Ya, ya sé que es 16 de julio, y que todos deberíamos estar recordando la histórica llegada del hombre a la Luna hace 40 años. Hoy se celebran los cuarenta años del lanzamiento del Apollo 11 en lo que fue la primera misión a la superficie lunar. Bueno, yo voy a recordar hoy otro histórico hecho acontecido hace hoy 64 años, el 16 de julio de 1945. Aquel día culminaron años de trabajos, de cálculos y experimentos llevados a cabo por cientos de científicos, la flor y nata de la ciencia mundial, en el más absoluto de los secretos.
A las 5:29 de la mañana, en el desierto de Nuevo México, en un lugar conocido como Álamo Gordo, el ser humano iba a mancillar para siempre este mundo con el fruto podrido de su inteligencia. Elevado sobre una torre de acero a veinte metros del suelo, un ingenio diabólico estaba a punto de desatar toda su fuerza destructiva. Era un artefacto esférico compuesto de placas de explosivos creados con una geometría tal que tenderían a estallar todos a la vez hacia el interior de la esfera. Dentro, dos semiesferas de plutonio 239, un elemento que no existe en la naturaleza, producido ex profeso para provocar la muerte, se comprimirían de una forma brutal, conformando una masa crítica que generaría de forma espontánea una reacción nuclear en cadena.
En cuestión de pocos milisegundos, todo había terminado. La desintegración atómica del plutonio había generado de forma casi instantánea una tremenda cantidad de energía que en breves instantes vaporizaría todo el artefacto y la torre que lo elevaba, chocaría contra el suelo y se expandiría rápidamente hacia arriba incendiando el mismo aire. El resultado inmediato fue un resplandor más fuerte que el propio Sol, seguido de una bola de fuego que subía a toda velocidad dejando tras de sí una columna de humo negro en lo que los testigos describirían como un “hongo”.
La Prueba Trinity había sido un éxito, y los científicos aplaudían reían o lloraban, sabedores de que con aquella prueba podían dar por finalizada su misión. Sólo unos cuantos de estos científicos fueron conscientes de las implicaciones de aquello que acababan de presenciar. Las consecuencias de la fisión nuclear en cadena ya había sido prevista en las matemáticas, sobre el papel, pero ninguna ecuación podía compararse con el espectáculo apocalíptico que estaban presenciando en directo. A Robert Oppenheimer le dio la vena mística, y citó el Mahábharata indú:
Me he convertido en la muerte, la destructora de mundos.
Seguro que Oppenheimer llevaba la cita preparada de casa para la ocasión, pero el director de la prueba, Kenneth Bainbridge, no había preparado la frase que le salió del alma, y que resumía los esfuerzos económicos, políticos, científicos y tecnológicos de cuatro años de trabajos forzados para crear aquel arma:
Ahora somos todos unos hijos de puta.
Bainbridge tenía razón. El día 16 de julio de 1945 nos convertimos todos en unos hijos de puta; no sólo los científicos que habían ideado la bomba, o los políticos que decidirían cuándo y cómo usarla, sino toda la especie humana en su conjunto que desde la madrugada de ese día somos el cáncer que matará este planeta.
Etiquetas: efemérides, historia
[...] “Ahora somos todos unos hijos de puta”elojodeltuerto.com/?p=3067 por Riego hace pocos segundos [...]
Los humanos no destruimos planetas (aún), sólo destruimos modestamente las condiciones que permiten nuestra vida en la Tierra. Cuando así sea, al planeta le quedarán muchos millones de años de vida y a buen seguro un buen número de formas de vida.
Creo que las cosas no son buenas ni malas sino solo objetos, la maldad es nuestra, solo el hombre tiene concepto de bueno o malo según como le apriete el zapato. Si dentro de diez años las armas nucleares se utilizan para desviar un meteorito de una trayectoria que lo llevaría a colisionar contra la tierra se festejará que existan estan armas por habernos permitido salvar la vida en la tierra…
Luego está lo que dice Raúl2010, que es muy cierto, lo que estamos arruinando es nuestra posibilidad de supervivencia y la eliminación de la especie humana redundaría en el beneficio de las especies que restan.
