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16 Sep 08 ¡Esto es un sindiós! (XIII): Fabricando el tiempo perdido

De entre todos los inventos perversos que ha dado la informática a lo largo de su historia, existen dos que han hecho perder a los usuarios de todo el mundo incontables millones de horas de trabajo: los virus informáticos y el programa de Microsoft PowerPoint.

Porque, díganme: ¿Quieres de entre ustedes no ha padecido las consecuencias de un virus en el ordenador? ¿Cuánto tiempo les ha hecho perder un contratiempo como éste? ¿Y cuánto dinero se han gastado entre antivirus, reinstalaciones y otras hierbas? Bien, pues eso no es nada comparado con el destructivo fenómeno del PowerPoint.

No hay usuario de Internet en este planeta que no reciba cotidianamente mensajes de correo no solicitados con los malditos archivos adjuntos de PowerPoint, que casi siempre tienen un tamaño de varios “megas“. Sin embargo, algunos son en este aspecto más afortunados que otros.

Aquellos que recogen su correo en un cliente web (como Yahoo! o GMail, o incluso ese engendro llamado Hotmail) pueden identificar estos correos rápidamente, borrándolos sin tener que descargarlos. Los desgraciados (como yo) que tenemos un cliente de correo instalado en nuestro ordenador por regla general nos vemos obligados a descargar estos mensajes, con la incomodidad y la pérdida de tiempo que ello supone, sin haberlos pedido y sin quererlos para nada la mayor parte de las veces.

Tanto en el entorno casero como en el laboral, se ha extendido tanto el uso informal de esta maléfica “herramienta” que lo habitual en los puestos de trabajo es hacer el típico repasito mañanero a esos powerpoints (por regla general de contenido pornográfico). Multipliquen esa… digamos media horita de esparcimiento erótico-festivo por cada uno de los trabajadores que practica tan improductiva afición ¡EN EL MUNDO! ¡Gracias, Bill Gates! La civilización progresa más despacio gracias a tus programas.

Pero el verdadero sindiós de esta historia, el oculto eje del mal, los jinetes del apocalípsis informático a los que nadie parece conocer son los tipejos que crean estos archivos; los “artistas” que nos deleitan con esos fundidos, esas letras de colores y esas fotografías de señoras haciendo cosas que jamás hubiéramos imaginado por nosotros mismos. (Existe también todo un elenco de creaciones destinadas al público femenino, pero me abstengo de comentar esta parte. Además, yo no veo esas cosas. ¿Qué os habíais pensado?)

Como iba diciendo, muchas veces me pregunto: ¿Quién paga a estos tipos? ¿Por qué alguien dedica su tiempo libre a hacer powerpoints chorras, con las buenas alternativas de ocio que existen? ¿A qué viene tanto interés por difundir chorraditas por Internet? Está calculado que más del 70% del correo electrónico que circula por Internet es spam, porquería, caca. De entre este porcentaje, una parte importante es publicidad no deseada, enviada por gente que gana dinero con esta actividad ilícita. Lo malo es que el resto es porquería que la gente envía a sus familiares, amigos y conocidos, con la sana intención de hacerse los guays enviando cosas graciosas. Esto ralentiza los servidores de correo, alarga el tiempo que dedicamos a recoger y leer nuestros mensajes de correo y llena nuestros ordenadores de muchos megabytes inútiles.

Y otro día hablaremos del siguiente invento diabólico de la factoría de engendros del tío Bill: el Messenger.

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02 Sep 08 ¡Esto es un sindiós! (XII): La educación en España

Que la Educación en España es un sindiós es algo que pocos querrán negar. No voy a entrar en los motivos que hacen que, para algunos, la educación que impartimos a nuestros hijos sea de las mejores del mundo, ya que opiniones hay para todos los gustos, y siempre habrá quien saque conclusiones positivas hasta del desastre más desolador. Yo voy a centrarme en los aspectos que convierten a la educación española en un sindiós, generalizando mucho y obviando las cosas positivas (que estoy seguro de que las tiene). No traten de verse reflejados de forma individual en esta entrada y contemplen a la educación como un todo, a nivel nacional.

