Un 4 de agosto como hoy, en 1578, una épica batalla acontecida en tierras de Marruecos iba a cambiar la historia de España y Portugal durante sesenta años. Ese día, el rey portugués Sebastián I pereció en la batalla de Alcazarquivir en combate contra las tropas del sultán Abd el-Malik, quien también perdió la vida en el enfrentamiento. A la batalla de Alcazarquivir se la conoce también como «La Batalla de los Tres Reyes», ya que en ella murió también el depuesto sultán Muley al-Mutawakil, a quien Sebastián ayudaba a recuperar el trono contra Abd el-Malik.
La desaparición de Sebastián, cuyo cuerpo nunca fue encontrado, provocó el luto en Portugal, y con el tiempo degeneró en una legendaria profecía según la cual el rey Sebastián volvería algún día para regir los destinos del país. Mucho más prosaicamente, el poderosísimo rey de España, Felipe II, aprovechó el vacío de poder para reclamar el trono portugués, y en 1580 se proclamó rey de Portugal, unificando políticamente todos los territorios ibéricos por primera vez desde tiempos de los visigodos. Esta unión se mantuvo durante los siguientes sesenta años, hasta que Portugal recuperó su independencia en 1640, durante el reinado en España de Felipe IV.
Para la población judía de Marruecos, esta efeméride se convirtió en motivo de celebración, toda vez que el joven e impulsivo rey Sebastián, en un alarde de fanatismo religioso, prometió pasar a cuchillo a todo judío de Marruecos que no aceptara la conversión al catolicismo como acto de «acción de gracias» por su victoria.
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- Batalla de Alcazarquivir, en Wikipedia.
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