ansiedad del que sabe que el chollo de ser joven se le está acabando. El signo más preocupante de nuestra decadencia estaba precisamente en nuestros bolsillos: mientras más dinero teníamos, más esclavos éramos de nuestras nuevas obligaciones. Ningún gin tonic, por muy cargado que nos lo sirvieran, conseguía hacernos olvidar que el final de la travesía estaba a la vuelta de la esquina.
Pero no; el que estaba a la vuelta de la esquina aquella madrugada, pasadas ya las cuatro de la mañana, era Silvio. Sentado en un poyete y con una tajá como un mulo le daba los últimos sorbos a un bebedizo en vaso de tubo que sostenía en una mano, al tiempo que quemaba la última calada de un cigarrillo en la otra. A aquellas horas sólo quedábamos en la calle nosotros, el bueno de Silvio y los operarios de la limpieza que se afanaban en regar la calle para quitar la mierda provocada por la movida de esa noche.
-Iyo, ¿tiene un sigarrito?- Me suelta el tío cuando paso por su lado.
No me había dado cuenta de quién era hasta que lo miré de cerca. Silvio sabía mejor que nadie cómo disfrazarse de borracho callejero para que nadie le reconociera; sin embargo, allí estaba yo, delante de la leyenda viva -bueno, en realidad medio muerta- del rock andaluz que me pedía un cigarrito como el más humilde de los mortales. Tenía fresca entonces en la memoria -y aún la tengo- la ocasión en que fuimos a ver a Silvio a un concierto en la Puebla de los Infantes (que está un rato lejos), para encontrarnos allí con que Silvio venía borracho hasta el punto de que le resultaba imposible cantar. El problema fue que en las dos horas que tardó en recuperar un poco la compostura los que estabamos borrachos éramos nosotros. No se puede decir que aquel concierto fuera un desastre, a pesar de que el batería tuvo que cantar parte de las canciones por una ligera indisposición de Silvio. Simplemente era lo que cabía esperarse de él. Silvio era a la música lo que Curro Romero a los toros: si coincidías en uno de sus días buenos podías tocar el cielo, y si no, pues ya sabías de antemano a lo que te exponías. En lugar de ponernos a abuchear por el retraso del artista nosotros decidimos esperarle apalancados en la barra del bar, con los resultados que eran de prever… Ahora ese mismo Silvio estaba delante de mí, con los ojos entrecerrados y aquél vaso de tubo en la mano que seguramente una vez tuvo unos hielos dentro, pero que ahora contenía una mezcla indefinida de alcohol y agua.
-Ahro Sirvio, toma…- Le contesté mientras le extendía el paquete de tabaco.
Silvio cogió el cigarrito y balbuceó lo que podrían haber sido unas gracias o una crítica por la marca del tabaco; unas palabras incomprensibles para nadie que no compartiera el estado de embriaguez de ese genio urbano que era Silvio. Cuando me di la vuelta y seguí mi camino no sabía que era la última vez que le veía. Poco después de aquello se terminaron para mí los días de salir de cachondeo por Sevilla, y me fui a Cataluña a ganarme las habichuelas. Silvio se murió años más tarde de la misma enfermedad que le había permitido ser quien fue.
Creo que la importancia de una persona puede medirse por la gente que asiste a su entierro. Seguramente cuando yo me muera vendrá a despedirme mi familia, lo cual significará que fui importante para ellos -cosa con la que me conformo-. Al entierro de Silvio fueron un buen número de amigos, pero también la flor y nata del rock y el pop de toda España, desde Kiko Veneno hasta Raimundo Amador o Luz Casal. Todos ellos acudían a rendir tributo al maestro sevillano del Rock. Cuando se murió Silvio murió también el padre de los rockeros andaluces. Cuando empecé a fraguar esta entrada, debía hablar sobre el rock andaluz, pero después de acordarme de esta anécdota creo que ya hablaremos otro día los que mamaron el arte que destilaba este monstruo que fue Silvio Fernández Melgarejo.
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Al sur de la Gran Bretaña yo me siento acomodado,
la vida se me pasa pero yo aki me he kedado.
Como tonto como sabio, yo no no no lo cambio,
aunque solo de milagro me mantenga.
Somos victimas propicias de una antigua maldicion,
hemos de ganar el pan con el propio sudor;
menos mal que aquí en Sevilla la vida tengo ganada
porque con tanto calor sudo aunque no haga nada.
oooh oooh oooh…
Hay mas sureños,
se reproducen mas.
Hay mas sureños,
se nota en el portal.
Hay mas sureños,
habemos muchos mas.
Sureños del norte al sur.
(Foto: El Gato Andaluz)
Etiquetas: Música, Personajes, Sevilla
Los músicos no tienen nada en contra de la bella melodía del Gran Vals de Francisco Tárrega, utilizada y repetida hasta la náusea en millones de teléfonos móviles de la marca Nokia, pero oir esta musiquilla puede resultar un poco desconcertante -nunca mejor dicho- cuando tratas de interpretar otra composición musical. En ese momento caben dos opciones, o estrellarle el contrabajo en la cabeza al despistado espectador que es incapaz de prescindir de su móvil en un concierto, o tomarse el tema con humor, como sucede en el siguiente video:
Así que ya los sabes: cuando vayas a un concierto, recuerda apagar el móvil. Puede que otros músicos no tengan el mismo talante que estos.
Tal día como hoy hace ya seis años el mundo perdió para siempre el son cubano. Echo de menos ver la sonrisa siempre joven de Compay Segundo, su puro habano en la mano, siempre impecablemente vestido con su traje y su sombrero, su hablar pausado y siempre sabio. Cuando veía a Compay siempre pensaba: “Ahí va un auténtico caballero cubano”. El 14 de julio de 2003 nos dejó para siempre, para desolación de sus millones de admiradores, que hubiésemos querido que superara en longevidad a su venerable abuela.
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De Alto Cedro voy para Marcané
llego a Cueto, voy para Mayarí.
El cariño que te tengo
no te lo puedo negar
se me sale la babita
yo no lo puedo evitar.
Cuando Juanica y Chan Chan
en el mar cernían arena
como sacudía el jibe
a Chan Chan le daba pena.
Limpia el camino de paja
que yo me quiero sentar
en aquél tronco que veo
y así no puedo llegar.
De Alto Cedro voy para Marcané
llegó a Cueto voy para Mayarí.
Etiquetas: cuba, efemérides, Música, Personajes
Arqueólogo, antropólogo, deportista, motero, escritor, actor, cómico, músico y cantautor. A sus cincuenta años recién cumplidos, Hugh Laurie es un acaparador de talentos, algunos de los cuales no son demasiado conocidos por el gran público. Aunque su mayor éxito le llegó con el papel del Doctor House en la famosa serie de televisión, Hugh lleva dando el callo en el mundo del espectáculo desde que salió de la universidad, allá por los primeros años ochenta. Hoy os dejo con su faceta de autor y con su canción-protesta All we gotta do (Todo lo que tenemos que hacer). Que ustedes lo rían bien.
Etiquetas: Humor, Música, Personajes, Televisión