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25 Ene 10 Hitos más importantes de la Historia del Islam

Emilio González Ferrín es profesor titular de Pensamiento Árabe e Islámico de la Universidad de Sevilla. El día 13 de agosto de 2009 fue ponente de la conferencia titulada Hitos más importantes de la Historia del Islam dentro de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Encontré este vídeo mientras buscaba documentación por Internet para complementar los temas de Historia Medieval que ahora estoy repasando para el examen de febrero. Tras casi una hora oyendo al profesor González Ferrín, mi impresión es que -afortunadamente- los historiadores empiezan a desligarse de la manida rigidez de la historiografía tradicional, haciendo un trabajo comparativo sobre diversas fuentes de épocas y localizaciones geográficas distintas para extraer la conclusión de que, en realidad, ni todo en la Historia es blanco, ni negro; que hemos sido víctimas en muchos casos de una enseñanza de la Historia interesada y falta de perspectiva; de una Historia escrita siempre por los vencedores.

Merece la pena hacer el esfuerzo de oír la conferencia a pesar de su sonido deficiente. Gran momento ese en el que compara las religiones con crisálidas de las que nunca se sabe qué va a surgir, para terminar apostillando que todas las religiones tienen su origen en un capullo. Hay que hacer un verdadero esfuerzo intelectual para no malinterpretar al profesor González Ferrín, pero yo no he sido capaz de conseguirlo. ;)

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07 Ene 10 Súmer (I): el país de los dos ríos

La región que abarcan los ríos Tigris y Éufrates es hoy territorio de guerra y escenario cotidiano de matanzas y destrucción. Hubo, sin embargo, una época en la que Mesopotamia significó para el mundo civilización, progreso y abundancia. Desde muchos siglos antes de lo que los primeros investigadores habían creído, la hasta hace poco desconocida civilización sumeria fue la primera en todo el mundo que surgió de la Prehistoria para dejar constancia escrita de los avatares de su existencia, de sus creencias y mitos, de su poesía y de sus ciencias.

Localización de Súmer. Imagen: Universidad Complutense de Madrid

En 1941, los arqueólogos que excavaban en el yacimiento de Tell Abu Salabikh encontraron los escritos considerados hasta ahora más antiguos de la humanidad. Eran auténticos escritos sumerios, procedentes de un pueblo y una época que hasta entonces sólo era conocida por referencias de textos babilónicos y asirios muy posteriores. Siempre se había especulado con la hipótesis de que la primera escritura había sido fruto de la necesidad práctica, y que su temática sería meramente administrativa o contable. Nada más lejos de la realidad; entre los escritos de Tell Abú Salabikh se hallaron poemas, himnos y mitos, y sólo unos cuantos documentos administrativos.

Herederos de una civilización que se había estado fraguando en la región desde el 6.000 a.C., los sumerios dominaron el sur de Mesopotamia entre los siglos XXVII y XXIII a.C., varios siglos antes de que en Egipto comenzara la construcción de la Gran Pirámide. No se puede decir que Súmer fuera un estado, o al menos no según el moderno concepto de estado. Súmer era una cultura compartida por varios pueblos, agrupados en torno a ciudades como Kish, Uruk, Ur, Lagash o Nippur, entre otras. Diferentes dinastías de reyes en cada ciudad pugnaban por la hegemonía en la región, en una época en la que los mitos aún se mezclaban con la Historia. La existencia de reyes legendarios como Gilgamesh de Uruk está hoy demostrada documentalmente, aunque en un principio se pensó que Gilgamesh no era sino un personaje literario.

Súmer domesticó a los ríos que le daban la vida, canalizando los regadíos y convirtiendo en un vergel aquel fértil valle en medio del desierto. Sus leyendas, perdurables durante milenios gracias al soporte de arcilla donde las escribieron, cuentan historias sobre la creación del mundo por los dioses, sobre la lucha cósmica entre el bien y el mal, sobre un terrible diluvio que anegó al mundo entero y sobre los supervivientes del mismo, que pudieron salvarse a bordo de un barco. Cuentan la historia de un bebé que fue arrojado al río dentro de una canasta y luego se convirtió en rey… Historias que a cualquiera que haya sido criado en la tradición judeocristiana le resultarán familiares y que se hallaron enterradas en ruinas milenarias, escritas en antiquísimas tablas de arcilla, en una lengua y una escritura no descifradas hasta el siglo XIX, como prueba irrefutable de nuestros orígenes como cultura.

Para saber más sobre Súmer:

  • Los sumerios. Página de Ana Vázquez Hoys, profesora de Historia Antigua, UNED.
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11 Oct 09 Irreductibles legendarios (V): La fábrica de tractores

Parecía que el mundo había acabado, y que todos habían caído en un infierno helado de cascotes, cadáveres corrompidos y barro. Todos los que combatían en Stalingrado tenían la convicción de que jamás saldrían vivos de aquella ruina inmensa donde la muerte acechaba detrás de todas las esquinas, escondida en la oscuridad de las ventanas rotas de las casas bombardeadas.

Por muy dura que fuese aquella guerra, ninguna batalla fue tan cruel como la que se libró entre las ruinas de la fábrica de tractores Dzerzhinsky en el otoño de 1942. La fábrica de tractores era el orgullo de la maquinaria industrial soviética, y sus obreros produjeron tanques T-34 hasta el último momento, hasta que los bombardeos redujeron el complejo a un montón de escombros. Entonces fue cuando la fábrica pasó a convertirse en un baluarte para impedir el avance alemán hacia el Volga. La consigna del camarada Stalin no dejaba lugar a dudas: Ni un paso atrás. Los defensores de la fábrica de tractores resistirían la acometida del enemigo o perecerían en su puesto de combate. Era vital que el ejército ruso siguiera controlando la ribera del Volga, manteniendo una cabeza de playa por la que poder introducir los suministros y refuerzos que atravesaban constantemente el río; unos suministros que llegaban pese al intenso fuego artillero, pese a los constantes ataques de la aviación alemana, y pese a la certeza de los que llegaban de que se estaban internando en una pesadilla sin salida.

