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13 Dic 09 El franquismo en la cultura popular andaluza: Los caciques

El cacique es como un pequeño virrey que hace su santa voluntad en el latifundio. Ha sido un fiel representante del colonialismo centrista y de sus consecuencias, como la emigración. Uno de los principales culpables de la emigración es “el señorito”, que hasta ha carecido del sentido de la explotación de sus propias tierras. Donde ha puesto la mano el cacique ha nacido paro y emigración, porque en el fondo no ha querido más que tener un coto de caza en Andalucía.

Carlos Cano (Biografía por Fernando González Lucini)

Viñeta de ForgesLa España caciquil echa sus raices en los años de la Restauración Borbónica, convirtiéndose durante el último cuarto del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX en un eficiente mecanismo para anular la voluntad popular y erigir a los gobiernos liberales o conservadores que se alternaron en el poder durante varias décadas. La dictadura de Primo de Rivera dio al traste con la alternancia de la Restauración, descabezando la organización caciquil, pero sin hacer desaparecer a los caciques, que siguieron imponiendo su influencia sobre las poblaciones rurales. Al finalizar la dictadura de Primo de Rivera fue en gran medida la falta de esta organización, que salvaguardaba los esquemas de la Restauración, lo que provocó el advenimiento de la Segunda República. Los caciques rurales, alarmados por la intención de los gobiernos republicanos de efectuar la tan necesaria reforma agraria, alentaron, respaldaron y financiaron el golpe de estado de julio de 1936. Terminada la guerra empezaba para las pocas familias terratenientes de Andalucía una época dorada donde ellos ejercían un poder efectivo sobre el mundo rural. Ellos ponían y quitaban alcaldes, mandos de la guardia civil e incluso párrocos. Ellos elegían diaria y personalmente qué jornaleros podrían trabajar y cuáles no. El más mínimo gesto de protesta, la más mínima muestra muestra de insumisión al cacique, podía significar el hambre para toda una familia. Aunque en las ciudades no fue un fenómeno demasiado evidente o relevante, la figura del cacique fue decisiva en el entorno rural durante los años del franquismo, y así lo relata Francisco Moreno Galván en esta guajira que José Menese incluyó en su disco de 1976 La Palabra.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Esta familia honorable
de mi pueblo, donde dicen
que a mil ochocientos quince
se remonta su linaje.
Con un mediano pelaje,
pero llevaban prendío
un largo y sonao apellío,
dones, doñas y excelencias
y que traían con paciencia
a su pueblo protegío.
Ellos no malgastarían
el lujos ni en vanidad,
sus obras de caridad
que jamás olvidarían
eran dar los buenos días
cuando pasaba algún pobre
y algunos consejos nobles
que por caridad le daban
para que nunca olvidaran
quién le hacía estos favores.
Llevaban tierra de campo
en leguas, de un lao pa otro,
y por si esto fuera poco
regateaban a diario
el denigrante salario
que ganábamos, dejando
detrás de la yunta, arando,
o con la hoz en la siega,
sangre y sudor con la briega
gotita a gota en el campo.
Sabemos que algunos váis
los caminos desviando
-nos decían medio rezando-.
Hijos, por qué os apartáis
si otro camino no hay
que el único y verdadero,
ese que nos lleva al cielo,
rechazando tentaciones
que las ideas y ambiciones
son peligroso veneno.
En este pueblo han sembrao
“que cualquiera pué aprender”
y deberíais saber
que el leer pué ser pecao;
con que andarse con cuidao
y elegir bien la compaña
que con tanta idea extraña
están vustros sesos minando;
¡El diablo os va guiando,
que anda suelto por España!
Años de hambre venían,
si uno malo, otro peor,
y no cuajaba una flor
por lluvias o por sequías,
y la familia dio un día
con el remedio al rezarle
de la mañana a la tarde
y en la comunión diaria
plegarias y más plegarias
por los que morían de jambre.
Y se fueron agotando
estas quebrantadas vidas
que llevaban compartidas
de novena a balneario,
de la baraja al rosario,
hasta que fueron muriendo
y poco a poco iban yendo
al cielo que bien ganaron
y su casa la heredaron
las monjas de un beaterio.

