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Grandes enemigos de Roma (VII): Atila – Tercera parte

Pasajes de la Historia, enemigos de roma Añadir comentario

Mientras Atila se convertía en el rey de los hunos y saqueaba Oriente y el Imperio de los persas sasánidas, en Occidente estaban sucediendo cosas muy interesantes; acontecimientos que, de haberse desarrollado de otra forma, podrían haber entroncado a las dinastías godas con la élite imperial romana para dar lugar a una nueva forma de estabilidad política. Lamentablemente, no sucedió de este modo, y Occidente tenía ya sus días contados como un imperio unido.

Al dividir Teodosio I el Imperio entre sus dos hijos, Honorio y Arcadio, la hermana de estos permaneció en Roma, donde pocos años más tarde sería hecha prisionera por los Visigodos de Alarico, que saquearon Roma en el año 410. Su nombre era Gala Placidia, hija y nieta de emperadores, reina de los visigodos y madre de emperadores. Durante su cautiverio, Gala Placidia terminó casándose con el rey godo Ataúlfo y, según se dice, éste fue un matrimonio por amor, lejos de las costumbres de la época de casarse por el interés político.

Pero la inestabilidad política dentro del gobierno de los visigodos era aún más intensa y salvaje que la que padecía la misma Roma. Ataúlfo fue asesinado, como lo serían la mayoría de los reyes godos, y Gala Placidia fue devuelta a Roma tras el pago de un enorme rescate y tras haber sufrido toda clase de vejaciones y humillaciones. A pesar de ello, los visigodos seguirían teniendo una importancia trascendental como aliados de Roma (y en otras ocasiones como poderosos enemigos).

Gala Placidia, por su parte, volvió a casarse, esta vez obligada por su hermano el Emperador, con el general Constancio, que a su vez fue emperador durante un corto lapso de tiempo gracias a este matrimonio. De Constancio tuvo dos hijos: Valentiniano y Honoria, que iban a jugar un importante papel en esta tercera y última parte de nuestra historia.

Valentiniano III iba a tener la oportunidad de asistir al desmembramiento de su Imperio. Regentado primero por su madre y luego por el general Flavio Aecio (el último de los romanos), el Imperio sufrió la pérdida de la provincia de África a manos del reino Vándalo. También en esta época se perdió Britania, así como las provincias de Hispania y gran parte de la Galia; estas últimas a manos de sus hipotéticos aliados, los visigodos. Y de este modo, llegamos al año 450.

En este año, Atila recibe un mensaje de la princesa Honoria, hermana del emperador Valentiniano III, que a la sazón vivía recluida en Constantinopla. En esta misiva, Honoría proponía matrimonio al rey huno. Por lo visto, Honoria estaba bastante molesta por haber sido apartada de la vida pública mientras otros se repartían el pastel. Atila, ante este ofrecimiento de mano, decidió tomarse el brazo entero, y cuando Valentiniano se negó a casar a su hermana con el huno, Atila decidió invadir el Imperio Romano de Occidente con toda su fuerza. A Atila esta situación le venía que ni pintada, ya que recientemente Constantinopla se había negado a seguir pagándole tributos porque, sencillamente, no tenía más dinero para darle. Atila no sólo pretendía casarse con la princesa romana, sino además tomar la mitad del Imperio Occidental como dote.

Durante los años precedentes, Atila había ayudado en parte al Imperio Occidental en sus luchas contra los godos y burgundios prestando hombres al magister militum Aecio. Ahora serían esos mismos godos los que tendrían la responsabilidad de salvaguardar lo que quedaba del Imperio ante el envite huno. Entre la coalición de godos/romanos y los hunos se encontraba el pueblo de los francos salios, que estaba en plena guerra civil por la sucesión al trono. Como no podía ser de otro modo, Atila eligió el bando contrario al de los romanos. La guerra estaba servida.

Pero Atila tal vez no contaba con que Roma conseguiría crear una coalición de pueblos para hacerle frente. Flavio Aecio fue seguramente el último gran magister militum de la historia del Imperio, y además estaba muy familiarizado con los pueblos que habitaban la Galia y los que, procedentes de Germania, se habían asentado en las tierras del Imperio. Aecio además conocía bastante bien a los hunos, ya que durante algún tiempo había vivido entre ellos.