  • Diecisiete autonomías; diecisiete educaciones – Todo eso de la diversidad cultural está muy bien, y de hecho estoy muy de acuerdo en que se enseñe bajo el prisma de esa diversidad, pero por lo menos podrían respetarse unas materias básicas comunes, como la Lengua Española, la Geografía y la Historia. Digo esto, en primer lugar, para que un niño de, digamos, Bermeo, pueda comunicarse con normalidad con otro de Úbeda y, es más, que el niño de Bermeo sepa dónde está Jaén, por si quiere hacer un día turismo. Y al contrario, claro. No quiero ser mal pensado en este aspecto, pero diría que hay una voluntad política de que esto no sea así; de que es mejor para algunos políticos mantener la ignorancia ciudadana respecto a otras comunidades de España para desunir a la gente desde pequeñitos. Para no parecer “españolista” en mi razonamiento, pongo el ejemplo contrario: En Madrid o Valencia, los niños no podrán estudiar con normalidad la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una materia diría yo que esencial para que esta sociedad pase de ser una amalgama de individualidades e individualismos sin ética colectiva alguna, a un grupo cohesionado de ciudadanos que, independientemente de sus credos o ideologías, sepan respetar a los demás haciéndose respetar a sí mismos al tiempo. En Madrid, la señora Aguirre ha decidido convertirla en una especie de “voluntariado de la srta. Pepis”, mientras en Valencia, el otro paladín del centrismo pepero, Francisco Camps, quiere que se imparta en inglés (con la declarada intención de que los niños no se enteren de qué coño están estudiando). El caso de la Educación para la Ciudadanía es el paradigma del uso de la educación como arma política, de lo que hablaré más adelante.
  • “La culpa es tuya” – Como padre, he tenido la oportunidad de participar en una asociación de padres (asociaciones a las que, en un alarde de histeria de corrección política lingüística se le ha dado en llamar “AMPAS”, por lo de “madres y padres”… ¡pffff!) así como en el consejo escolar de un colegio. Eso me ha dado una visión bastante pesimista del funcionamiento de la educación, a la que comparo con un autobús antiguo, mil veces reparado con piezas que no encajan, cuyos mecánicos no están preparados para encontrar el origen de las averías y se conforman con poner un parche tras otro, mientras el dueño del vehículo se gasta el dinero en poner elevalunas eléctricos para cada asiento, mientras escatima el gasoil necesario para que el autobús circule, repleto hasta los topes de gente que, en realidad, no quiere ir por la ruta que les lleva el autobús. Perdón por la tonta analogía. Lo cierto es que en la educación son muchas las cosas que funcionan mal. Como padre, me pondré entre los primeros:
  1. Padres desinteresados por la educación de sus hijos. Los que ahora somos padres nos educamos en una época en la que el éxito o el fracaso social se podía medir por la educación que recibías. Nuestros padres (en mi caso, al menos) nos aseguraban que, o hincábamos los codos, o terminaríamos con suerte recogiendo basura por la calle. Sin embargo, a medida que crecíamos pudimos ver cómo la sociedad cambiaba sin previo aviso. La gran mayoría de los compañeros que estudiaron conmigo y terminaron sus carreras universitarias languidecen refugiados en sus negocios familiares, sin haber tenido nunca la oportunidad de ejercer la profesión que su titulación acredita, tan duramente obtenida tras largos años de estudio y sacrificio. Hoy el éxito social se mide en dinero, y por poco que hayas estudiado, puedes hacerte rico si eres lo suficientemente avispado como para arrimarte al dinero. Un fontanero o un encofrador en Madrid gana mucho más dinero que un profesor de instituto o un informático, por ejemplo. En mi pueblo, los licenciados viajan en autobús a sus precarios empleos, mientras los agricultores lo hacen en grandes todo terrenos de muchos millones de las antiguas pesetas hacia sus subvencionadas explotaciones. Perdida la perspectiva de lo importante que es la educación, algunos padres (muchos, depende del lugar; en el entorno rural es una verdadera lacra) prefieren asegurar el futuro de sus hijos procurándoles un empleo “seguro”, para el que no necesitan más preparación que la mínima. Si a eso sumamos padres urbanos con trabajos-basura y horarios imposibles, parejas obligadas económicamente a que trabajen ambos, en turnos partidos de mañana y tarde que sólo ven a sus hijos a la hora de la cena, tenemos a un importante segmento de la población infantil que no ve a sus padres más que esporádicamente, criados por sus abuelos en el mejor de los casos, y supervivientes en casas “abandonadas” en un importante porcentaje. Deshecha la familia en aras de la productividad y el beneficio empresarial, ¿Cómo se educará la generación que ahora estudia Primaria? ¿Cómo va a intentar educar un padre a sus hijos después de una jornada laboral de ocho horas que en realidad es de doce? Y la tendencia es a empeorar esta situación, porque los sucesivos gobiernos neoconservadores tienden a permitir horarios libres en el comercio, lo que a la postre se convierte en horarios laborales encubiertos más prolongados.