Francisco Moreno Galván/José Menese

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19 Nov 09 Apología del fascismo en el diario ABC de Sevilla

Resulta de lo más desconcertante, en pleno siglo XXI que vivimos, que un diario amanezca esta mañana con unas necrológicas como las que nos mostraba el diario ABC de Sevilla:

Yo puedo entender que las necrológicas son anuncios pagados, pero la apología del fascismo que muestran estas esquelas (las de José antonio, desde luego, son impagables) hace responsable también a la redacción del periódico de estos hechos. Lamentablemente, la derecha española aún no ha sido capaz, treinta  y cuatro años después de la muerte del dictador, de desligarse de su estrecha relación con el fascismo que oprimió a España durante décadas, y sus medios de comunicación afines son una buena muestra de ello. ¿Imaginan a alguien en Alemania tratando de publicar una esquela de Adolfo Hitler en un periódico? Pues eso.

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01 Nov 09 La nana más triste del mundo

Nada recuerda hoy en los muros de la antigua prisión madrileña de Torrijos que allí permanecieron encarcelados casi tres mil presos de la dictadura franquista. Nada, excepto una placa conmemorativa que recuerda a un poeta, y a un poema.

En septiembre de 1939, perdida la guerra, los supervivientes leales a la República que no habían querido o podido huir de España iniciaban un largo periplo de vejaciones y abusos por las prisiones del fascismo; eso cuando no terminaban sus días fusilados frente a la tapia de un cementerio. En aquel aciago verano de brazos alzados y caras al Sol, lejos ya cualquier esperanza, las familias de los represaliados se enfrentaban al fantasma del hambre y de la marginación en un país destruido por la guerra donde ya no eran bienvenidos. Dentro de las prisiones, los reclusos debían soportar la doble condena de la falta de libertad y de ver a sus familias languidecer en la miseria.

Uno de aquellos reclusos era el poeta Miguel Hernández. Miguel pensó en un primer momento que, no habiendo cometido él ningún delito, no tenía nada que temer, y que podría regresar a su pueblo y vivir allí con su esposa Josefina y su hijo recién nacido. Nada más lejos de la realidad: los vencedores esperaban con ansia abalanzarse sobre los restos del enemigo vencido, y tomar cumplida venganza de todas las afrentas reales o supuestas de tres años de conflicto. Cuando quiso darse cuenta de esta cruel realidad, Miguel ya no pudo huir. El que fuera poeta del pueblo, ahora pasaba los días encerrado y atormentado por el futuro que le esperaba a su familia. Las noticias no podían ser más agoreras, porque su mujer acababa de escribirle una carta donde le contaba que sólo tenía para comer pan y cebolla. Él, encarcelado sin juicio ni sentencia, escribió este poema a su hijo pequeño Manuel Miguel, junto con unas breves letras para su esposa:

Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando estas coplillas que he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

Este poema, de tristeza incomparable, fue musicado por Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat, convirtiéndose en una bellísima canción.

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09 Ago 09 Miserias

Debatíamos hace unos días en familia, delante de una mesa bien surtida de alimentos, sobre la miseria que se pasó en la España de los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Aquellos fueron los años en los que nacieron mis padres (y casi todos los padres de los que ahora somos cuarentones). Aunque por suerte ninguno de mis padres pasó hambre durante aquellos años, no terminábamos de ponernos de acuerdo en si eso significaba que no hubieran padecido la miseria de aquellos años. Mi madre aseguraba que no, que ella no había sufrido la miseria, aunque reconocía que muchas familias de su entorno sí pasaron verdadera hambre en aquellos años. Mi padre, por el contrario, argumentaba que aunque él no había padecido hambre, sí consideraba que le había tocado sufrir la miseria de esa época, por cuanto la sintió a su alrededor, en otros niños mal alimentados o con enfermedades que eran mortales a causa de la carencia de medios para curarlas.