Y protegiéndolos a todos del enemigo se encontraban los defensores de la fábrica Dzerzhinsky. Eran soldados de reemplazo venidos de todos los puntos de la Unión Soviética, trabajadores de la fábrica que ya no podían hacer otra cosa que luchar, voluntarios y forzados, todos ellos unidos en la desesperación de quienes se encuentran acorralados. En muchas ocasiones, asomar la cabeza a más de un palmo del suelo significaba la muerte instantánea por el fuego enemigo. En demasiadas, retroceder aunque sólo fuera para encontrar un hueco donde esconderse podía significar la muerte a manos de los comisarios políticos.

La infantería y los blindados alemanes se abalanzaron contra la fábrica de tractores el 6 de octubre de 1942. A partir de ese momento, y durante más de una semana, los combates en aquel lugar maldito se producirían a muy corta distancia. En muchas ocasiones cuerpo a cuerpo. De nada servían los fusiles cuando tu enemigo se te echaba encima a menos de un metro; había que tirar de bayonetas y cuchillos. Los soldados alemanes no creían posible tal tenacidad por parte de sus enemigos. Los soviéticos se lanzaban a la muerte de forma irreflexiva, fanática, defendiendo cada nave, cada agujero, cada alcantarilla, como si se trataran del mismísimo Kremlin. Aquella ofensiva fue a duras penas detenida, con terribles pérdidas en ambos bandos. La fábrica seguiría siendo rusa de momento.

Pero entre el 14 y el 15 de octubre, los alemanes pusieron toda la carne en el asador, literalmente. Precedidos de un bombardeo masivo de artillería y aviación, los tanques alemanes se introdujeron finalmente en el complejo industrial, arrasando con sus defensas. Los defensores de la fábrica de tractores nunca se rindieron, y el enemigo, horrorizado, sólo pudo tomar aquel lugar pasando sobre cientos de muertos amontonados por doquier; soldados que habían quedado en los mismos lugares donde habían sido alcanzados por las balas o las bombas. Era un desolado paisaje dominado por el olor a muerte y por el humo.

Unos meses más tarde, el mariscal Von Paulus rendía las fuerzas alemanas sitiadas en Stalingrado. Lejos, muy lejos de Alemania, sin suministros ni alimentos, los alemanes se enfrentaban al invierno ruso y a la perspectiva de morir de hambre o morir a manos del enemigo. El VI ejército alemán se rindió el 29 de enero de 1943, pero los soldados alemanes destacados en la fábrica de tractores arrebatada a los rusos en octubre resistieron aún tres días más en medio de intensos combates antes de rendirse por falta de munición. Alemania perdió Stalingrado para siempre, pero la historia ganó un lugar donde admirar para siempre el valor y el sacrificio de unos hombres que nunca se rindieron.

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27 Sep 09 A vista de pájaro: La presa de Asuán

Río Nilo. Imagen: FlickrEl río Nilo ha recorrido las tierras de Egipto de sur a norte durante millones de años, convirtiendo una estrecha franja del desierto del Sahara en un rico vergel. Gracias a él pudo desarrollarse una de las más ricas civilizaciones de la historia humana, cuyas maravillas aún asombran al prepotente hombre moderno. El secreto del Nilo era su naturaleza salvaje e imprevisible; una naturaleza que podía llevar a Egipto a la abundancia o a la muerte por inanición, y que creó todo un culto religioso alrededor de sus crecidas. El Nilo debía desbordarse anualmente para anegar los campos circundantes, en los cuales crecía el grano que alimentaba al país de los faraones. Cuando la inundación era escasa o demasiado abundante, buena parte de África, Oriente Medio, y llegado el momento, Roma, sufrían las consecuencias en forma de hambrunas, inestabilidad política y guerras.

Y esto fue así durante siglos y siglos. Montones de dinastías faraónicas, los persas, griegos, romanos, bizantinos, árabes, franceses e ingleses conocieron el Egipto de siempre, y exprimieron sus riquezas inagotables, gran parte de las cuales eran otorgadas por el fluir eterno del gran río. A mediados del siglo XX, un nuevo Egipto asomaba a la modernidad tras el paso de sus últimos colonizadores. A la cabeza de ese nuevo Egipto estaba Gamal Abdel Nasser, un líder carismático decidido a unir al depauperado pueblo árabe bajo una misma bandera. Para conseguirlo necesitaba primero modernizar Egipto, equiparándolo en progreso a las potencias europeas que antes fueran metrópolis del país del Nilo.

Nasser es aclamado en El Cairo por sus seguidores tras anunciar la creación de la Compañía del Canal de Suez en 1956. Imagen: Wikimedia Commons.Nasser contaba para ello con dos recursos económicos inagotables: el Canal de Suez y el río Nilo. Para hacer de Egipto un país moderno necesitaba domesticar al Nilo, dejar de depender de sus caprichosas crecidas construyendo una gran presa que almacenara el agua, controlara el caudal del río y generara la necesaria electricidad para hacer funcionar al país. Para conseguirlo, primero necesitaba hacerse con el control del canal, todavía en manos de los ingleses, para financiar aquella obra pública de envergadura colosal. El 26 de julio de 1956 era nacionalizado el Canal de Suez, y pocos meses más tarde Inglaterra, Francia e Israel atacaron a Egipto en la zona del canal y la península del Sinaí, aunque con un resultado desastroso. Fue una guerra breve, pero para todo el mundo quedó claro que el canal no podría ser controlado en contra de la voluntad de Egipto, que los egipcios podían administrar el tráfico por el canal y que la época de los colonialismos en Oriente Medio había finalizado.

Gamal Nasser y Nikita Kruschev visitan las obras de la presa de Asuán.Una vez con el control del canal, Nasser se dispuso a emprender la construcción de la presa de Asuán. Aunque a principios del siglo XX se había edificado una primera presa, ésta se demostró ineficiente para las necesidades del país. La nueva presa sería construida ocho kilómetros río arriba de la primera. Sin embargo, y a pesar de la ayuda económica que suponía el control del Canal de Suez, Egipto necesitaba recurrir a la financiación internacional para esta obra. Los Estados Unidos, que habían ofrecido su ayuda económica en las primeras fases del proyecto, la retiraron a mediados de 1956 (cuando al derrotar a las potencias ocupantes del canal, Egipto demostró ser un país fuerte y decidido). Supongo que les preocupaba la existencia de un país árabe desarrollado y potente. Bien, Estados Unidos iba a tener tiempo de arrepentirse de su decisión, porque la retirada del apoyo económico a Nasser le arrojó de lleno en los brazos de otra potencia que sí estaba dispuesta a ayudar a Egipto: la Unión Soviética.

