…porque me da la gana.
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La prostitución de la memoria

Memoria histórica, Opinión, Política, relatos 9 comentarios »

Relato novelado basado en un hecho real:

Aquel día 10 de agosto había sido asfixiante, especialmente allí, encerrado entre las cuatro sucias paredes de la improvisada celda falangista cercana a la sevillana Puerta Osario. Constantemente entraba y salía gente, aunque siempre entraba más de la que salía, y era complicado echar una cabezada para evadirse del calor y del mal olor con ese atronar de botas militares y gritos. De los que compartían la celda con Blas, ninguno se hacía ilusiones: aquello era la antesala de la muerte. Casi todos estaban allí encerrados por algún motivo: enemistades personales, rencillas familiares, asuntos de dineros… los había incluso que estaban detenidos por motivos políticos, y Blas era uno de esos pocos.

Aunque llevaba varios días preso, nadie le había dicho el porqué de su encarcelamiento. Él, que siempre había vivido por y para el derecho, observaba atónito que cualquier atisbo de unas garantías procesales había desaparecido de la mano de aquellos camisas azules con pistola al cinto, cuyos puños eran lo único más rápido que sus gatillos. Había dejado de preguntarse los motivos de su detención, ya que pareciera que la lógica se había roto como un vidrio fino bajo el peso de aquellas botas militares que zapateaban por los corredores.

Y en un momento como otro cualquiera, cuando ya se habían apagado las últimas luces del día, la puerta se abrió violentamente –estos todo lo hacían con mucha violencia, acojonando al personal a cada paso que daban– y una voz autoritaria bramó su nombre:

-¡Blas Infante Pérez! ¡Que salga!

Se levantó con expectación y salió de la celda, donde un grupo de falangistas armados con fusiles le estaba esperando. Antes, intentó recomponer un poco su sucio y arrugado traje. De sobra sabía que ese traje le había ahorrado más de un golpe. Los falangistas dudaban ante aquel detenido a la hora de repartir bofetadas y puñetazos, ya que no se parecía en nada al resto de los muertos de hambre a los que custodiaban. Si en algún momento se había hecho ilusiones de salir con vida, ya se podía ir olvidando del tema. En fin, si había que afrontar la muerte, al menos esperaba poder hacerlo con un poco de dignidad. Al llegar a la camioneta que esperaba en la puerta ya había otros tres presos esperando sentados en la caja.

Una vez que el camión enfiló hacia la Puerta Osario, las casas dieron muy pronto paso a los numerosos huertos y sembrados de los que se alimentaba Sevilla, extendidos a uno y otro lado de la carretera de Madrid. Cuando el jefe del pelotón consideró que ya estaban bastante alejados ordenó detener el camión. El resto de la macabra ceremonia transcurrió con rapidez y profesionalidad. Se notaba que aquellos tipos estaban acostumbrados a dar paseos; probablemente en poco tiempo se convertirían en los maestros de los verdugos que estaban por llegar. Todo fue muy sórdido y prosaico: les pusieron en fila frente al pelotón, y mientras los camisas azules cargaban los fusiles y se disponían para la ejecución, a Blas le dio por gritar:

-¡Viva Andalucía libre!

Tuvo la sensación de que aquello era como predicar en el desierto, y por un momento sintió un poco de pudor por haber dado a sus verdugos motivos para la mofa. Por lo menos, gritando aquello sintió que el miedo cedía ante lo enardecido de su grito, y al fin y al cabo, peor ya no le podía ir. Dos órdenes cortantes del jefe del pelotón, y todo terminó tan de prisa como había comenzado. Blas estaba en el suelo, muerto de un disparo certero y casi a bocajarro.

Cuatro años más tarde, un tribunal a las órdenes del gobierno formado por los rebeldes vencedores de la guerra le declaró culpable y le sentenció a muerte, dando legitimidad a aquel crimen cometido con nocturnidad y alevosía. Luego siguieron décadas de represión y cientos de miles de crímenes más que quedarían para siempre impunes, igual que el suyo. Después de tantos años, de nuevo la democracia y, por fin, el sueño cumplido de Blas Infante de un autogobierno para Andalucía.

Pero ¡ay!, vivimos en un país de memoria frágil, y este año 2010 en que se cumplen 74 años del fusilamiento de Blas Infante, el Partido Popular, heredero ideológico del franquismo, se permite el macabro lujo de homenajear a aquél que fuera abatido por las balas del franquismo. Y no contentos con eso, se permite reprochar a otros su comparecencia o no a semejante acto de hipocresía suprema.

Blas Infante es un personaje controvertido: para algunos, un burgués; para otros, un anarquista. Hay quien dice que era un criptomusulmán (convertido al Islam en secreto durante un viaje a marruecos). Anarquista, derechista, federalista, independentista… Al final podría ser que Blas Infante sólo fuera un hombre como cualquiera, con sus propias ideas que tal vez no casaran en ninguno de los corsés políticos de su época ni de la actualidad; un hombre que tuvo un sueño de libertad para Andalucía y que perdió su vida por ello.