Yo suelo escuchar estas historias de mis mayores con gran encogimiento testicular. Los españoles que actualmente pasamos rozando la cuarentena no llegamos a vivir aquellos difíciles años, y mal podemos imaginarnos vivir sin las comodidades de la vida moderna. El estado de postración económica en el que se vio sumida España durante las décadas de los cuarenta y cincuenta fue de por sí un crimen de lesa humanidad provocado por unas autoridades inmovilistas, obcecadas con un concepto medieval de la moralidad y la política que poco podía importar a un pueblo más preocupado por asegurarse el sustento diario. Lejos de las cárceles y las represalias, la posguerra consistió en el genocidio de miles de españoles condenados al hambre, a la miseria y a la emigración. Cuando he escuchado historias de aquellos años, éstas siempre coinciden en lo mismo: necesidad, escasez, enfermedad, desabastecimiento, racionamiento, estraperlo, hambre… sin embargo, casi todas cuentan que peor que el hambre y la miseria era la falta de futuro; la sensación de que no había lugar para la innovación y el progreso en aquella España profunda, doblegada del franquismo.

El debate, como siempre, se tornó un poco encendido (es lo que se espera de un debate para que no se convierta en un coñazo) ante la negativa de mi madre a reconocer que la miseria ajena convierte nuestras vidas en miserables. Ella afirmaba que en su casa nunca le faltó de nada y que, por lo tanto, no tenía motivos para considerar que hubiera padecido la miseria. Tanto mi padre como yo coincidíamos en señalar que la miseria padecida por los demás nos afecta de lleno, porque la simple contemplación de la miseria humana es insufrible para una persona con un mínimo de moralidad. Tras un intercambio de fusilería dialéctica entre los platos de pisto y las tajadas de melón, la cosa quedó en tablas y cada bando se replegó a sus posiciones de partida, dejando el combate verbal en empate técnico.

Pero la discusión inacabada me dejó un regusto amargo. ¿Hasta qué punto nos afecta la miseria de los demás? ¿Sólo nos hace miserables la miseria de nuestros vecinos, o podemos sentirnos miserables también al contemplar la miseria padecida por gentes de países lejanos?

Nota: La imagen procede de la página brasileña Porvir, y es la primera que Google ofrece al referir el término “miseria“.

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17 Jun 09 ¡Esto es un sindiós! (XXV): El nuevo muro de la vergüenza de Badajoz

El ser humano siempre busca formas de superarse a sí mismo. De ahí los records mundiales, el Libro Guiness, y también las competiciones de iniquidad política. En esta ocasión ha sido Badajoz la ciudad que suma un nuevo agravio a los agraviados, que se permite pisotear la memoria de los muertos y represaliados durante la Guerra Civil añadiendo un nuevo muro de la vergüenza a la tapia del cementerio de San Juan.

Obras del nuevo muro del cementerio de San Juan. Foto: Público.En esta tapia y en la ya desaparecida plaza de toros de la ciudad fueron asesinados en 1936 miles de pacenses por orden directa del coronel sublevado Juan Yagüe. La represión en Badajoz adoptó tintes de genocidio y trascendió en la prensa internacional por su crueldad.

Y ahora, mientras los restos de muchos de estos ciudadanos asesinados aún no han sido debidamente identificados, y mucho menos debidamente reconocidos y resarcidas sus familias, el gobierno municipal del Partido Popular (¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo…?), con el apoyo de la oposición del PSOE (¿?), deciden esconder la tapia del cementerio con un nuevo y moderno muro cuyo único fin es ocultar el anterior. A lo mejor piensan que con eso borran la memoria histórica de la ciudad, lo cual es una fatuidad dado que Badajoz borró definitivamente su memoria histórica cuando votó mayoritariamente a los herederos ideológicos de sus represores para su gobierno municipal.