Templo de Abu Simbel, trasladado de su ubicación original por la UNESCO para impedir que quedara sumergido bajo las aguas del lago Nasser. Imagen: FlickrAsí fue cómo entre 1960 y 1970 se contruyó la presa de Asuán, con dinero, técnicos y diseños rusos. Para impedir la desaparición bajo las aguas del embalse de templos tam importantes como Abu Simbel hubo que trasladarlos piedra a piedra hasta otros emplazamientos, una ingente tarea emprendida por la UNESCO y en la que participaron varios países. Egipto regaló a España el rescatado templo de Debod como agradecimiento por la ayuda prestada en esta labor de rescate cultural. El templo de Debod puede hoy ser admirado en el Parque del Oeste de Madrid. El milenario río Nilo fue finalmente domesticado para servir a los intereses de los hombres, y a pesar de las graves secuelas medioambientales que supuso la construcción de esta presa, hoy riega los campos egipcios mansamente, con sus aguas canalizadas por acequias después de haber movido las grandes turbinas generadoras que producen un buen porcentaje de la electricidad consumida por Egipto. Nasser murió en 1970 convertido en un controvertido personaje, y no pudo ver la mayor de sus obras en pleno funcionamiento. La presa de Assuán no alcanzó su máxima capacidad hasta el año 1976.


Ver mapa más grande

Aquí tienen la presa de Assuán; una obra pública que costó una guerra y que ha cambiado para siempre la historia de un país.

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14 Sep 09 Emperadores de Roma: Claudio (II) – El emperador erudito

La guardia pretoriana encuentra a Claudio escondido detrás una cortina tras el asesinato de Calígula.De repente, y contra todo pronóstico, Roma tenía un nuevo e inesperado emperador. Hasta entonces, el Imperio había tenido que conformarse -con mejores o peores resultados- con un animal político ávido de poder, con un anciano maniaco sin interés alguno por el gobierno y con un joven demente sanguinario. Ahora Roma iba a probar algo nuevo y diferente: el gobierno de un erudito, de un estudioso de la historia que nunca tuvo intención de gobernar. A pesar de su reticencia, Claudio tenía la gran oportunidad de demostrar al mundo que un historiador podía ser mejor gobernante que un político o un militar.

Pero al principio, tras la violenta muerte de Calígula, las cosas estaban bastante revueltas en Roma. Mientras los asesinos del anterior emperador y el Senado clamaban por la restauración de la República, la guardia pretoriana protegía a Claudio, a quien habían proclamado emperador (un nombramiento a todas luces ilegal, pero que contaba con la validez que le daban las espadas de la guardia imperial). Sabiendo el Senado que no podía enfrenarse con las numerosas cohortes de pretorianos acantonadas en los alrededores de la ciudad, no tuvo más remedio que plegarse a este nombramiento y aceptar a Claudio como emperador.

Los temores del Senado sobre la capacidad de Claudio para ejercer el gobierno se disiparían muy pronto. Claudio no era ningún loco, y tampoco estaba ávido de poder. Claudio, de hecho, siempre había profesado ideas republicanas, al igual que su fallecido hermano Germánico. Por desgracia para él, sabía bien que no podía renunciar al cargo, ya que eso podía significar su muerte. Él, que siempre había sido un superviviente ante todas las intrigas que habían rodeado a su familia, ahora consideraba que permanecer como emperador era su mejor opción para conservar la vida. En fin, ya que no tenía más remedio que gobernar, al menos trataría de hacerlo lo mejor posible.

Entre sus primeras decisiones, devolvió la independencia al Senado de Roma, convirtiéndolo de nuevo en una cámara representativa de la ciudadanía, y liberándolo del servilismo en el que había caído durante los gobiernos de Tiberio y Calígula. Derogó la mayor parte de las enloquecidas disposiciones del gobierno de su sobrino y acometió una serie de importantes obras públicas destinadas a asegurar el abastecimiendo de agua y grano a Roma para evitar las cíclicas hambrunas que asolaban a la población. Mandó construir nuevos acueductos y acometer la necesaria reforma del puerto de Ostia para permitir el atraque bajo cualquier clima de los barcos que abastecían de alimentos a la capital imperial. Claudio intentó también devolver la seriedad a la judicatura romana, encargándose incluso de presidir personalmente gran número de juicios.

Después de años de terror político, el pueblo de Roma empezaba a respirar tranquilo. El nuevo emperador no parecía predispuesto al asesinato o a la violencia indiscriminada. Sin embargo, antes de considerarle definitivamente como un líder aceptable, Claudio debía demostrar que, además de un buen administrador, era también un líder militar victorioso. Sus antecesores se habían destacado en guerras civiles, en Hispania, Germania o Panonia, pero ahora las fronteras del Imperio se encontraban bastante pacificadas. Ni siquiera la díscola región de Oriente Medio, gobernada ahora por Herodes Agripa, amigo personal de Claudio, daba muestras de disturbios inminentes. Claudio necesitaba un terreno en el que demostrar sus aptitudes militares, expandiendo de paso el Imperio. Ese terreno sería Britania, la isla septentrional donde incluso Julio César había fracasado en su intento de conquista un siglo antes.

Carataco y su familia son presentados ante Claudio en su triunfo. Grabado según un çoleo de Robert Sminke.Los orgullosos britanos, lejos de consentir el dominio romano, ofrecieron una fuerte resistencia bajo el mando de Carataco, su más carismático líder. El orgullo y la bravura britanas no pudieron, sin embargo, impedir que la implacable maquinaria de guerra romana les pasara por encima, y Carataco terminó exhibido por el foro de Roma en el desfile triunfal de Claudio. Como gesto de indulgencia hacia el enemigo vencido, y rompiendo la tradición romana de ajusticiar a los líderes enemigos al finalizar el desfile triunfal, Claudio perdonó la vida de Carataco y su familia, permitiéndoles vivir en la campiña romana por el resto de sus días. Con este gesto se gano el aprecio del pueblo romano, así como el respeto de los britanos, más dispuestos a aceptar el dominio de un conquistador benevolente.