Entre todos los pueblos que ahora habitaban el Imperio se había extendido recientemente el cristianismo como religión dominante, lo cual podía servir también como nexo de unión contra el pueblo huno, que ni siquiera tenian una religión que pudiera merecer ese nombre. Además, la perspectiva de seguir huyendo ante el avance huno debía ser terrorífica para algunas de estas tribus que llevaban miles de kilómetros a sus espaldas precisamente huyendo de los hunos. Ya era hora de dar la vuelta y enfrentarse al enemigo de una vez y para siempre.

De este modo, la coalición de romanos, visigodos, francos y alanos se enfrentó en campo abierto contra las hordas de hunos, ostrogodos y burgundios y otros pueblos vasallos comandadas por Atila, no muy lejos de París, en la Batalla de los Campos Cataláunicos. En esta batalla se enfrentaba gente que, ciertamente, se tenía ganas desde hacía tiempo. Sin ir más lejos, se enfrentaron visigodos contra ostrogodos, hunos contra alanos, romanos contra hunos… Durante el combate murió el rey visigodo Teodorico, y allí mismo, en medio del combate, fue proclamado el nuevo rey, Turismundo. A esas alturas, la batalla estaba perdida para Atila, que incluso dio orden en su campamento de preparar una pila funeraria donde inmolarse antes de ser capturado.

Y entonces sucedió algo sobre lo que los historiadores no logran ponerse de acuerdo: Flavio Aecio, comandante de la coalición romana, no contraatacó para capturar o matar a Atila. Seguramente pensó que la situación no era propicia para un movimiento semejante. Es cosa bastante segura que, de haber podido hacerlo, Aecio no hubiera dudado en acabar con un enemigo tan poderoso en lugar de dejarle escapar para que se repusiera (lo que, a la postre, terminó sucediendo). Era 20 de junio del año 451, y aquel día, el mundo supo que Atila y sus hunos no eran ni mucho menos invencibles, cosa que podían atestiguar las decenas de miles de cadáveres de guerreros hunos que abonaban la campiña gala.

Y aunque la batalla de los Campos Cataláunicos fue una gran victoria para Roma y sus aliados en el aspecto psicológico, en realidad fue una victoria bastante pírrica en lo militar, ya que Roma no podía sustituir los efectivos militares perdidos en la batalla. Cuando al año siguiente las hordas de Atila invadieron Italia, no había nada con lo que hacerles frente. Atila saqueó y arrasó cuando le vino en gana sin oposición, destruyendo lo poco que quedaba del Imperio Romano de Occidente, y llegó casi hasta las puertas de la mismísima Roma, donde una delegación encabezada por el Papa León I se reunió con el rey huno en un desesperado intento de impedir el trágico fin de Roma.

Unas fuentes dicen que por superstición, otras que por una epidemia de peste otras que por el pago de un generoso tributo, pero lo cierto es que, después de la entrevista con el Papa León I, Atila dio media vuelta y regresó a sus dominios. Debió ser algo extraña esa sensación de haber escapado a una muerte segura por los pelos, y no es raro que a León I se le hiciera santo de la Iglesia con el nombre de San León Magno. Conjurar el peligro de un enemigo tan formidable como Atila no merece un premio menor.

En cuanto a Atila, al año siguiente, en 453, murió repentinamente en extrañas circunstancias. La versión más extendida es que murió a causa de una hemorragia nasal, aunque otras versiones aseguran que su recién adquirida esposa, Ildico, le clavó un puñal en el pecho en un momento de distracción. En todo caso, una muerte bastante anodina para un líder tan carismático como Atila, que llegó a gonernar el mayor Imperio de su tiempo, y al pueblo más salvaje de Eurasia. Atila fue enterrado en un lugar secreto. Tan secreto que los que participaron en su funeral se dejaron matar para impedir que ese secreto fuera desvelado. Aún hoy, se desconoce el lugar donde yace el rey Atila, sepultado dentro de tres ataudes: Uno de oro, otro de plata, y un tercero de hierro. El Imperio de Atila no le sebreviviría, y pronto se disgregó en un conjunto de tribus enfrentadas que, o bien regresaron a las estepas rusas, o bien terminaron estableciéndose en lo que hoy es Rumanía y Hungría, donde actualmente algunos de sus descendientes tratan de que se les reconozca su identidad como minoría étnica.

