Hoy he tenido la oportunidad de subir a una de esas atalayas de Sevilla a la que pocos tienen acceso. Desde allí arriba he podido sacar esta foto, cuyo único mérito reside en que se trata de una perspectiva difícil de obtener. Por desgracia, no me permiten llevar el teleobjetivo al trabajo, así que habrá que conformarse con esta humilde foto de teléfono móvil.
De momento, la Giralda sigue dominando el horizonte sevillano en tanto se construye la Torre Pelli, que después de nueve siglos, dejará pequeño al mítico minarete almohade. Esta imponente torre de piedra y ladrillo, erigida para gritar al viento el pasado poderío del Islam y sus gobernantes, fue construida en parte gracias al botín obtenido en la batalla de Alarcos, la última de las grandes victorias musulmanas en suelo español. Su promotor fue el califa almohade Abu Yaqub Yusuf, uno de los gobernantes que más ha engrandecido a la ciudad de Sevilla, quien también ordenó la reconstrucción de los Caños de Carmona, uno de los principales acueductos de la antigua Hispalis romana, cuya construcción fue supervisada en el siglo I a.C. por el mismísimo Julio César.
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