De esta forma Claudio afianzó su posición en Roma como jefe militar competente, capaz de proteger y ampliar el Imperio. Las incorporaciones de las nuevas provincias en África y Britania y la inestabilidad política en Oriente Medio le permitieron extender las fronteras de Roma más lejos de lo que nunca habían llegado, y eso significaba nuevos ingresos por botín de guerra, por concesiones administrativas sobre las explotaciones mineras y agrícolas en las nuevas tierras y por impuestos de cientos de miles de nuevos súbditos. Una nueva era de prosperidad se abría para Roma bajo el gobierno de Claudio; sin embargo, las intrigas dentro de la casa del emperador iban a marcar el futuro del Imperio. El emperador padecía una debilidad mucho mayor que la que afectaba a su maltrecho cuerpo: su dependencia emocional de sus mujeres, asunto que trataremos en una próxima entrada.

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26 Ago 09 Una oración en la Roca

Una gran cruz de madera finamente decorada era arrastrada por las calles de Jerusalén atada a un caballo. A sus lados, un grupo de soldados  árabes se dedicaba a patearla y escupir sobre ella. De pronto se encontraron con el Sultán, montado sobre su espléndido caballo blanco, y su numeroso séquito, que subían calle arriba, buscando el centro de la ciudad.  Al ver a su señor, los soldados se detuvieron atemorizados, esperando alguna reacción por su parte al ver el atentado sacrílego  que estaban cometiendo contra aquel símbolo cristiano. Los soldados se tranquilizaron cuando éste les sonrió con condescendencia, y siguieron con su irreverente procesión hacia las murallas de la ciudad, por donde pensaban arrojar el crucifijo. El Sultán consideraba que era necesario que sus hombres disfrutaran de algún tipo de compensación tras el cruento asedio de la ciudad, sobre todo después de que les hubiera prohibido terminantemente cualquier acto de pillaje.

La comitiva prosiguió despreocupadamente su camino por el laberinto de estrechas calles empedradas. En casi todas las casas había familias cristianas recogiendo sus pertenencias, y algunos se atrevían ya a salir a las calles cargando con lo poco que habían podido recoger, buscando las puertas de salida de la ciudad. Había soldados árabes y cruzados por todas partes, pero todos ellos respetaban el armisticio pactado entre ambos bandos. Las espadas envainadas y los escudos en el suelo daban paso a las conversaciones entre soldados de uno y otro credo. Aquel día en Jerusalén no habría pánico, ni matanzas.

Durante su breve paseo, el Sultán sentía crecer en él el gozo por la victoria definitiva sobre los infieles y el orgullo infinito de ser el libertador de los Santos Lugares. Por primera vez en muchos siglos, todos los lugares santos del Islam se encontraban bajo el dominio de una sola persona, y esa persona era él mismo: el Sultán de Siria y de Egipto, señor de Alepo y Mosul, de Medina y de La Meca, Salah ad-Din Yusuf, conocido por sus enemigos occidentales como Saladino.

La estrechez de la calle dio paso al gran espacio abierto de la Explanada de las Mezquitas, y por fin pudo divisar la gran mezquita Al-Aqsa y la majestuosa Cúpula de la Roca. Tan sólo unas horas antes, la misma cruz que había visto en la calle ultrajada por sus hombres se erguía sobre la cúpula dorada de la mezquita de la Roca, pero ahora el edificio estaba rodeado de soldados y mullahs. Al llegar el Sultán Saladino, todos estallaron en gritos, aclamando a su victorioso señor. Saladino recorrió la explanada con la vista y pudo contemplar Jerusalén desde la altura. Aparte de algún que otro incendio, consecuencia de la reciente batalla, la ciudad parecía tranquila ante la histórica transición que estaba viviendo. A lo lejos, una larga columna de cristianos abandonaba lentamente la ciudad por el valle de Josafat. Aunque Saladino había garantizado la seguridad de los habitantes de Jerusalén, casi ningún cristiano quería vivir en la ciudad bajo un gobierno musulmán.

El sol se ponía lentamente sobre el camino que llevaba a los refugiados a la costa. Pronto se les haría de noche en medio de unos campos donde acechaban toda clase de peligros. Al llegar al ocaso del día, Saladino, su escolta y el resto de la multitud que permanecía en la explanada se introdujeron en el interior de la Cúpula. Alá había querido que aquel día memorable fuese viernes, y  llegaba la hora de la oración. En ese momento pudo oirse un canto como no se había oído en aquel sitio durante más de ochenta años…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Como buen musulmán, oculto su rostro entre las manos, Saladino se dispuso a dar gracias a Alá por su buena estrella; pero mientras lo hacía no pudo reprimir una sonrisa de triunfo en el único momento en que estuvo seguro de que nadie le observaba. Pocos hombres podían experimentar la inenarrable sensación de entrar en la Historia como él lo estaba haciendo en aquellos momentos. Durante los siguientes mil años, generaciones de musulmanes recordarían aquel día con celebraciones y fiestas: el día en que el Sultán Salah ad-Din recuperó la ciudad de Jerusalén para los creyentes, un viernes 2 de octubre del año 1187, 27 del mes de Rajab del año 583 de la Hégira.

Imagen: Noam Garmiza en Flickr.

Sonido: Youtube.

Documentales de Canal Historia sobre las cruzadas (cuatro partes). En total, tres horas y pico de disfrute, para el que se atreva.


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14 Ago 09 Efemérides: La rendición del Japón

Lo inconcebible, lo nunca visto, estaba sucediendo ante las miradas atónitas de millones de japoneses.