  2. Profesores desmotivados. Vamos a ver, porque aquí seguro que aparece alguien comentando mi cicatería y mis tergiversaciones. Trataré de ser concreto: No todos los profesores son unos pasotas, cuyo único objetivo es cumplir su horario y cobrar a fin de mes; ni siquiera la mayoría lo son, pero tampoco hace falta que lo sean. A estadísticas reales me remito, de esas que en los consejos escolares de fin de curso hacen que no te llegue la camisa al cuerpo: Si en una clase de treinta alumnos de segundo de Primaria, quince de ellos tienen que repetir curso porque no han alcanzado los objetivos mínimos para pasar de curso, está claro que deben despedir al profesor. No hay otra. Por muy dejados que sean los padres; por muy perros que sean los críos, ¡No se puede hacer repetir a media clase de segundo, hombre! Hay un error fundamental de concepto incluso en el nombre de la Educación. No. A los niños los educan sus padres en su casa (si es que pueden, véase punto anterior), y al colegio van para adquirir conocimientos. Si un niño no consigue adquirir los conocimientos exigidos por los objetivos del curso, puede ser un problema puntual de un niño, de dos… pero si media clase no consigue alcanzar estos objetivos, la culpa es del profesor. Esto vale para segundo de Primaria, pero también para cualquier otro nivel educativo. Para enseñar, hay que saber motivar, y sobre todo, hay que tener ganas de enseñar. El profesorado no es un cuerpo de funcionarios cualquiera, porque requiere una vocación, y vamos a dejarnos de paños calientes: ¿Cuántos profesores tienen una auténtica vocación de enseñantes? Sumemos este punto con el anterior, y conseguimos la tasa de fracaso escolar más alta de Europa y, lo que es peor, una nueva sociedad de borregos sin formación.
  3. Administraciones en la “realidad virtual”. Estos son “los del dinero”. La educación es para muchos políticos una mala inversión. Según ellos, una sociedad formada en el estudio es una sociedad protestona, de gente que conoce sus derechos y sabe exigirlos. Todo lo contrario a la masa aborregada de trabajadores sin cualificación cuyos idearios los políticos consideran, por simplistas  e irreales, totalmente inocuos e inofensivos para sus carreras. Nada más lejos de la realidad. La ignorancia es la madre de los extremismos, y una sociedad de ignorantes siempre será un animal de reacciones imprevisibles. Los mayores males de este siglo y el pasado han sido (y están siendo) provocados por la utilización de la ignorancia popular por extremismos populistas. Al parecer, la mal llamada “clase política” no tiene muy claro este punto. Estos son los que, en mi analogía anterior, dan el dinero para ponerle los elevalunas eléctricos a cada asiento mientras ignoran que lo que necesita el autobús para circular es gasoil. En el mundo real, esto se traduce en que otorgan subvenciones y fondos para todo tipo de tonterías, mientras dejan caerse colegios de puro viejo, escatiman el material imprescindible o andan regateando con el sueldo de los profesores. No importa el color político; la administración educativa es un desastre allá donde estemos, con un sistema burocrático monstruoso que se come gran parte de los recursos que se le asignan en los presupuestos.
  • La educación como arma política – En el despiadado juego político, todo vale. Unos y otros partidos se arrojan a la cara temas como el terrorismo, la economía, la corrupción… la educación no iba a ser menos. Lejos de ser tratada como un tema de estado (que lo es), cada gobierno, local, autonómico o central, hace de su capa un sayo con ella, al igual que las respectivas oposiciones. Reforma tras reforma, han conseguido reducir el sistema educativo al absurdo, aumentando, en lugar de reducir, el fracaso escolar, desmotivando a todos los que formamos parte de la maquinaria educativa (padres, profesores, alumnos…). Para colmo, los simpatizantes de uno u otro partido (entre los cuales me incluyo) jaleamos a nuestros “simpatizados” para que hagan valer nuestro particular concepto de la educación. Mal. Es hora ya, y además corre prisa, de que haya un pacto de estado por la educación donde se articule un sistema cuyo objetivo sea reducir el fracaso escolar a toda costa. Todo lo que sea retrasar esta iniciativa supone un daño irreparable para nuestros hijos y para el país que tendrán que conformar cuando maduren.

Podría seguir hasta hartarme, pero me imagino que si alguien ha llegado leyendo hasta aquí, debe estar tan agotado y deprimido como yo, así que si acaso, ya sigo otro día hablando de este sindiós que es la Educación en España.

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