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13 agosto, 2010 |

Tags: Andalucía, ¡Esto es un sindiós!, Blas Infante, franquismo, Memoria histórica, Opinión, Sevilla




Morir de alegría

Deportes, Opinión, Vivencias, ¡Esto es un sindiós! Un comentario »

Creía que se habían extinguido hace miles de años, pero no; ahí estaban. Anoche conseguí esquivar casi de milagro (aunque yo no creo en los milagros; lo conseguí porque 1- yo no estaba bebido y 2- soy buen conductor) a dos australopitecus africanus semidesnudos y beodos, que habían decidido invadir la calzada de una rotonda tras la victoria de la selección española de fútbol en la semifinal del campeonato del mundo.

Aún ahora, varias horas y un reparador sueño más tarde, no consigo entender que un ser vivo presuntamente racional decida arriesgar su vida de una forma tan gratuita con la excusa de una supuesta celebración deportiva. Siempre he sido un ferviente partidario de la selección natural, pero jamás pensé que alguien quisiera utilizarme como brazo ejecutor de la misma.

Nota: Según me hace saber mi señora, en la televisión muestran a muchos otros especímenes de australopitecus futbolísticus que buscaban anoche pasar a mejor vida por el mismo procedimiento en Madrid, intentando cortar la mismísima Castellana.

Que paren el mundo, que me quiero apear.

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8 julio, 2010 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, Deportes, Selección natural




¡Esto es un sindiós! (XXIX): Analfabetización

Opinión, Televisión, ¡Esto es un sindiós! 7 comentarios »

El otro día me encontré con el cartel que podéis ver en la imagen contigua, y su exótico título me impulsó a fotografiarlo con la sana intención de chotearme en Twitter por semejante metedura lingüística de pata; lo que en argot internauta se podría considerar como un owned de libro.

Estoy seguro de que lo que pretendían los -mejor intencionados que informados- responsables de la susodicha campaña era, en realidad, reducir la tasa de analfabetismo entre los adultos de la población rural, especialmente entre los mayores, que nunca tuvieron la oportunidad de recibir una educación medianamente decente. Por otro lado, y después de un rato dándole vueltas al asunto, llegué a la conclusión de que mezclar analfabetismo y alfabetización es más fácil de lo que parece, así que no me parece ético hacer demasiada leña de este árbol caído. Otra cosa es que uno deba leer lo que escribe -e incluso consultarlo con algún amiguete más ducho en el uso de la lengua española- antes de sacar un montón de copias a color y pegarlas por el pueblo, porque un fallo como éste, tratándose de un programa contra el analfabetismo nos puede llevar de la gloria al ridículo en cuestión de segundos.

Pero lo que de verdad me movió a escribir esta entrada fue una reflexión a posteriori sobre la necesidad de elaborar programas contra la analfabetización, porque mucho me temo que, aun siendo un término incorrecto, que no aparece en el diccionario de la Real Academia, la analfabetización es un fenómeno que se produce realmente en nuestra sociedad, con unos resultados demoledores para al menos tres generaciones de españoles.

En primer lugar habría que definir el nuevo término, la palabra: analfabetización. Yo me inventaré aquí que analfabetización es el “efecto de sustraer el alfabeto a una persona o grupo de personas que previamente gozaban del uso del mismo”. Dicho de otro modo: convertir en analfabetos a los que antes no lo eran.

Sobre la base de este palabro inventado, soy de la opinión de que, en la actualidad, la sociedad está organizada de tal forma que trata de someter al ciudadano medio a un estado de idiotismo inducido, utilizando para ello los más avanzados medios audiovisuales y tecnológicos, ahora al alcance de cualquier bolsillo. La analfabetización es un proceso largo y sostenido que nos lleva desde nuestra infancia hasta la vejez, y que puede imponerse a cualquier sistema educativo, por bueno que este sea, a menos que la persona que sufre el proceso lo combata con una abundante dosis de fuerza de voluntad.

La analfabetización ha conseguido en pocos años, por ejemplo,  convertir al usuario de un ordenador, autodidacta, que leía manuales en inglés, que escribía sus propios programas y al que incluso le sonaba la expresión “código máquina”, en un simple usuario desorientado, casi siempre sin nociones básicas de informática, que se ve asaltado por sistemas operativos hostiles, de funcionamiento oscuro, artero y tortuoso, agredido por licencias de programas ilegibles e ininteligibles, abrumado por agresivos powerpoints, por correos electrónicos de vendendores de Viagra, cuando no por gusanos, virus, malwares y todo tipo de fauna virtual. Para muchos de estos usuarios, sin embargo, todo esto casi no importa, porque con leer unos correos, ver unas páginas web y chatear por Messenger tienen suficiente. El hecho de que una parte de su ordenador y de su ancho de banda en la red pertenezcan en realidad a unos desconocidos que se lo roban y usan para sus propios fines es algo que no les preocupa en absoluto.