Durante cuatro largos años el pueblo y el ejército del Japón habían soportado una cruel guerra en las aguas del Pacífico contra los Estados Unidos, al tiempo que luchaban en las junglas del sudeste asiático contra los ingleses y sus aliados, y desde muchos años antes sostenían una guerra de ocupación en Corea y otra en China contra los nacionalistas de Chian Kai-shek y los comunistas de Mao Tse-tung. Pocos meses después de comenzar la guerra contra los Estados Unidos, el viento comenzó a soplar en contra del Japón, y aunque defendieron con encarnizamiento cada una de sus posiciones, la sagrada tierra del sol naciente muy pronto comenzaría a La ciudad de Osaka tras el bombardeo aéreo de 1945.padecer la escasez de materias primas, el desabastecimiento de sus mercados, y lo que era mucho peor, la impresionante lluvia de fuego que los miles de bombarderos norteamericanos dejarían caer sobre las ciudades niponas.

Tras la pérdida de Iwo Jima, las aeronaves estadounidenses alcanzaban casi impunemente las costas japonesas, sucediéndose una tras otra las carnicerías contra la población civil. Tokio, Osaka, Kobe, Nagoya… todas ellas fueron arrasadas por las bombas incendiarias del enemigo, pero lo peor estaba por llegar

El 6 de agosto de 1945 una bomba atómica hacía explosión sobre la vertical de la ciudad de Hiroshima, destruyendo la ciudad en un instante y provocando decenas de miles de muertos. Ahora los Estados Unidos estaban en posesión del arma definitiva; un arma que no iba a cambiar el destino de una guerra que Japón ya tenía perdida, pero que significaba que el Emperador y sus ministros tendrían que sopesar la posibilidad real del exterminio de su país por parte de sus enemigos. Tres días más tarde, mientras el gobierno japonés aún se pensaba su respuesta ante la exigencia de una rendición incondicional, un segundo artefacto nuclear destruía la ciudad portuaria de Nagasaki. En los laboratorios de Los Álamos se trabajaba febrilmente para construir nuevas bombas, y esperaban tener al menos cuatro bombas más listas para septiembre. No hicieron falta. El gobierno japonés, con su sagrado emperador a la cabeza, rendía el país el 14 de agosto de 1945 a las fuerzas aliadas. La Segunda Guerra Mundial había terminado.

Al día siguiente, un pueblo desesperado escuchaba por primera vez la voz de su emperador que les hablaba, y su mensaje no podía ser más trágico. Muchas personas se quitaron la vida, incapaces de soportar la indignidad sufrida por su patria y por el que durante generaciones había sido considerado un dios viviente. El emperador Hiro Hito, sin embargo, no se quitó la vida, sino que consiguió de los vencedores -por puro Firma del documento de rendición de Japón a bordo del acorazado USS Missouri.interés en mantener apaciguado al pueblo japonés- su permanencia en el trono como una figura inviolable. Mientras sus generales fueron juzgados y condenados por crímenes de guerra, el emperador dedicó a partir de entonces sus días al estudio de los animales marinos y a las relaciones públicas. El mundo había perdido un dios y había ganado un biólogo.

El 2 de septiembre de 1945, sobre la cubierta del crucero USS Missouri atracado en la bahía de Tokio, las autoridades japonesas firmaban oficialmente la rendición del país ante las miradas de toda la tripulación del buque agolpada en cubierta.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Hiro Hito, fotografiado mientras graba el discurso de rendición del Japón.Yo, el Emperador, después de reflexionar profundamente sobre la situación mundial y el estado actual del Imperio Japonés, he decidido adoptar como solución a la presente situación el recurso a una medida extraordinaria. Con la intención de comunicároslo me dirijo a vosotros, mis buenos y leales súbditos.

He ordenado al Gobierno del Imperio que comunique a los países de EEUU., Gran Bretaña, China y Rusia la aceptación de su Declaración Conjunta.

Ahora bien, conseguir la paz y el bienestar de los súbditos japoneses y disfrutar de la mutua prosperidad y felicidad con todas las naciones ha sido la solemne obligación que me legaron, como modelo a seguir, los antepasados imperiales y de la cual no he pretendido apartarme, llevándola siempre presente en mi corazón.

Por consiguiente, aunque en un principio se declarase la guerra a los dos países de EE.UU. y Gran Bretaña, la verdadera razón fue el sincero deseo de asegurar la autoconservación del Imperio y la seguridad de Asia Oriental, no siendo en ningún caso mi intención, el interferir en la soberanía de otras naciones ni la invasión expansiva de otros territorios.

Sin embargo, la guerra tiene ya cuatro años de duración. Y a pesar de que los generales y soldados del ejército de tierra y marina han luchado en cada lugar valientemente, los funcionarios han trabajado en sus puestos realizando todos los esfuerzos posibles y todos los habitantes han servido con devota dedicación, poniendo cuanto estaba en sus manos; la trayectoria de la guerra no ha evolucionado necesariamente en beneficio de Japón y la situación internacional tampoco nos ha sido ventajosa. Además, el enemigo ha lanzado una nueva y cruel bomba, que ha matado a muchos ciudadanos inocentes y cuya capacidad de perjuicio es realmente incalculable.

Por eso, si continuamos esta situación la guerra al final no sólo supondrá la aniquilación de la nación japonesa sino también, la destrucción total de la propia civilización humana. Y si esto fuese así, cómo podría proteger a mis súbditos, mis hijos, y cómo podría solicitar el perdón ante los sagrados espíritus de mis antepasados imperiales. Esta es la razón por la que he hecho al gobierno del Imperio aceptar la Declaración Conjunta de las Potencias.

Me siento obligado a expresar mi más profundo sentimiento de pesar con las naciones aliadas que han colaborado permanentemente junto con el Imperio Japonés para la emancipación de Asia Oriental. Asimismo, pensar en aquellos de mis súbditos que han muerto en el campo de batalla, así como en aquellos que dieron su vida ocupando sus puestos de trabajo, cumpliendo con su deber, o aquellos que fueron víctimas de una muerte desafortunada y en sus familias destrozadas es un sufrimiento presente en mi corazón noche y día. Del mismo modo, el bienestar de los heridos y de las víctimas de la guerra, de aquellos que han perdido sus hogares y sus medios de vida constituye el objeto de mi más honda preocupación.

Soy consciente de que los sacrificios y sufrimientos que tendrá que soportar el Imperio a partir de ahora son, sin duda, de una magnitud indescriptible. Y comprendo bien el sentimiento de mortificación de todos vosotros, mis súbditos. Sin embargo, en consonancia con los dictados del tiempo y el destino quiero, aún soportando lo insoportable y padeciendo lo insufrible, abrir un camino hacia la paz duradera para todas las generaciones futuras.