Así que cuando leí la noticia, me dispuse a escribir una entrada de desagravio a tanto muerto y tanto represaliado, y busqué en Internet la lista de los fusilados en Badajoz para incluir un enlace a la misma.  En la Universidad de Badajoz tienen una página expresamente dedicada a la recuperación y conservación de la memoria histórica, y en su página de búsquedas introduje el dato que buscaba:

La respuesta del motor de búsquedas me dejó perplejo:

Así que hasta para un programa de ordenador, la lista de los fusilados en Badajoz es demasiado extensa. Da que pensar, ¿no? Pues no, al parecer para los ediles pacenses de PP y PSOE no es algo que resulte tan obvio. Ellos sabrán lo que quieren hacer con la historia de su propia ciudad.

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13 May 09 El asesinato de Carrero Blanco

El 20 de diciembre de 1973 era asesinado por ETA el presidente del gobierno de España, Luis Carrero Blanco. Carrero Blanco era un personaje fuertemente ligado al dictador Francisco Franco; tanto que muchos le suponían heredero natural del poder en España, a pesar de la Ley de Sucesión franquista y de la designación en 1969 de Juan Carlos de Borbón como heredero al trono de España. El fuerte carácter y la gran influencia política de Carrero Blanco hacían prever que Juan Carlos sería un monarca títere en las manos del régimen post-franquista.

La desaparición de Carrero supuso un importantísimo varapalo para el régimen dictatorial, dentro del cual existían fuertes tensiones entre los aperturistas y los ultraconservadores del llamado búnquer. No fue fácil designar a un nuevo presidente del gobierno, y estas tensiones dieron como resultado el nombramiento del comparativamente débil Carlos Arias Navarro, quien presidiría el gobierno de España durante los últimos años de la dictadura.

Es, sin duda, uno de los momentos más trascendentales de la historia de España, ya que supuso la demostración de que el régimen de Franco podría no sobrevivir al agonizante jefe del Estado.

Televisión Española estrenó en 1995 la serie La Transición, dirigida por Elías Andrés y con guión y narración de Victoria Prego. Se trata -en mi humilde opinión- de uno de los mejores trabajos de documentación histórica efectuados por la televisión en España. El primer capítulo de esta serie se centra en el asesinato de Luis Carrero Blanco.

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04 Feb 09 Rosario “La Dinamitera”

Rosario La DinamiteraEl 17 de abril de 2008 murió en Madrid Rosario Sánchez Mora a la edad de 88 años. Como muchos otros milicianos, Rosario se jugó la vida para defender la legalidad republicana durante la Guerra Civil Española, tanto en el frente, donde perdió una mano manipulando explosivos, como en la retaguardia, donde trabajó para el estado mayor del ejército republicano.

Allí, en los cuarteles de Ciudad Lineal, fue donde Rosario conoció a poetas e intelectuales de la talla de Alexandre o Miguel Hernández. Este último dedicó el siguiente poema a la joven Rosario, “La Dinamitera”:

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

Tras la guerra fue apresada y condenada a treinta años de prisión por los rebeldes vencedores en la contienda. Esto fue el comienzo de un largo periplo por varias prisiones que se prolongaría hasta 1942, tras los cuales fue desterrada de su pueblo y condenada por el franquismo a la marginación social. Rosario hubo de sobrevivir vendiendo tabaco de contrabando por las mismas calles de Madrid que un día ayudó a defender como un soldado más.

Sirva esta entrada para honrar su memoria y la de todos los que sacrificaron sus vidas por la libertad de los españoles.

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02 Feb 09 El franquismo en la cultura popular andaluza: Carlos Cano

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¡Ay, Señor!, la que armaron, la que liaron
con la salía de la masonería y la subversión,
la pelota, los toros, la lotería y las quinielas
el seílla, las letras, el televisor,
“Yuspiquinglis”, el turismo,
SOFICO-Renta, los alemanes,
bombas en Palomares, ¡vaya por Dios!

Y ahora con el destape de tetas y trota, los camuflajes,
las serpientes con traje de santurrón.