Pero la analfabetización va mucho más allá, comenzando por un sistema educativo donde lo que importa es asistir a clase hasta los dieciséis años, conseguido lo cual el Estado considera que has obtenido una educación secundaria. La ley te obliga como ciudadano a recibir esa educación, al Estado a procurártela y a tus padres a facilitarte el acceso y la asistencia a la misma. El efecto perverso de este sistema es que las aulas españolas están llenas de gente que, en realidad, no quiere estar allí, y que asiste de mala gana a clase, molestando a los que sí que quieren adquirir los conocimientos que allí se imparten. En realidad, el sistema educativo no merece tal nombre, porque los niños deberían llegar a los colegios educados de casa, mientras en los centros educativos deberían limitarse a impartir conocimientos y cultura. Para detener la analfabetización de los jóvenes que quieren progresar en sus estudios, habría que sacar de las aulas a todos aquellos que no tengan el más mínimo interés por educarse. Esto contribuiría, por una parte, a revalorizar la educación secundaria, mejorando sus resultados, y por otra, a aumentar la mano de obra no cualificada, que ya averiguaremos en otro momento para qué iba a servir. El Estado debería garantizar una oferta educativa gratuíta y de calidad, pero sólo para aquellos que quieran recibirla. Obligar a los que no quieren a pasar por la educación secundaria no les convertirá por arte de magia en preuniversitarios, por mucho que los políticos se empeñen en ello. De hecho, parece que nos están enseñando desde pequeñitos que lo importante de un trabajo es llegar al puesto y calentar la silla hasta la hora de salir; una lección muy mala que repercute en la futura productividad de los trabajadores.

Y luego está la televisión, la punta de lanza de la analfabetización a nivel mundial. La pequeña pantalla que unía a las familias (e incluso vecindarios de calles enteras) en los años sesenta y setenta ha dado paso a pantallas gigantescas, TDT, full HD, HDMI, USB, Firewire, LCD, LED… casi un siglo de tecnología al servicio de la comunicación de masas, y todo ello para que Belén Estéban nos enseñe su particular concepto de la Edad Media, para que los informativos nos traigan a casa lo peor de lo que pase en el mundo (y en este punto me voy a ahorrar enlaces escabrosos), y nos ponga sobre la mesa del almuerzo las vísceras a todo color de las incontables víctimas de este tiempo y sus azares. Una televisión, en definitiva, que aunque pagada en gran parte con los impuestos de los ciudadanos, o como concesiones administrativas a empresas privadas de un espacio radiológico que nos pertenece a todos, se dedica más que nada a embrutecer a la masa, a hacernos mala sangre o a acojonarnos con nuevas y terroríficas enfermedades, amenazas terroristas o catástrofes medioambientales inminentes.

Tal vez lo peor de todo el asunto es que el individuo “analfabetizado” es una persona orgullosa de su condición, para quien leer los titulares del Marca es todo un ejercicio intelectual, y para quien el “mundo de la cultura” está formado por cantantes de moda y actores de cine subvencionados. ¿Cómo dice? ¿Que se han muerto Ayala y Delibes? ¿Y esos de qué equipo de fútbol eran?

Por todo lo anterior, animo a cualquier lector que haya llegado a este punto de la entrada -después de felicitarle por soportar mi diatriba- a proponer soluciones para combatir la analfabetización. Cualesquiera que sean, bienvenidas serán.

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12 junio, 2010 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, educación, Opinión, Televisión




¡Esto es un sindiós! (XXVIII): Galgos abandonados

¡Esto es un sindiós! 7 comentarios »

A lo largo de esta semana me he cruzado en diferentes carreteras de la provincia de Sevilla con cuatro perros abandonados, todos ellos galgos. A algunos ha sido complicado esquivarlos para no pasarles el coche por encima, mientras otros aparecieron simplemente deambulando por las cunetas, con ese eterno aire de hambrientos que tienen estos perros. Uno de ellos fue atropellado justo delante de mi coche por otro vehículo en la autovía A-4, y le vi chillando de dolor, arrastrando la pata herida por el golpe entre los coches que pasaban a su lado a toda velocidad. Era imposible pararse en la autovía para recoger al perro, porque el riesgo de tener un accidente era más que evidente, y eso aumenta aún más mi sensación de impotencia ante esta situación.

¿De dónde vienen estos perros? ¿A qué viene tanto galgo abandonado en la carretera?

Un grupo de galgos buscan comida entre la basura. Imagen: Foro-ciudad.

No soy cazador, y desconozco todo lo que se mueve en el mundo de la caza. He tenido que buscar por internet la respuesta a esta proliferación de galgos abandonados: al parecer, en esta época del año termina la temporada de caza con galgos, y los que hasta entonces fueron útiles herramientas para tan sano y ecológico (¿?) entretenimiento, empiezan a convertirse en molestos seres que consumen alimento, espacio y tiempo de sus cuidadores sin reportar beneficio alguno.