Confirmo vuestra lealtad al defender la estructura del Imperio y me siento unido a vosotros, mis buenos y leales súbditos. Por eso, os exijo que evitéis cualquier explosión de emociones que pueda desencadenar complicaciones innecesarias, o enfrentamientos que pudieran desuniros, causando desorden y conduciéndoos por un camino equivocado que haría al mundo perder la confianza en vosotros.

Continuad adelante como una sola familia, de generación en generación, confiando firmemente en la inmortalidad del Japón divino, conscientes del peso de las responsabilidades y del largo camino que os queda por delante. Dedicad todos vuestros esfuerzos para la construcción del futuro. Manteneos fieles a una firme moral, seguros de vuestro propósito, y trabajad duro aprovechando al máximo vuestras virtudes sin retrasaros de la línea de progreso del mundo.

Poned en práctica, según lo he dicho, mi voluntad.

14 de Agosto del año 20 de la era Showa (1945)

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08 Ago 09 Emperadores de Roma: Claudio (I) – El tullido tras la cortina

Robert Graves, autor de la novela histórica Yo, Claudio.Claudio es uno de los emperadores sobre los que existe más literatura. Es un emperador que, de la mano de Robert Graves, y su fabulosa novela Yo, Claudio,  se hace querer por el aficionado a la historia. Este emperador representó para Roma un descanso después de años de dejadez, desgobierno y locuras imperiales, pero para mí significa además la victoria de la inteligencia sobre los prejuicios, del gobierno sobre la ambición y del hombre sobre el poder absoluto.

Claudio nació en el año 10 a.C., cuando el poder de Octavio Augusto era ya incontestable y Roma conocía por fin la paz después de un siglo de guerras civiles. Nuestro futuro emperador era hijo de Druso y de Antonia, nieto por lo tanto de Livia y Tiberio Claudio Nerón por parte de padre y de Marco Antonio y Octavia por parte de madre. Sobrino y tío de emperadores, podría haber sido un destacado miembro de la familia imperial, además de un firme aspirante al poder (lo que a buen seguro hubiera hecho que su vida fuese mucho más corta de lo que fue, habida cuenta de la despiadada lucha por el trono en el seno de la familia), pero Claudio nació con unas taras físicas tan importantes que no podían ser ignoradas: cojo, tartamudo, medio inválido y aquejado por múltiples tics, Claudio era considerado desde pequeño por los suyos como un monstruo, un engendro indigno de su augusta familia que debió haber sido abandonado en el bosque. Debido a estos defectos físicos, todos pensaban además que Claudio era un idiota, un retrasado mental que, por descontado, estaba al margen de la vida familiar y pública.

El actor Derek Jacobi interpreta a claudio en la miniserie Yo, Claudio, basada en la novela de Robert Graves.

Así que Claudio tuvo que conformarse con ser criado por sus niñeras y los esclavos de la casa, con no ser invitado nunca a participar en las comidas familiares y con mantenerse apartado del camino. Asumiendo su condición de subnormal tullido, Claudio se dedicó entonces a estudiar, aprendiendo la lengua de los antiguos etruscos y la historia de Roma y Cartago. Claudio se convirtió en un historiador bastante competente. De hecho, sus trabajos sobre la última guerra civil entre Augusto y su abuelo Marco Antonio le granjearon la desconfianza del entonces emperador Octavio Augusto.

Sin embargo, Claudio estaba muy lejos de ser un idiota. Apartado como estaba de la lucha por el poder asistió a la muerte de la mayoría de los candidatos a ocuparlo. Lucio, Cayo, Póstumo, su padre Claudio Druso, su propio hermano Germánico… También sobrevivió a las purgas de Sejano en tiempos de Tiberio, entre otras cosas porque consintió en casarse con una hermana de Sejano, Elia. Elia fue su segunda esposa, después de que Claudio se divorciara de la primera, Urgulanilla, acusando a ésta de adulterio.  En el año 31, mientras en el Senado pintaban bastos para Sejano, Claudio aprovechaba para divorciarse de Elia. Con eso no sólo se libraba de una esposa probablemente impuesta por el hombre fuerte de Tiberio, sino que también se desligaba de las previsibles consecuencias que la caída de Sejano acarrearía para sus partidarios.

Pero la prueba de fuego para las habilidades de supervivencia del pobre Claudio aún estaba por llegar. En el año 37 moría el emperador Tiberio, tío de Claudio. Como herederos del Imperio sólo quedaban vivos su sobrino Calígula y Tiberio Gemelo, nieto del fallecido emperador. En el testamento de Tiberio se encomendó el trono a ambos, obviando a un Claudio que por edad (47 años en aquellos momentos) y por conocimientos estaba mucho mejor preparado que ellos para gobernar. Inconvenientes (o ventajas) de ser el tonto de la familia. Como ya conté en la anterior entrada de esta serie, Calígula despachó muy pronto a su coemperador y dio comienzo a los cuatro años más enloquecidos del gobierno imperial. Calígula puso a Roma patas arriba, robando y asesinando a cuantos tenían el menor viso de representar un peligro para el emperador. También fueron asesinados muchos ciudadanos adinerados para expropiarles sus bienes.

Busto en bronce de Claudio, British Museum.Claudio fue nombrado cónsul por Calígula, si bien el joven emperador nunca respetó a su tío y siempre le tomó por un imbécil. Claudio se cuidó muy bien durante aquellos años de no acumular demasiadas riquezas y de seguirle la corriente al demente de su sobrino para evitar ser asesinado por orden de éste, pero al final, cuando Calígula fue asesinado, la consigna de muerte para la familia imperial parecía que por fin iba a terminar con su suerte. Tras el asesinato de Calígula, Claudio se escondió de los asesinos y de los guardias germanos de su sobrino, que estaban asesinando a todo aquél que les pareciera sospechoso de haber atentado contra la vida del emperador. Agazapado tras una cortina, esperaba la muerte a manos de cualquiera de los guardias armados que recorrían el palacio cuando fue encontrado por la guardia pretoriana.