Y es que las dentaduras ya no están duras pa estas huesuras
y llega la rotura, y el personal
que asentao endiquela cómo se jalan de carca a carca
mientras cuece las habas suelta al cantar:

María, coge la rienda a la Autonomía;
Marcelo, que los paraos quieren currelo;
Manuel, ¿Con el cacique qué vas a hacer?
Pos le vamos a dar por el tratracatrá,
pico y pala, chín pún y a currelar,
para-bá, para-bá, para-bá, pa-pa.

Esto es la murga los currelantes
que al respetable buenamente va a explicar
el mecanismo tira palante
de la manera más bonita y popular
se acabe el paro y haya trabajo,
escuela gratis, medicina y hospital;
que haya alegría y nunca nos falte;
que vuelvan pronto los emigrantes;
que haya cultura y prosperiá.

Maroto, siembra la tierra, que no es un coto.
Falote, que ya está bien de chupar del bote.
Ramón, hay que acabar con tanto bribón.
Pos le vamos a dar con el tratracatrá,
pico y pala, chím pún y a currelar
para-bá, para-bá, para-bá, pa-pa.

(Carlos Cano)

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26 Oct 08 Bienvenido, Mister Marshall

Siguiendo con esta espontánea serie de entradas acerca de la España del franquismo, hoy os traigo una de las obras maestras de la cinematografía patria: Bienvenido, Mister Marshall.

Pero para comprender esta película es necesario que nos situemos en la época en que se rodó; y digo que es necesario porque a tenor de lo expresado por algunos políticos españoles actuales, podría parecer que es que en España hubo una guerra en el año 36, seguida de un remanso de paz de cuarenta años que terminó con la Transición y que dio paso a los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad y que antes no existían, a saber: delincuencia, paro, crisis económica, etc.

Nada más lejos de la realidad. Ese incomparable periodo de “paz” que fue el régimen de Franco fue una de las etapas más duras que España tuvo que soportar en su historia contemporánea, sólo comparable a la desolación provocada por la Guerra de la Independencia. Fue un largo periodo de hambre, miseria, ignorancia, privaciones y, sobre todo, de miedo. Un largo periodo que comenzó con la cruel y vergonzante carnicería que supuso la Guerra Civil y del que el país no se repuso hasta bien entrados los años setenta.

Quiero contar estas cosas, y necesito contarlas, porque en este país parece haberse corrido un tupido velo sobre este periodo. Un intencionado velo de olvido y desconocimiento del que todos somos responsables. Hoy, que tanto se habla de memoria histórica, de represaliados y desaparecidos, poco se dice sobre lo que nuestros padres y abuelos hubieron de sufrir para, simplemente, llevarse un trozo de pan a la boca, o ponerse un trozo de cuero o esparto que protegiera las plantas de sus pies del duro suelo. Evidentemente, a algunos les fue mejor que a otros. A unos pocos (muy, muy pocos) les fue de hecho realmente bien, pero dejadme que os cuente algo sobre lo que era tónica general en la España de principios de los años cincuenta:

Tras el final de la Guerra Civil, España estaba casi por completo destruida: sin tejido industrial, con los campos destrozados, sin fondos… Era hora de reconstruir el país y superar el amargo trago del conflicto bélico. Por desgracia, justo cuando España salía de la guerra, Europa comenzaba la suya. Hitler, que ya se había tragado a Austria y a Checoslovaquia, invadió polonia, y luego Francia. No es necesario decir con qué bando de la contienda europea se alineó el general Franco. Su cuñadísimo, Serrano Súñer, quería que España participara activamente en la Segunda Guerra Mundial, pero Franco se aguantó las ganas porque, aunque era un déspota sanguinario, era también un tipo realista. A cambio del apoyo alemán en la Guerra Civil, se ofreció a dar apoyo a la flota alemana en los puertos españoles del Atlántico, a enviar un grupo de combatientes al frente ruso (la famosa División Azul), pero poco más. Hitler, cuyo chovinismo teutón le impedía sentirse a gusto en compañía de las razas inferiores, casi agradeció el gesto de que nos quedáramos al margen.