Supongo también que los dueños de estos perros abandonados habrán descartado a sus ejemplares más viejos, aquellos que ya no rinden como antes, y que conservarán a los jóvenes para la temporada siguiente. Quisiera suponer también que estos cazadores enseñarán a sus hijos las artes de su deporte favorito: cómo llevar las rehalas de perros, dónde soltarlos, cuándo entrenarlos para que estén en forma, etc. Me gustaría que sus hijos aprendieran también la lección de cuándo y cómo abandonar a un ejemplar viejo que ya no sirve para nada, y ahorrarse así su manutención, sobre todo porque espero que, en lugar de aplicar esta obtusa sabiduría a los inocentes perros, la aplique a su despiadado padre cuando sea viejo.

Galgo ahorcado. Imagen: Infojardín.

Pero lo que me gustaría, sobre todo, es que el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA) aplicara la ley con todo rigor, exigiendo a los propietarios de rehalas que identificaran a todos y cada uno de sus animales con el obligatorio chip, imponiendo a los infractores las multas que prevé para ellos la ley. No es de recibo que cada año se perpetre esta cruel carnicería con miles de perros en España: perros abandonados a su suerte por las carreteras, ahorcados en los árboles o condenados a morir de hambre y sed atados a un árbol o a una valla. No voy a decir que todos los cazadores tengan este detestable comportamiento, pero sí diré que esto sucede porque una minoría de desalmados actúa con el silencio cómplice del resto de ellos. Si esta es la consecuencia directa del deporte de la caza, más vale prohibir una actividad tan atroz como esa.

Algunos enlaces sobre la masacre de galgos:

  • Galgos sin Fronteras
  • SOS Galgos
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15 enero, 2010 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, caza, ecología, galgos, Opinión, perros, Sevilla, vandalismo




¡Esto es un sindiós! (XXVII): La vacuna que nadie se quiere poner

Opinión, ¡Esto es un sindiós! 2 comentarios »

Cuando Edward Jenner descubrió las propiedades inmunológicas de la inoculación de antígenos de la enfermedad de la viruela, lo que vulgarmente se ha dado en llamar “vacuna”, abrió a un mundo agradecido la posibilidad de librarse de terribles enfermedades que habían diezmado a los hombres durante toda la Historia humana. Poco podía imaginar Jenner que, más de un siglo después de su asombroso descubrimiento, y a pesar de los grandes avances científicos, la gente desconfiaría de quienes les ofrecen la vacuna contra la modalidad de gripe conocida como “A-H1N1″.

Seguro que se sorprendería, pero evidentemente, tendría que comprender que la sociedad del siglo XXI no es la misma del siglo XIX. Antiguamente la gente tenía la sana costumbre de “morirse por las buenas”, y la mayor parte de las veces, ni se llegaba a saber de qué se había muerto uno. Hoy poco menos que exigimos a los médicos un diagnóstico acertado e inmediato, y una cura rápida de nuestras enfermedades, como si éstas no fueran sino incómodas molestias que nos impiden continuar con nuestras ajetreadas vidas. La autoridad de los médicos se ha visto además socavada como ha sucedido con los maestros de escuela, y no son pocos los casos de agresiones al personal facultativo por parte de pacientes descontentos con la progresión de sus enfermedades.

Para colmo de males, vivimos actualmente en lo que se ha dado en llamar “sociedad de la información”, aunque podría decirse mejor que ésta es una “sociedad de la desinformación”. Los bulos, mentiras y medias verdades sesgadas tienen un lugar predominante en este mundo del conocimiento globalizado, y se transmiten a una velocidad muy superior a la de la información veraz y contrastada. Aunque los medios de comunicación tradicionales acostumbran a culpar de esto a Internet y a los canales de comunicación “alternativos”, lo cierto es que dentro de la profesión periodística se han relajado las formas y se ha abandonado la ética en pos de un mayor beneficio económico. Al auge de la televisión-basura hay que unir el incontestable triunfo del periodismo-basura, cuyos tentáculos amenazan incluso a los medios más reputados.

¿A qué viene todo esto? Pues muy sencillo: son los medios de comunicación tradicionales y su afán de convertir en noticia de portada lo que no merecería una reseña en las páginas centrales de un diario los que han envenenado todo este asunto de la gripe-A, provocando una oleada de escepticismo entre la ciudadanía con consecuencias imprevisibles.

Nadie duda hoy en día de que la gripe-A es una pandemia: una enfermedad a nivel planetario a la que está expuesta el conjunto de la población humana. Esto podría ser un dato alarmante, de no ser porque anualmente la humanidad se enfrenta con diferentes cepas de virus de la gripe, que casi siempre constituyen pandemias. ¿O es que hay alguien que esté a salvo de pillar la gripe? Sin embargo, en el caso de la gripe A, los medios han retratado el problema como un riesgo catastrófico para el mundo, agitando desde el primer momento el fantasma de la gripe de 1918 que causó millones de muertos. Ni siquiera han esperado a conocer los datos de mortalidad de esta enfermedad (que al final han resultado ser semejantes e incluso menores que los de la gripe estacional), sino que han lanzado su mensaje alarmista, y los gobiernos de todo el mundo se han apresurado a hacer bandera del miedo colectivo que han generado estos medios.