¿Sabés? A veces creo que tenemos un pensamiento maniqueísta natural que se nos introduce en todo. Energía nuclear mala, energía nuclear buena, ambos extremos jamás se reconciliarán, ecología vs. necesidad de desarrollo, irreconciliables, todo parece ser blanco o negro, como un choque de religiones, todos parecen tener razón y nadie parece estar equivocado y viceversa.
La bomba A no es un arma diabólica, solo es un arma más poderosa que otras armas. En Dresde murieron unas 25.000 personas luego de un bombardeo convencional con bombas incendiarias, en Hamburgo la operación Gomorra causó la muerte de otras 34.000, en Tokio murieron unas 100.000 personas en una sola noche gracias al bombardeo con bombas incendiarias… supongo que lo que tanto nos asusta de la bomba A es su capacidad de destruir nuestros genes y la radioactividad que deja como residuo (pero recordemos que en Hiroshima y Nagasaki aún hoy vive gente).
Y no, no estoy de acuerdo con la bomba A, ni con la H, ni con ningún tipo de bomba ni con ningún tipo de violencia, como el hambre, creo que si solo lográramos dejar de pensar como facciones y comenzaramos a pensar que somos una raza única que habita una mota de polvo en un universo infinito podríamos ayudarnos a no desaparecer como si nada. Pero lo que sí me parece extraño es decir que somos hijos de puta desde que creamos la bomba A, cuando ya lo veníamos siendo desde hacía miles de años.
Un abrazo.
Estoy de acuerdo con los dos en cuanto a que aún no tenemos la capacidad de “matar” al planeta. Creo que me dejé llevar por el lirismo cuando metí la frase. También con lo que dice Sergio en cuanto a que ya éramos unos hijos de puta muchos siglos antes de la invención de la bomba atómica.
En lo que no estoy de acuerdo es en que el invento no sea intrínsecamente malo. Se ideó para la guerra, y se utilizó en la guerra. Luego se usó como arma disuasoria, y los efectos de las cientos de pruebas de armamento nuclear se deja sentir en nuestra concentración de Cesio 137, Estroncio 90 y otras mierdas diversas dentro de nuestros organismos. ¿Significa eso que el bombardeo atómico sea peor que otros con armamento convencional igual o más destructivos? Bueno, creo que en el sentido de que sus efectos a largo plazo son inevitables e imprevisibles, sí.
Yo soy partidario de un uso racional y controlado de la energía nuclear, pero por más vueltas que le doy, no encuentro ninguna justificación para la existencia de armas nucleares. El argumento del asteroide es un poco pillado por los pelos, ya que dudo mucho que llegado el momento sirvan para detener o desviar una roca de varios kilómetros en rumbo de colisión con la Tierra. En ese caso, la masa seguirá siendo la masa, y la velocidad seguirá siendo la velocidad. No creo que ni todas las bombas atómicas del mundo pudieran detener a un Everest si nos cayera del cielo.
De una vieja película de Sean Connery, de allí extraje la idea de desviar un asteroide con explosiones nucleares, argumento luego utilizado, con algunas variantes, en la película Armagedón.
Y sí, reconozco mi error. Lo que no es malo ni bueno per se es el conocimiento, el conocimiento es lo que podemos utilizar para crear cosas buenas (nuevas formas de combatir el cáncer) o cosas malas (nuevas y más poderosas armas). Esto fue el karma particular de Alfred Nobel que se pasó la vida desarrollando explosivos cuya manipulación fuese más segura que la de la nitroglicerina para evitar tantas muertes de mineros para ver, luego, como el explosivo que él había ideado para “evitar muertes” era usado en la guerra para provocar muertes.
También es cierto que seguimos buscando formas de aniquilar cada vez más eficientes para utilizar esas formas de aniquilar contra nosotros mismos.
Un abrazo.