No sé qué me sorprende más de este tío. Según la prensa, Obama suele comer todos los martes con su vicepresidente Joe Biden en la Casa Blanca (sí, esa a la que según el doctor House no le llaman “blanca” por la pintura de la fachada). El pasado martes, sin embargo, ambos mandatarios salieron del encalado edificio y abandonaron el distrito de Columbia, atravesando el río Potomac en “La Bestia” para adentrarse en Arlington (Virginia). Allí aparcaron la limusina blindada frente a la “Hamburguesería infernal de Ray”, y empezó un espectáculo que sólo podría darse en América.
Para empezar, ambos esperaron estoicamente la cola mientras los fotógrafos les acribillaban con sus flases. Obama se negó rotundamente a que les colaran (lo cual hubiera estropeado todo el circo). Luego pidió la comida de ambos, y sin encomendarse a nadie, sacó unos dólares del bolsillo para pagar la cuenta (es de buenos jefes pagar la comida cuando salen esporádicamente con los empleados). Incluso soltó un billete en el tarro de las propinas con una naturalidad que para sí la quisiera ese mentecato manoseador de Berlusconi (desde aquí huelo su envidia). Luego, mientras les preparaban el pedido que se llevarían de vuelta al inmaculado chalecito, se metieron entre pecho y espalda unas hamburguesas infernales que para mí las quisiera yo.
Y en un plis-plas, de vuelta entre aplausos del entusiasmado y “espontáneo” público a “La Bestia” y al centro mundial del poder, a los despachos ovales y a los teléfonos rojos. Más o menos a la misma hora en que sucedía eso, yo enfilaba el camino de la sierra sur sevillana: El Coronil, Montellano, Coripe… No le envidio lo más mínimo las limusinas blindadas, los maletines nucleares y las blackberris por la patilla. Las hamburguesas infernales sí, pero ya tendré ocasión de resarcirme en el Burguer King de Sevilla Este con una triple whopper.
Eso sí, al tal Ray le ha tocado la lotería, porque a partir de ahora va a tener todo el día una cola enorme de émulos de Obama, con menos prensa, pero con los mismos dólares calentitos. El sueño americano cubierto de ketchup y mostaza, como debe ser.
PS: Conste que tenía la entrada escrita desde ayer, pero el hundimiento del Lusitania ya estaba programado, y a mí no me pisa una efeméride ni Obama ni nadie. El que quiera actualidad, que vea el telediario (si se atreve).
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8 mayo, 2009 a las 6:59
Prueba la Doble Texican. No te arrepentirás (salvo por los daños colaterales que provoque la digestión).
11 mayo, 2009 a las 19:55
Yo, que quieres que te diga, me quedo asombrado y admirado con este tipo de gestos. Seguramente estará ensayado, habrá claps entre el público comensal y gran parte de la naturalidad lo mismo es artificial.
Pero esto hombre sabe hacerlo, sabe ganarse a la gente con gestos como estos.
Ya quisiera yo un Presidente la mitad de apañao que el Obama (y aunque solo fuera con la mitad de cultura cibernáutica que Obama)