Y no hace falta tampoco contar cómo terminó la guerra. España, que había jugado a caballo perdedor, se quedó más sola que la una en una Europa de democracias occidentales. Éramos una isla de fascismo que los aliados ni se molestaron en derribar; así de poco importantes estábamos considerados. Europa decidió que podía prescindir de nosotros sin ningún esfuerzo, y que bien podían dejarnos aquí, encerrados y aislados tras los Pirineos, como castigo por haber colaborado con la perfidia nazi. España no podía esperar ayuda alguna del nuevo orden mundial que los vencedores estaban imponiendo.

Si la Guerra Civil fue destructiva, la Segunda Guerra Mundial lo fue mucho más, y Europa había quedado reducida casi a cenizas, tanto humana como económicamente. Dos años después de finalizar la guerra en Europa, los Estados Unidos se dieron cuenta de que, sin revitalizar el mercado europeo, la economía norteamericana iba a sufrir mucho más severamente la grave crisis económica que se cernía sobre el mundo. El dinero debía comenzar a fluir cuando antes mejor, y Europa debía ser reconstruida para que empezara a consumir productos americanos. Por eso, el Secretario de Estado George Marshall, quien anteriormente había tenido la responsabilidad norteamericana en el esfuerzo bélico, ideó y puso en marcha el European Recovery Program, más conocido como Plan Marshall.

Grecia, Turquía, Francia, Alemania… casi toda Europa empezó a recibir el dinero de las ayudas americanas con los que recomponer sus maltrechas economías e industrias. A partir de 1947, los escombros fueron dando paso a nuevos edificios, propiciando entre otros el Milagro Alemán, que llevó de nuevo al país que fuera origen de la Segunda Guerra Mundial a la cabeza de la economía europea (donde aún se encuentra hoy); pero en España…

En España, con un régimen considerado ilegítimo por la recién instaurada ONU, nos esperaban aún años y años de miseria. Aquellos años fueron conocidos como “la autarquía” e incluso como “los años perdidos”. Nada de la ayuda extranjera fue a parar a nuestro país. Aquellos fueron los años del gasógeno, de la cartilla de racionamiento y, sobre todo, del estraperlo; todo ello aderezado con la grandes dosis de fanatismo religioso forzoso y espontáneas manifestaciones obligatorias de apoyo a la figura del dictador. Si nadie os ha contado en primera persona esta oscura parte de nuestra historia, buscad a cualquier persona mayor de sesenta y cinco años. Os garantizo una experiencia de lo más educativa. Escuchar a nuestros mayores es lo que tiene…

Por supuesto, Berlanga no podía denunciar en su película todas estas privaciones, pero no hacía falta. Mostrar la realidad era mucho más gráfico que cualquier denuncia. Hacerlo con humor, reflejando la frustración de una sociedad aplastada por quedar -de nuevo- al margen del progreso, es lo que convierte a Bienvenido, Mister Marshall en una obra maestra. Casi todas las películas de Berlanga son obras maestras, y entre ellas algunas que, de estrenarse hoy, a buen seguro cosecharían todo tipo de premios internacionales, como El Verdugo. Sin embargo, Bienvenido, Mister Marshall es para mí una de las más entrañables, porque para comprender su mensaje escondido, hay que comprender antes el sentir de unos españoles a los que les tocó bailar con la más fea en la Historia de la España moderna.

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24 Oct 08 El caso Añoveros

Durante casi cuarenta años, el régimen franquista había basado su identidad en un fervoroso ultracatolicismo, del cual -decían- emanaban los principios de su ideología fascista totalitaria. Para demostrarlo, contaban con el apoyo explícito de la Iglesia, que desde el primer momento avaló la sublevación contra el legítimo gobierno de la República, tildando de “cruzada” al levantamiento militar y a la guerra civil subsiguiente. Con esta actitud, la Iglesia se hizo corresponsable moral de la represión ejercida contra cientos de miles de españoles por parte del régimen de Franco, pero eso es tema para otra entrada…