Sabedores de que una república se desharía rápidamente de los guardias encargados de la seguridad del emperador, la guardia pretoriana le proclamó emperador allí mismo. Claudio era el último superviviente varón de la familia Claudia, y para asegurar su supervivencia prometió a los guardias pagarles una elevada suma cuando asumiera el control del Iimperio. Fue un mal precedente, porque en años posteriores los aspirantes al trono deberían satisfacer sumas cada vez mayores al ejército por su apoyo, pero a Claudio le sirvió para salir del paso en aquel momento. El tonto de la familia Claudia ahora sería el gobernante del Imperio Romano.

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26 Jul 09 Asterix Gladiador – Comparativa histórica (I)

Como bien dice el artículo de Wikipedia, los cómics de Asterix tienen elementos de sobra para divertir a todos los públicos. Para los niños presenta una trama entretenida donde los héroes (galos) siempre derrotan a los malos (romanos). Para los mayores incorpora giros del lenguaje y juegos de palabras, dejando caer pinceladas de sarcasmo y humor satírico a lo largo de todo el cómic. Para los aficionados a la historia resulta una delicia comprobar la exactitud de sus dibujos respecto a la época en la que se desarrolla la trama. Por supuesto, Uderzo y Goscinny se permiten ciertas licencias y anacronismos que no dejan también de ser divertidos.

Asterix Gladiador fue publicada en 1964 (hace ya la friolera de 45 años), y cuenta los avatares de la más famosa pareja de galos en la Roma del año 50 a.C. En la historia real, el 50 a.C. es un año muy conflictivo para la república: Julio César, conquistador de la Galia y comandante de los mejores ejércitos de Roma, se enfrenta a una facción del senado que pretende juzgarle por supuestos crímenes cometidos durante su anterior consulado. Para impedirlo, César cruzará con sus tropas el río Rubicón, dando comienzo a la Segunda Guerra Civil de la República. Algunos de estos hechos son citados en otros cómics de la serie, pero no en éste.

PortadaCasco de gladiador tracioDesde la misma portada, el dibujante nos ofrece una recreación realista de un gladiador tracio y un reciario. El tracio lucha con la espada y el escudo, mientras el retiario lo hace con el tridente y la red. Los gladiadores eran por lo general esclavos obligados a luchar, aunque la gran afición de los romanos por estas luchas acarreaba también una gran fama para los vencedores. Muchos hombres libres optaron por luchar voluntariamente en las arenas del circo a pesar del evidente peligro de tal oficio en busca de esa fama y de la gran cantidad de dinero que un gladiador exitoso podía ganar.

Galera feniciaRecreación de una galera fenicia.Aunque se puede viajar desde la Galia hasta Roma por tierra (no iban a faltar buenas calzadas para hacerlo), Asterix y Obelix casi siempre prefieren viajar en barco. En esta ocasión son recogidos por una galera fenicia que transporta mercancías al puerto de Ostia. Como puede verse en las imágenes, la exactitud de la galera fenicia respecto a las recreaciones históricas es mucho más de lo que se le puede pedir a un tebeo. Más o menos lo mismo puede decirse de las embarcaciones romanas, que también son reproducidas con mucho detalle. A continuación, la liburnia romana que aparece en el cómic y un modelo de una verdadera liburna romana:

Los piratas son unos personajes que entran dentro del terreno de los anacronismos. No se duda de que las aguas mediterráneas e incluso atlánticas estuvieran plagadas de piratas, aunque es casi seguro que no navegaban en drakkars vikingos del siglo X…

El barco de los piratas aborda a la galera fenicia.Recreación de un drakkar vikingo.Para finalizar por hoy, quiero destacar el realismo de los asustadizos legionarios romanos en Asterix. La impedimenta y las armas responden fielmente al auténtico legionario romano del siglo I a.C.:

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22 Jul 09 Emperadores de Roma: Calígula

Al igual que pasa con Tiberio (con el cual reconozco haber sido un poco duro en anteriores entradas, échenle la culpa a Robert Graves), las fuentes clásicas coinciden en señalar que Calígula fue un mal emperador, aunque con matices.

Busto del emperador CalígulaCalígula provenía de la mejor estirpe que podía esperarse: hijo de Germánico y Agripina, nieto de Antonia, Druso, Agripa y Julia; y biznieto de Augusto, de Octavia, de Marco Antonio, de Livia, de Tiberio Claudio Nerón y de Escribonia. Calígula era el último superviviente de la saga de los Julios, excepción hecha de su lamentable tío Claudio, con el que nadie contaba. Calígula había sido desde pequeño el ojito derecho de las legiones de su padre, el talismán del ejército en las frías tierras de Germania. Su padre le vestía con un uniforme militar a su medida, y los legionarios le apodaron “botita” (Calígula), por las pequeñas botas militares que calzaba. Tuvo una infancia complicada, entre campamentos, guerras y rebeliones, y cuando volvió a Roma lo hizo junto con las cenizas de su padre, supuestamente asesinado por orden del mismo emperador en lo que se convirtió en el mayor escándalo de la época.

Los Julio-Claudios conformaban una peculiar familia cuya feroz ambición había devorado a sus propios hijos, como si de una alegoría del dios Saturno se tratara. Sólo la suerte o la pericia a la hora de alejarse de los puñales, el veneno y las islas desiertas pusieron a Calígula en el camino del trono imperial. Cuando Tiberio daba sus últimas boqueadas en Miseno durante la primavera del año 37, Calígula estaba allí junto al prefecto del pretorio Macro. Se dice que entre ambos finiquitaron al viejo emperador mientras se recuperaba de una indigestión de comida, vino y sexo, aunque como he dicho al principio, las fuentes parecen haberse comportado un tanto injustamente con Tiberio, así que mejor que cojamos este dato con prudencia. Calígula fue rápidamente proclamado emperador con la ayuda inestimable de los pretorianos, aunque realmente, no había nadie más donde escoger para el puesto vacante. El Senado, que había sufrido años de depuraciones y asesinatos bajo el gobierno de Tiberio y su valido Sejano, no estaba para oponerse a nada de lo que dijeran los guardias imperiales, así que validaron la sucesión. Además, el pueblo estaba encantado de que un hijo del añorado Germánico llegara al trono.

