De entre todos los inventos perversos que ha dado la informática a lo largo de su historia, existen dos que han hecho perder a los usuarios de todo el mundo incontables millones de horas de trabajo: los virus informáticos y el programa de Microsoft PowerPoint.
Porque, díganme: ¿Quieres de entre ustedes no ha padecido las consecuencias de un virus en el ordenador? ¿Cuánto tiempo les ha hecho perder un contratiempo como éste? ¿Y cuánto dinero se han gastado entre antivirus, reinstalaciones y otras hierbas? Bien, pues eso no es nada comparado con el destructivo fenómeno del PowerPoint.
No hay usuario de Internet en este planeta que no reciba cotidianamente mensajes de correo no solicitados con los malditos archivos adjuntos de PowerPoint, que casi siempre tienen un tamaño de varios “megas“. Sin embargo, algunos son en este aspecto más afortunados que otros.
Aquellos que recogen su correo en un cliente web (como Yahoo! o GMail, o incluso ese engendro llamado Hotmail) pueden identificar estos correos rápidamente, borrándolos sin tener que descargarlos. Los desgraciados (como yo) que tenemos un cliente de correo instalado en nuestro ordenador por regla general nos vemos obligados a descargar estos mensajes, con la incomodidad y la pérdida de tiempo que ello supone, sin haberlos pedido y sin quererlos para nada la mayor parte de las veces.
Tanto en el entorno casero como en el laboral, se ha extendido tanto el uso informal de esta maléfica “herramienta” que lo habitual en los puestos de trabajo es hacer el típico repasito mañanero a esos powerpoints (por regla general de contenido pornográfico). Multipliquen esa… digamos media horita de esparcimiento erótico-festivo por cada uno de los trabajadores que practica tan improductiva afición ¡EN EL MUNDO! ¡Gracias, Bill Gates! La civilización progresa más despacio gracias a tus programas.
Pero el verdadero sindiós de esta historia, el oculto eje del mal, los jinetes del apocalípsis informático a los que nadie parece conocer son los tipejos que crean estos archivos; los “artistas” que nos deleitan con esos fundidos, esas letras de colores y esas fotografías de señoras haciendo cosas que jamás hubiéramos imaginado por nosotros mismos. (Existe también todo un elenco de creaciones destinadas al público femenino, pero me abstengo de comentar esta parte. Además, yo no veo esas cosas. ¿Qué os habíais pensado?)
Como iba diciendo, muchas veces me pregunto: ¿Quién paga a estos tipos? ¿Por qué alguien dedica su tiempo libre a hacer powerpoints chorras, con las buenas alternativas de ocio que existen? ¿A qué viene tanto interés por difundir chorraditas por Internet? Está calculado que más del 70% del correo electrónico que circula por Internet es spam, porquería, caca. De entre este porcentaje, una parte importante es publicidad no deseada, enviada por gente que gana dinero con esta actividad ilícita. Lo malo es que el resto es porquería que la gente envía a sus familiares, amigos y conocidos, con la sana intención de hacerse los guays enviando cosas graciosas. Esto ralentiza los servidores de correo, alarga el tiempo que dedicamos a recoger y leer nuestros mensajes de correo y llena nuestros ordenadores de muchos megabytes inútiles.
Y otro día hablaremos del siguiente invento diabólico de la factoría de engendros del tío Bill: el Messenger.
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