Para colmo de males, la producción de medicamentos antivirales está en manos de los propietarios de las patentes de dichos compuestos, que casualmente tienen mucho que ver con cierto oscuro personaje de la felizmente extinta administración Bush. Se puede decir que hay quien tiene un gran interés económico en que este miedo a la enfermedad se extienda cuanto más mejor, ya que a mayor miedo, mayores ventas de medicamentos antivirales. El hecho de que estos medicamentos sean de dudosa eficacia contra esta cepa de gripe se ha dejado convenientemente al margen del pack informativo suministrado al público.

Así que, resuelto el problema del miedo, infundido con mucho éxito a través de las televisiones y en boca de los más importantes líderes mundiales, se inicia el problema de encontrar un medio eficiente para inmunizar a la población. Para ello, las farmacéuticas se ponen en marcha a toda velocidad, antes de que la pandemia alcance los pudientes y privilegiados países del hemisferio norte (sobra decir que, aunque no se haga publicidad de ello, los países del hemisferio sur han pasado por el pico de contagios de gripe A sin consecuencias peores de las que hubiera supuesto cualquier otra gripe estacional, sin vacunas disponibles y casi sin acceso a los caros antivirales). El resultado es una vacuna sacada de los laboratorios a toda prisa para que esté en el mercado cuando vaya a producirse la demanda, pero al parecer, se han olvidado algunos protocolos de ensayo por el camino. Los medios de comunicación sólo se hacen eco de este asunto cuando en la red ya es vox populi.

El resultado es que ahora la gente tiene miedo, sí, pero más a la vacuna que a la enfermedad. Aparecen informaciones de que en los Estados Unidos se han producido terribles reacciones adversas a la vacuna, lo que aumenta aún más la inquietud. Nadie dice claramente que un ínfimo porcentaje de la población sufrirá siempre reacciones adversas a los medicamentos, a cualquier medicamento, sino que lo presentan como un peligro inminente para la salud de todos los ciudadanos. Ni siquiera el personal médico, a quienes se les supone mejor informados sobre el asunto, quieren ponerse la vacuna, y esto remata el cuadro de la suspicacia. Por doquier, los informativos enseñan entrevistas callejeras donde la gente afirma que no va a vacunarse porque no se fía. El gobierno alemán, para colmo, inmuniza a sus ministros y altos cargos con una “vacuna especial”, distinta a la suministrada para el público en general. Después de todo esto, ya puede salir el gobierno en pleno a vacunarse ante las cámaras, porque nadie va a creer que la vacuna es beneficiosa, aunque lo sea.

En estos momentos, el interés informativo por todo este asunto de la gripe A decae lentamente. De alarma social se ha pasado a la chanza en los puestos de trabajo o a la excusa peregrina para saltarse unos cuantos días de clase. No importa, porque para los interesados económicamente en el asunto, ya es misión cumplida: los antivirales vendidos por millones a buen precio; las vacunas compradas también por millones por los distintos gobiernos del mundo (vacunas que dentro de unas semanas ya no servirán para nada, puesto que necesitan unas condiciones muy severas de refrigeración), y la sociedad preparada para la próxima alarma sanitaria.

No guarden sus mascarillas de papel;  las necesitarán de nuevo en primavera cuando aparezca en el telediario el primer caso de la “pelagra del topillo” o del “sarampión de la sanguijuela”.

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24 noviembre, 2009 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, Opinión, Sanidad, Sociedad




No hay huevos…

Opinión 3 comentarios »

Si por una viñeta como ésta…
…la revista El Jueves fue secuestrada por orden judicial y sus autores condenados por no-sé-qué delitos de injurias a la corona (corona que, por cierto y por suerte, los supuestos protagonistas de la viñeta aún no lucen sobre sus reales cabezas), por la siguiente viñeta de Manel aparecida ayer en el diario Público…

…estos jueces tan celosos de la ley que tenemos en nuestro desgraciado país deberían hacer lo propio, es decir, secuestrar el periódico de ayer domingo (¿?) y enjuiciar a los responsables de tamaña afrenta contra nuestra sacrosanta corona, tan querida por TODOS los españoles.

¿O es que en realidad hay cojones para ejercer la censura contra una revista incómoda pero no los hay para hacer lo mismo con un periódico de tirada nacional? ¿Eh, señor Juan del Olmo? ¿O es que en realidad existen dos varas de medir en la justicia española? Señor Juan Luis de la Rúa, ¿Está usted ahí, o se ha ido a tomar unas cervecitas con su amigote? Si es que lo de esta gente es indignante, ¡coño!…

Desde luego, no me extraña que cosas así sucedan en un país donde no todos somos iguales ante la ley. Claro que todo tiene solución.

