Las últimas lluvias han convertido al normalmente escuálido río Rivera de Huelva en un embravecido émulo del Amazonas. Tanto es así que los pantanos de su cuenca deben desembalsar el agua sobrante a toda prisa para evitar el desbordamiento de las presas. Este mismo mediodía, la presa del Gergal, en la localidad sevillana de Guillena, ofrecía este singular espectáculo, captado por un servidor con el teléfono móvil:
Esta fotografía está tomada en mi pueblo, el domingo 10 de enero de 2010. Hacía como cincuenta y pico años que no nevaba, y sólo los mayores podían ya recordar aquella ocasión. El pasado domingo fueron nuestros hijos los que corrieron, jugaron y tiraron bolas de nieve en la misma puerta de su casa; algo que en la provincia de Sevilla (exceptuando algunos lugares de la sierra) no es muy habitual que digamos. Puede que la próxima vez que nieve, ellos sean los mayores que lo recuerden, y sus nietos los niños que juegen en la nieve, allá por el año 2060.
O al menos, eso espero.
Y esto es lo que sucede cuando todos se van a comer uvas y dejan al becario redactando los titulares:
El enlace ha la página original aquí.
Resulta de lo más desconcertante, en pleno siglo XXI que vivimos, que un diario amanezca esta mañana con unas necrológicas como las que nos mostraba el diario ABC de Sevilla:
Yo puedo entender que las necrológicas son anuncios pagados, pero la apología del fascismo que muestran estas esquelas (las de José antonio, desde luego, son impagables) hace responsable también a la redacción del periódico de estos hechos. Lamentablemente, la derecha española aún no ha sido capaz, treinta y cuatro años después de la muerte del dictador, de desligarse de su estrecha relación con el fascismo que oprimió a España durante décadas, y sus medios de comunicación afines son una buena muestra de ello. ¿Imaginan a alguien en Alemania tratando de publicar una esquela de Adolfo Hitler en un periódico? Pues eso.
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Esta gran explanada, en pleno centro del moderno París monumental, hoy lugar de paso obligado para millones de turistas, se instaló la guillotina durante los años del Terror de la Revolución Francesa para acabar con la vida de miles de franceses. La plaza que fuera en tiempos llamada “de Luis XV”, pasó a convertirse en “Plaza de la Revolución”, y durante aquellos convulsos años fue el escenario de actos públicos multitudinarios, especialmente del ajusticiamiento de Luis XVI y de su esposa María Antonieta. Superados aquellos años del Terror, el gobierno de la I República Francesa la rebautizó como “Plaza de la Concordia“, en un intento de limpiar de la memoria colectiva las atrocidades cometidas en aquel lugar.
Pasado un tiempo, la Revolución pasó a la Historia, como también pasó el reinado de Napoleón Bonaparte. Con el regreso de los borbones, un acontecimiento inesperado iba a dar a la Plaza de la Concordia una nueva relevancia histórica inesperada: El joven Jean François Champollion descifró el lenguaje jeroglífico egipcio gracias a una copia en papel de las inscripciones de la Piedra de Rosetta. Posteriormente, Champollion viajaría a Egipto para descubrir con asombro que la Historia de aquel milenario país se encontraba tallada en las piedras de sus imponentes monumentos. Durante su viaje, el virrey otomano de Egipto, Mehmet Ali, regaló a Francia los dos obeliscos que flanqueaban la entrada al Templo de Luxor.
Aunque Chapollion murió en marzo de 1832, uno de los obeliscos de Luxor emprendió un largo viaje en barco desde su emplazamiento original en Egipto que le llevaría hasta París. Fue el último de los reyes de Francia, Luis Felipe de Orleans, quien decidió su destino final. Fue erigido tal día como hoy, el 25 de octubre de 1836, sobre un pedestal en pleno centro de la Plaza de la Concordia. Allí sigue en la actualidad. En la imagen pueden verse al fondo el Arco de Triunfo y la Torre Eiffel.