El actor Malcom McDowell interpreta a Calígula en la película del mismo nombre dirigida por tinto BrassAl leer el testamento resultó que Tiberio había dejado el trono conjuntamente a su sobrino-nieto Calícula y a su nieto Tiberio Gemelo, hijo del malogrado Cástor. No cabía duda: el viejo estaba loco, y así se lo hizo saber al Senado (con la persuasiva ayuda de sus pretorianos, claro), denunciando el testamento y declarando nula la sucesión de Tiberio Gemelo. De todas formas, como Calígula no estaba dispuesto a compartir el trono, unos meses más tarde le mandó asesinar, despejando el camino de posibles obstáculos.

Calígula se encontró el tesoro público romano lleno, porque Tiberio había sido un emperador bastante tacaño. Esta acumulación de oro en las arcas del Estado estaba teniendo un efecto perjudicial sobre la economía, así que en los meses siguientes dilapido las reservas económicas del Imperio poniendo en circulación millones de sestercios con los que se pretendía reactivar la economía. Supongo que Calígula nunca oyó hablar de la deflación, pero al parecer, todo aquel dinero sacó al Imperio de una crisis económica en el año 37 para meterlo en otra aún peor en el 39. Todo eso en la sociedad de la populosa Roma iba a importar poco, porque el emperador iba a darles motivos sobrados de preocupación por sí mismo. Tras una enfermedad padecida en otoño del mismo año 37 en que ascendió al trono, Calígula se transformó en una persona totalmente distinta. Si hacemos caso de las fuentes clásicas, Calígula se volvió loco de remate.

John Hurt interpreta a Calígula en la serie de televisión "Yo, Claudio"Llevados por la pasión, algunos ciudadanos destacados habían ofrecido a los dioses sus propias vidas si estos intercedían en la curación del emperador. Lo que no esperaban era que una vez curado, el mismo emperador les exigiera cumplir con el pago prometido a los dioses. De este modo envió a la muerte a aquellos que habían hecho tan atrevidas promesas; no era cosa de ofender a los dioses con promesas incumplidas…

Lo malo de ser un emperador maldito es que nadie verá con buenos ojos tus obras, aunque estas obras fueran intrínsecamente buenas. Durante su reinado Calígula ordenó los gastos del Estado, redujo los impuestos, democratizó un poco la vida pública y fomentó las obras sociales. Nada de esto le valía a un Senado acostumbrado a gobernar por su cuenta durante los años en que el anterior emperador había estado retirado en Capri. Calígula tendría en ellos a sus mayores rivales, y la pendencia iba a saldarse con sangre.

La crisis del 39 pilló al Estado ya sin dinero en las arcas, por lo que Calígula empezó a buscar nuevas e imaginativas fórmulas de financiación. Suetonio cuenta que viajó a la Galia a recaudar dinero, subastando los bienes de la antigua corte de Tiberio y Augusto. Para ello confiscó todos los carros, mulas y caballos que pudo encontrar con el fin de transportar muebles, alhajas y esclavos, y ello provocó el desabastecimiento de la ciudad por falta de medios de transporte. Su proyecto de unir los dos extremos de la bahía entre Baiae y Puteoli mediante un puente de barcos al parecer dejó a Roma sin capacidad para transportar el grano egipcio hasta sus silos, provocando también una hambruna considerable.

Además del agotamiento de las ideas y de la mala situación económica, Calígula empezó a ver por todas partes conspiraciones reales o imaginarias a consecuencia de las cuales ejecutó a un buen número de altos funcionarios del Imperio. En algunos casos, y siempre según unas fuentes clásicas de dudosa imparcialidad, asesinó a muchos hombres adinerados con el fin de confiscarles sus riquezas. Esto no hacía sino incrementar la cuenta de sus enemigos y multiplicar la inquietud de aquellos que tenían las riendas del poder por debajo de la persona del emperador.

Una de sus víctimas fue el rey de Mauritania Ptolomeo, hijo de Cleopatre Selene, quien a su vez era hija de Cleopatra VI de Egipto y de Marco Antonio, bisabuelo del emperador romano. Calígula le mandó asesinar en una de sus visitas a Roma y se anexionó el reino de Mauritania como dos provincias. Se puede considerar que ésta fue la única expansión territorial que tuvo el Imperio durante su reinado, porque la campaña en Britania no llegó a materializarse.

 Sobre Calígula se cuentan todo tipo de terroríficas historias acerca de crueldades, violaciones, orgías y asesinatos. Puede que todas estas historias fuesen ciertas, o puede que no tanto. Lo que sí es cierto es que estas historias generaron un mito alrededor de la crueldad de Calígula que perdura hoy en día en novelas, películas y series de televisión. Parece cierto que Calígula llegó a creerse un dios viviente, llevando al extremo el culto religioso a la figura del emperador. Entre sus actos más extravagantes se encuentran la instalación de un burdel en el palacio imperial, el nombramiento de su caballo Incitato como cónsul de Roma o su pretensión de colocar una estatua suya en pleno templo de Jerusalen, dando origen a una rebelión de los judíos que a punto estuvo de saldarse con una guerra en Judea.

Cripta donde, según las fuentes clásicas, fue asesinado el emperador CalígulaEn el año 41, un veterano soldado de las campañas de Augusto en Germania y comandante de la Guardia Pretoriana llamado Casio Querea se hartó definitivamente de la locura del emperador y de sus imprevisibles actos. Junto a otros conspiradores esperaron la oportunidad de abordar a Calígula en un descuido, y esa oportunidad se les presentó el 24 de enero del año 41 mientras el emperador presenciaba unos juegos. Los conspiradores, apoyados por una facción senatorial proclive a la restauración de la República, acabaron con la vida de Calígula, y posteriormente asesinaron también a su esposa Cesonia y a la hija pequeña de ambos, Julia Drusilla.

De nuevo, un insignificante Claudio consiguió eludir la matanza. La Guardia Pretoriana le encontró antes que los asesinos, escondido y aterrorizado. Previendo que la República prescindiría de la guardia imperial proclamaron a Claudio emperador de Roma, pero eso es ya otra historia…

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