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10 agosto, 2009 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, Humor, justicia, Opinión, Sociedad




¡Esto es un sindiós! (XXVI): La demolición de la cultura en Sevilla

Opinión, ¡Esto es un sindiós! 19 comentarios »

He leído mucho (aunque probablemente nunca lee uno lo suficiente) para poder formarme una opinión sobre este asunto. No en vano existe una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía sobre el tema, y antes de cargar contra los jueces y sus decisiones, me gusta saber de qué hablo. Vamos allá:

Maqueta de la nueva biblioteca universitariaDicen en Ecologistas en Acción que la construcción de la nueva biblioteca de la Universidad de Sevilla en los terrenos del Prado de San Sebastian supone un arboricidio y poco menos que un atentado ecológico con grave alteración del ecosistema y blá, blá, blá… Los vecinos de la calle Diego de Riaño, por su parte, argumentan que la pérdida de una parte del parque que actualmente existe en el Prado de San Sebastian supone un intolerable menoscabo de su calidad de vida y una tropelía urbanística realizada en un terreno público, etc. Los partidos políticos de oposición en la ciudad de Sevilla cargan las tintas contra el alcalde, contra el rector de la Universidad de Sevilla, y aseguran que se podría haber escogido un emplazamiento mejor para la biblioteca de la universidad.

Al final, y tras un prolongado pleito, la denuncia de la comunidad de vecinos del número nueve de la calle Diego de Riaño ante el TSJA ha conseguido la paralización de las obras y la orden de demolición de lo ya construido. Es una gran noticia para la ciudad, pero las grandes noticias no tienen porqué ser buenas. Ésta en concreto es una muy, muy mala noticia.

Feria de Abril en el Prado de San SebastiánSeñores ecologistas y vecinos de Diego de Riaño: les recuerdo que el Prado de San Sebastián no es ni mucho menos un parque integrado en la ciudad, como ustedes lo quieren pintar. Se trata de un espacio público -es decir, de todos, no sólo de estos pudientes vecinos- en pleno centro de la ciudad que ha tenido muchos usos a lo largo de la historia. Fue desde su inicio el lugar donde se celebraba la Feria de Abril de Sevilla, cosa que muchos de los vecinos de la zona aún podrán recordar. Luego fue trasladada su actual emplazamiento, donde se convirtió en el monstruo gigantesco que ahora es para delicia o espanto de los vecinos de Los Remedios, según se mire.

Después del traslado de la Feria, y durante muchos, muchos años, el Prado de San Sebastián fue un descampado de tierra, lugar idóneo para aparcar el coche cuando uno iba al centro, para montar en los años 80 y 90 los conciertos de Cita en Sevilla, para celebrar mítines políticos en todas las campañas electorales de la época, como parada de autobuses o para meterle mano a la novia discretamente en las noches de verano. No hace falta ser demasiado viejo para recordar cómo era el Prado hace algunos años, hasta que algún político listillo decidió que se podía sacar un dinerito de aquel solar, y montó un aparcamiento de pago.

Al final, y con una subvención de la Unión Europea -sin la cual el Prado seguiría siendo una llanura más estéril que el desierto de Gobi- se construyó el actual parque, hará cosa de doce años, más o menos. DOCE AÑOS, señores. No estamos hablando de que la construcción de la biblioteca vaya a derribar los Jardines de Murillo o los del Alcázar, sino un parque construido hace sólo unos añitos. Y por cierto, no estamos hablando de que la biblioteca se vaya a comer el parque entero, sino escasamente una cuarta parte del terreno del mismo.

También están los que dicen que no es la ubicación adecuada, que existen alternativas, que hay otros terrenos… Bien, supongo que se lo habran pensado para decir esas cosas, pero si tenemos en cuenta que los terrenos del Prado son los más cercanos al histórico edificio de la Universidad de Sevilla, y si consideramos que este nuevo edificio será utilizado principalmente por estudiantes que asisten a la misma (además de los que estudian en las facultades de la cercana calle Ramón y Cajal), no creo que se pueda elegir una ubicación mejor que ésta para situar la biblioteca. Algunas voces piden que la biblioteca se construya en los terrenos de los Gordales, o en la Cartuja, pero seguramente no estén pensando en los problemas de transporte que eso significará para sus futuros usuarios.

No, seguramente los que claman tanto contra la biblioteca universitaria estén más preocupados porque los acaudalados vecinos  de la calle Diego de Riaño puedan bajar a sus mascotas con pedigrí al parque para que hagan sus necesidades sin la molestia de tener que rodear tan inconveniente edificio. Eso por no hablar de la indeseable presencia de estudiantes por las aceras de su calle. ¡Pobres vecinos! Si llegara a construirse semejante engendro urbanístico, sólo dispondrían del Parque de María Luisa para su esparcimiento, y eso recorriendo la tremenda distancia de doscientos metros. Sus mascotas regresarían a casa asfixiadas por el largo paseo. Sería un agravio comparativo insoportable respecto del resto de los sevillanos, todos los cuales disfrutan de parques emblemáticos a pocos metros de sus casas…

Pues les voy a decir una cosa, para que les quede claro: Si el ayuntamiento decidiera utilizar el parque más cercano a mi casa para construir una biblioteca pueden estar seguros de que iría al siguiente pleno para hacerles la ola en señal de agradecimiento. La educación en España, y más concretamente en Sevilla, no está como para ponerle palos en las ruedas, que es justamente lo que ustedes, señores vecinos, acaban de hacer. Se quejan de una supuesta tropelía urbanística sobre un espacio público, pero el derribo de la biblioteca supondría una tropelía aún mayor sobre un importantísimo proyecto también realizado con dinero público y cuyos beneficiarios somos todos los ciudadanos. Ustedes son un impedimento al progreso de nuestra ciudad, porque quieren una Sevilla costumbrista, pintoresca y analfabeta. Le han hecho un flaco favor a nuestra ciudad y a la difusión de la cultura, y todo con la administración de justicia de su parte, administración de justicia que, por cierto, se distingue por tomar las decisiones más estrambóticas y alejadas del sentido común.