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El río Nilo ha recorrido las tierras de Egipto de sur a norte durante millones de años, convirtiendo una estrecha franja del desierto del Sahara en un rico vergel. Gracias a él pudo desarrollarse una de las más ricas civilizaciones de la historia humana, cuyas maravillas aún asombran al prepotente hombre moderno. El secreto del Nilo era su naturaleza salvaje e imprevisible; una naturaleza que podía llevar a Egipto a la abundancia o a la muerte por inanición, y que creó todo un culto religioso alrededor de sus crecidas. El Nilo debía desbordarse anualmente para anegar los campos circundantes, en los cuales crecía el grano que alimentaba al país de los faraones. Cuando la inundación era escasa o demasiado abundante, buena parte de África, Oriente Medio, y llegado el momento, Roma, sufrían las consecuencias en forma de hambrunas, inestabilidad política y guerras.
Y esto fue así durante siglos y siglos. Montones de dinastías faraónicas, los persas, griegos, romanos, bizantinos, árabes, franceses e ingleses conocieron el Egipto de siempre, y exprimieron sus riquezas inagotables, gran parte de las cuales eran otorgadas por el fluir eterno del gran río. A mediados del siglo XX, un nuevo Egipto asomaba a la modernidad tras el paso de sus últimos colonizadores. A la cabeza de ese nuevo Egipto estaba Gamal Abdel Nasser, un líder carismático decidido a unir al depauperado pueblo árabe bajo una misma bandera. Para conseguirlo necesitaba primero modernizar Egipto, equiparándolo en progreso a las potencias europeas que antes fueran metrópolis del país del Nilo.
Nasser contaba para ello con dos recursos económicos inagotables: el Canal de Suez y el río Nilo. Para hacer de Egipto un país moderno necesitaba domesticar al Nilo, dejar de depender de sus caprichosas crecidas construyendo una gran presa que almacenara el agua, controlara el caudal del río y generara la necesaria electricidad para hacer funcionar al país. Para conseguirlo, primero necesitaba hacerse con el control del canal, todavía en manos de los ingleses, para financiar aquella obra pública de envergadura colosal. El 26 de julio de 1956 era nacionalizado el Canal de Suez, y pocos meses más tarde Inglaterra, Francia e Israel atacaron a Egipto en la zona del canal y la península del Sinaí, aunque con un resultado desastroso. Fue una guerra breve, pero para todo el mundo quedó claro que el canal no podría ser controlado en contra de la voluntad de Egipto, que los egipcios podían administrar el tráfico por el canal y que la época de los colonialismos en Oriente Medio había finalizado.
Una vez con el control del canal, Nasser se dispuso a emprender la construcción de la presa de Asuán. Aunque a principios del siglo XX se había edificado una primera presa, ésta se demostró ineficiente para las necesidades del país. La nueva presa sería construida ocho kilómetros río arriba de la primera. Sin embargo, y a pesar de la ayuda económica que suponía el control del Canal de Suez, Egipto necesitaba recurrir a la financiación internacional para esta obra. Los Estados Unidos, que habían ofrecido su ayuda económica en las primeras fases del proyecto, la retiraron a mediados de 1956 (cuando al derrotar a las potencias ocupantes del canal, Egipto demostró ser un país fuerte y decidido). Supongo que les preocupaba la existencia de un país árabe desarrollado y potente. Bien, Estados Unidos iba a tener tiempo de arrepentirse de su decisión, porque la retirada del apoyo económico a Nasser le arrojó de lleno en los brazos de otra potencia que sí estaba dispuesta a ayudar a Egipto: la Unión Soviética.
Así fue cómo entre 1960 y 1970 se contruyó la presa de Asuán, con dinero, técnicos y diseños rusos. Para impedir la desaparición bajo las aguas del embalse de templos tam importantes como Abu Simbel hubo que trasladarlos piedra a piedra hasta otros emplazamientos, una ingente tarea emprendida por la UNESCO y en la que participaron varios países. Egipto regaló a España el rescatado templo de Debod como agradecimiento por la ayuda prestada en esta labor de rescate cultural. El templo de Debod puede hoy ser admirado en el Parque del Oeste de Madrid. El milenario río Nilo fue finalmente domesticado para servir a los intereses de los hombres, y a pesar de las graves secuelas medioambientales que supuso la construcción de esta presa, hoy riega los campos egipcios mansamente, con sus aguas canalizadas por acequias después de haber movido las grandes turbinas generadoras que producen un buen porcentaje de la electricidad consumida por Egipto. Nasser murió en 1970 convertido en un controvertido personaje, y no pudo ver la mayor de sus obras en pleno funcionamiento. La presa de Assuán no alcanzó su máxima capacidad hasta el año 1976.