Este matrimonio Iglesia-fascismo tan bien avenido entró en crisis a principios de 1974. Aunque el régimen de Franco no había cambiado en su esencia desde 1939, la Iglesia sí que lo había hecho. El Concilio Vaticano II, clausurado en 1965, había sentado las bases de una nueva Iglesia Católica, más pendiente de su base social y con nuevos conceptos morales más acordes con su tiempo. En España eso se tradujo en un claro distanciamiento del franquismo ideológico, especialmente en las regiones del País Vasco y Cataluña. En las grandes capitales españolas la Iglesia prestaba cobijo a reuniones políticas y sindicales semiclandestinas camufladas como grupos católicos, pero en Euskadi algunos curas incluso llegaron a dar apoyo logístico y cobijo a los terroristas de ETA. Tanto en el País Vasco como en Cataluña, la Iglesia mostraba su abierta simpatía por los sentimientos nacionales de ambas regiones.

En este contexto, el obispo de Bilbao, Antonio Añoveros, emitió en febrero de 1974 una pastoral en la que, entre otras lindezas, dejaba caer las siguientes frases:

El pueblo vasco, lo mismo que los demás pueblos del Estado español, tiene el derecho de conservar su propia identidad, cultivando y desarrollando su patrimonio espiritual, sin perjuicio de un saludable intercambio con los pueblos circunvecinos, dentro de una organización socio-política que reconozca su justa libertad. Sin embargo, en las actuales circunstancias, el pueblo vasco tropieza con serios obstáculos para poder disfrutar de este derecho. El uso de la lengua vasca, tanto en la enseñanza en sus distintos niveles como en los medios de comunicación (prensa, radio y TV). está sometido a notorias restricciones. Las diversas manifestaciones culturales se hallan también sometidas a un discriminado control.

El suelo, en efecto, temblaba bajo los pies del Caudillo y sus ministros, tal como el mismo Franco confesó tras el asesinato de su delfín Carrero Blanco por parte de ETA. El nuevo presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro, que sólo unos días antes había dado un discurso en las Cortes de carácter tímidamente aperturista (el llamado “Espíritu del 12 de febrero“), se vio obligado a responder con contundencia ante la inaudita salida de tono del obispo de Bilbao, decretando su inmediata detención y dando orden de que fuera expulsado de España.

Pero lejos de permitir que la cosa quedara así, el presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Tarancón, amenazó al gobierno de Arias Navarro con la excomunión fulminante de todos sus miembros en el caso de que se llevara a cabo dicha orden de expulsión, además de la ruptura del Concordato con la Santa Sede de 1953.

Para el gobierno Arias, esto se convirtió en un problema irresoluble, ya que un gobierno de un régimen tan férreamente basado en los principios de la moral católica no podía resistir políticamente una ruptura tan brutal con uno de los pilares que le sostenían. Arias Navarro lo sabía, y sobre todo, Franco, que estaba detrás de todo el asunto, también lo sabía.

Pocos días antes, en diciembre de 1973, durante el entierro de Carrero Blanco, el Cardenal Tarancón había sido objeto de las iras de los hooligans del franquismo, que le acusaban de estar en connivencia con los asesinos del finado presidente del gobierno. Ahora, con los ecos de aquellos insultos frescos en su mente, era Tarancón quien le cantaba un órdago al Régimen, amenazándole con romper las ya delicadas relaciones de la Iglesia con el gobierno de España y su decrépito dictador.

Al final, el avión que llevaba días en el aeropuerto de Bilbao, dispuesto para deportar al obispo Añoveros a Roma, fue retirado, y el “obispo rebelde” sólo sufrió unos cuantos días de arresto domiciliario mientras se calmaba el revuelo, durante el cual fue visitado por centenares de sacerdotes y otras personalidades próximas a la Iglesia. Durante ese corto periodo de tiempo, Tarancón guardó en su cajón la orden de excomunión de uno de los últimos gobiernos de Franco.

Nota: Por petición popular, el texto de esta entrada (exceptuando la cita literal de la pastoral de monseñor Añovero) se publica bajo los términos de la licencia GFDL, cuyas condiciones pueden consultarse aquí.

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