En fin, ya estamos acostumbrados; por lo menos podremos seguir diciendo aquello de: “esto es Sevilla”.

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29 julio, 2009 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, cultura, educación, Opinión, Sevilla




Soy de la UNED

Cosas mías, Imágenes 4 comentarios »

En la UNED, cuando recibimos las notas, ya no son noticia, son historia. Miles de alumnos llevamos más de un mes esperando a que nos digan si hemos aprobado o no. En la UNED la paciencia no es una virtud, sino una necesidad.

Imagen: Blog EstudiaSocial.net

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27 junio, 2009 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, educación, UNED




El ladronzuelo

Islamismo, relatos, ¡Esto es un sindiós! 2 comentarios »

La sala del tribunal no era más que un ruinoso salón con muebles desvencijados, y los jueces eran ni más ni menos que matones al servicio del señor de la guerra local que imponían de este modo el terror sobre la tribu de Ibrahim. La gente se agolpaba llenando por completo el aforo de la sala. Muchos se habían traído sus propias sillas de casa y asistían al juicio como quien asiste a un espectáculo. Las familias de los presuntos ladrones ni siquiera habían podido entrar debido a la aglomeración, y esperaban fuera, bajo un sol de justicia -la única que se repartiría con equidad aquel día- la decisión de aquellos improvisados jueces. Ibrahim, aterrorizado y encadenado junto a sus amigos, miraba desesperadamente alrededor buscando a su madre, con la vana, infantil esperanza de que le sacara de allí.

Los guardias habían capturado a Ibrahim y a sus amigos cuando huían tras haber cometido un robo. Aunque los muchachos sólo eran unos adolescentes, el tribunal islámico que les juzgó ese mismo día cargó sobre ellos toda la furia reservada en el Corán para los ladrones: a cada uno de ellos le sería amputada la mano derecha por robar y el pie derecho por tratar de huir. Un alto precio para las miserias que habían intentado llevarse. El mayor ladrón de todos, aquel al que ningún tribunal se atrevía a juzgar, estaba sentado en un ostentoso sillón, en un lugar preferente de la sala y rodeado de sus hombres de armas. Él era el señor de la guerra, quien decidía sobre la vida y la muerte de los aldeanos hasta que ya no quedara nada más que exprimirles y desapareciera en busca de otros desgraciados a los que esquilmar sus pocas pertenencias. Él era la ley, y había dictado la sentencia incluso antes de que Ibrahim y sus amigos hubieran cometido el delito.

Dictada la sentencia, sólo quedaba ya ejecutarla. El tribunal no necesitaba de abogados defensores, ni aceptaba apelaciones o recursos. Los guardias condujeron a empujones a los cuatro condenados hasta la prisión del pueblo, otro vencido edificio que amenazaba con caerse. Ibrahim esperaba que pasara eso mismo: que el techo le cayera encima y acabara con él rápidamente. No iba a tener tanta suerte. Ninguna de las noches de su corta vida fue tan larga como ésta en que esperaba la ejecución de su sentencia, ni siquiera aquella noche en la que murió su hermanito de cinco años Ahmed, víctima de la desnutrición y la malaria y devorado por las fiebres.

La cárcel olía a mierda de una forma tan penetrante que mareaba. Ibrahim estaba solo, encerrado en una de las celdas en cuyas sucias paredes cientos de presos habían grabado sus dibujos para matar el aburrimiento. Había pocas letras. Muy pocos de los que visitaban aquella cárcel sabían leer, y mucho menos escribir. Las cárceles son para los pobres. Ibrahim no tenía que matar el aburrimiento, porque su problema no era el insufrible tedio de los largos días de encierro. Durante la noche no dejaba de pensar en su destino inmediato, en el fatal encuentro con el verdugo. Se tumbó en el asqueroso catre repleto de chinches y dio una y mil vueltas, sollozando y balbuceando antes de quedarse dormido cuando cuando el cielo nocturno empezaba a clarear por el ventanuco de la celda.

Un rato más tarde le despertó un grito desgarrador que procedía del patio de la cárcel. A partir de ese momento se sucedieron llantos y gritos por espacio de casi una hora, e Ibrahim se quedó acurrucado en un rincón de la celda con el alma helada. No podía reconocer a sus amigos en sus voces roncas y en sus súplicas apresuradas mientras iban desfilando uno a uno por el corredor hacia su cita con el verdugo. Sólo se preguntaba qué Dios era aquel que reservaba un castigo tan cruel para unos niños que sólo habían cometido una equivocación. Siempre se había tenido por un fiel creyente en Alá, pero ahora su fe flaqueaba al tiempo que rezaba con insistencia para que Dios le librara de aquello. Lo único que quería era salir corriendo de allí.