Aquí tienen la presa de Assuán; una obra pública que costó una guerra y que ha cambiado para siempre la historia de un país.
La historia de Violeta comenzó el domingo día 6 de septiembre a las 0:40. Espero que sea una historia larga, divertida y apasionante. Como sucedió con mis otros hijos, el nacimiento de Violeta es uno de los acontecimientos más emotivos e impactantes que he tenido la oportunidad de vivir. Es de esas experiencias que realmente merecen la pena vivir y que renuncio a relatar aquí porque no encontraría las palabras adecuadas para describirla.
Así que, por el momento, este bloguero aparcará la historia para dedicarse al cambio de pañales y a consolar llantos nocturnos. Seguiremos informando.
Para aquellos descreídos que se han dedicado a difundir por esos blogs ateos, escépticos y comunistas que el espectáculo celeste del pasado día 27 de agosto, protagonizado por Marte y la Luna, no era sino un bulo y que era imposible que el planeta Marte se viera tan brillante como la Luna, ahí va la prueba irrefutable de que todo lo que se ha estado contando es, no sólo cierto, sino además, verdad:
(Imagen: Fotos de hoy)
Por supuesto que ante tan abrumadoras pruebas de que el otro día Marte nos pasó rozandito, exijo inmediatamente una disculpa de aquellos que han manchado el buen nombre de la astrología, la cartomancia, la quiromancia y la naturopatía; de esos que desprecian el poder de la voluntad parapsicológica de la masa cerebral internetera. Salid de vuestro error y regresad al mundo de la luz, de la aromaterapia y del poder curativo de las flores de Bach (gran tipo ese Bach, además de músico, jardinero).
Mientras hacéis esa reflexión, me voy a tomar mi sesión de medicina cuántica, que me pone como un toro bravo.
Situado entre las imponentes montañas andinas de Machu Picchu y Huayna Picchu, el santuario inca parece aferrarse con uñas de piedra al suelo. Residencia de emperadores, ignorado por la historia y saqueado por ladrones, sólo sus frías piedras ruinosas desafían ya al tiempo.
Puede que el secreto de su supervivencia sea precisamente ese aislamiento entre montañas, lejos de las carreteras y las comodidades. Machu Picchu auyenta al turista comodón, exigiendo a sus visitantes una trabajosa ascensión por un tortuoso camino abierto en tiempos inmemoriales por los incas.
El esfuerzo, desde luego, merece la pena. Machu Picchu, declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad, es uno de esos lugares mágicos del mundo, es un alarde de arquitectura en condiciones extremas efectuado por la desaparecida civilización inca.
Actualización: La bitácora de Hobsbawm publicó hace sólo unos días un video a color del museo de arqueología y antropología de la Universidad de Pensilvania en el que se muestra el santuario de Machu Picchu y la vecina localidad de Aguas Calientes tal como eran en 1950. Muy recomendable.
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En este espectacular edificio se ensamblan desde los tiempos del Apolo las naves espaciales tripuladas norteamericanas antes de ser transportadas a sus rampas de lanzamiento. Su altura de 160m y su extraordinaria capacidad cúbica permiten que dentro del edificio se ocasionen fenómenos meteorológicos como nubes o lluvia. Está situado en Cabo Cañaveral, en la costa atlántica de la península de Florida. Construido para albergar los gigantescos Saturno V del programa lunar, este edificio ha sido utilizado para montar los transbordadores espaciales sobre sus cohetes auxiliares y el tanque central de combustible, y ahora está siendo readaptado para la construcción de los futuros lanzadores americanos Ares I y Ares V.