Los soldados vinieron un rato después para conducirle al patio. Cuando los vio aparecer al otro lado de la reja, Ibrahin se orinó en los pantalones. Lo agarraron entre dos guardias, lo ataron de pies y manos y lo llevaron arrastrando por el pasillo. El muchacho tenía tanto miedo que no alcanzaba a articular ni una palabra. Pareciera que los ojos le saltarían de sus órbitas mientras pasaba de la penumbra apestosa del corredor a la claridad insoportable del patio de la cárcel.

El patio era un solar aledaño al edificio de la cárcel y rodeado de vallas. Allí se había congregado un nutrido grupo de soldados, los jueces y también el señor de la guerra, al que le habían puesto el mismo sillón donde había estado sentado durante el juicio en un sombrajo para que presenciara las ejecuciones. El tipo era la encarnación del mal, y sonrió con mirada cruel a Ibrahim cuando lo arrastraron frente a él y lo tiraron al suelo frente al verdugo.

Había optado por cerrar los ojos, pero terminó por abrirlos para encontrarse con un cuadro dantesco. A su alrededor había grandes charcos de sangre, y en un canasto de mimbre se encontraban las manos y pies de los otros chicos. Incluso uno de los muchachos estaba tirado en el suelo a unos metros, con la cara color ceniza mostrando un gesto grotesco y los ojos abiertos y fijos. Era Mahmud, tenía trece años y estaba muerto. Su brazo y su pierna derechos mostraban las horribles mutilaciones a las que había sido sometido.

-El muy idiota se murió de miedo- Le confesó el verdugo al ver que Ibrahim no dejaba de mirar a su amigo muerto. -Si no te resistes todo terminará en un momento.

Ibrahim sentía que se le soltaba el vientre, manchando los pantalones. Mientras olía su propia mierda recorrió por última vez el patio con la mirada en busca de la salvación, pero sólo se encontró con la sonrisa macabra y despiadada del señor de la guerra que esperaba la ejecución de su sentencia.

———————–

Nota: Esto no es un relato sobre las costumbres medievales de algún país árabe, sino que ha sucedido hoy en Somalia, donde los rebeldes islamistas aplican a su discreción la Sharia. El mío es un relato ficticio basado en la noticia.

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25 junio, 2009 |

Tags: África, ¡Esto es un sindiós!, relatos, Religión




¡Esto es un sindiós! (XXV): El nuevo muro de la vergüenza de Badajoz

¡Esto es un sindiós! 2 comentarios »

El ser humano siempre busca formas de superarse a sí mismo. De ahí los records mundiales, el Libro Guiness, y también las competiciones de iniquidad política. En esta ocasión ha sido Badajoz la ciudad que suma un nuevo agravio a los agraviados, que se permite pisotear la memoria de los muertos y represaliados durante la Guerra Civil añadiendo un nuevo muro de la vergüenza a la tapia del cementerio de San Juan.

Obras del nuevo muro del cementerio de San Juan. Foto: Público.En esta tapia y en la ya desaparecida plaza de toros de la ciudad fueron asesinados en 1936 miles de pacenses por orden directa del coronel sublevado Juan Yagüe. La represión en Badajoz adoptó tintes de genocidio y trascendió en la prensa internacional por su crueldad.

Y ahora, mientras los restos de muchos de estos ciudadanos asesinados aún no han sido debidamente identificados, y mucho menos debidamente reconocidos y resarcidas sus familias, el gobierno municipal del Partido Popular (¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo…?), con el apoyo de la oposición del PSOE (¿?), deciden esconder la tapia del cementerio con un nuevo y moderno muro cuyo único fin es ocultar el anterior. A lo mejor piensan que con eso borran la memoria histórica de la ciudad, lo cual es una fatuidad dado que Badajoz borró definitivamente su memoria histórica cuando votó mayoritariamente a los herederos ideológicos de sus represores para su gobierno municipal.

Así que cuando leí la noticia, me dispuse a escribir una entrada de desagravio a tanto muerto y tanto represaliado, y busqué en Internet la lista de los fusilados en Badajoz para incluir un enlace a la misma.  En la Universidad de Badajoz tienen una página expresamente dedicada a la recuperación y conservación de la memoria histórica, y en su página de búsquedas introduje el dato que buscaba:

La respuesta del motor de búsquedas me dejó perplejo:

Así que hasta para un programa de ordenador, la lista de los fusilados en Badajoz es demasiado extensa. Da que pensar, ¿no? Pues no, al parecer para los ediles pacenses de PP y PSOE no es algo que resulte tan obvio. Ellos sabrán lo que quieren hacer con la historia de su propia ciudad.

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17 junio, 2009 |

Tags: ¡Esto es un sindiós!, franquismo, historia de españa, Opinión




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