Por desgracia para Roma, Atila sería uno de sus últimos enemigos importantes, ya que su agonía como Imperio era terminal y definitiva. Pocos años más tarde, el 4 de septiembre de 476, el Imperio Romano de Occidente sucumbiría bajo el saqueo del rey de los Hérulos, Odoacro, quien sería por derecho propio, el último enemigo de Roma.

Para saber más:

  • Biografía de Atila El Huno, “El Azote de Dios”, en Vidas de Fuego.
  • Atila, el enviado del Infierno, en Diario Público.
  • Los nietos de Atila, presentes también en la UE, en Celtiberia.net.

Pasajes de la Historia relacionados con esta entrada:

Gala Placidia


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Atila


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(Imágenes: La Aldea Irreductible, Wikimedia Commons, La Cuarta Pared, Taringa.net, Portal Fuenterrebollo)

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8 junio, 2008 |

8 comentarios to “Grandes enemigos de Roma (VII): Atila – Tercera parte”

  1. Manuel Trujillo Berges
    8 junio, 2008 a las 21:49

    Sí señor, Hispa, la serie enemigos de Roma cada día va a más… Espero la continuación. Por cierto, te comento que en esta entrada tienes un galia en minúsculas, para qu puedas corregir la errata.

    Un abrazo, y gracias por esta magnífica serie,


  2. Hispa
    8 junio, 2008 a las 22:11

    Galia corregida. Gracias por el toque. La verdad es que, con Atila, creo que los grandes grandes grandes enemigos de Roma están completos. Quitando a gente como Adoacro, que le dio la puntilla al cadáver, o a Alarico, que creo que fue el primero en saquear Roma, poca gente más ha puesto en peligro la integridad del Imperio, excepto, claro está, los mismos romanos. Pero esos no cuentan…

    Acepto sugerencias para seguir. Podemos seguir con alguno de los dos anteriormente mencionados, o con cualquier otro.


  3. Manuel Trujillo Berges
    8 junio, 2008 a las 23:36

    Depende de cómo lo mires. Efectivamente los peces de mayor tamaño ya los tienes en la red, si no me olvido de alguno, pero hay muchos que darían buen juego. Algo curioso es que, a pesar de los desastres sufridos a manos de persas, partos y demás antecesores de los iraquíes e iraníes, no haya ningún gran nombre entre ellos, que nos haa perdurado. Y eso que frenaron el avance romano…

    De la carnaza que me pides en el blog de Dodo, todo se andará. Sus correos están bien guardados, por si acaso.


  4. Hispa
    8 junio, 2008 a las 23:50

    Se habla mucho de los romanos, pero si consideráramos la historia del Imperio Bizantino, también hay mucho enemigo importante, entre ellos los árabes, algún que otro sultán turco o incluso los mismos cruzados, que hicieron de las suyas cuanto quisieron. También algún que otro catalán… ;)
    En cuanto a los persas, más bien sufrieron a los romanos y a los bizantinos que al contrario. Que si Armenia para mí, que si Armenia para ti… un tostón, vamos.
    Y los bizantinos no se andaban con tonterías tampoco. Si no, mira la que le lio a los búlgaron Basilio II, que le devolvió al Zar Samuel un ejército de 15.000 prisioneros… ciegos. Por lo visto al Zar le dio un chungo en aquel momento y se quedó en el sitio del disgusto.


  5. Manuel Trujillo Berges
    9 junio, 2008 a las 1:11

    No, los 15.000 no iban todos ciegos, uno de cada 100 iba sólo tuerto, para guiar a sus compañeros. Es que Basilio sabía cómo tratar a los trolls…

    Sobre el catalán, buena parte de sus compañeros, los almogávares, eran aragoneses… de esos de Teruel, existe o de mis amados Pirineos para más señas… Igual algún pariente mío, que los valerososos Diestes, mis antepasados (aunque el apellido es Diest), no tuvieron bastante con Ayerbe; (la foto del palacio de los Urriés muestra el lugar de la casa solar de los Diest de Ayerbe, los míos son de Ena y Longás, 10 km más arriba).


  6. Luis
    9 junio, 2008 a las 11:42

    Estas en plena forma Hispa. Lo disfruto. Un abrazo.


  7. Hispa
    9 junio, 2008 a las 16:42

    Manuel: Pues si eres descendiente, aunque sea lejano, de tan bravías gentes, no va a quedar más remedio que tener cuidaíto contigo. ;)
    Luis: A ti sí que se te ve bien. Casi da apuro comentar tus entradas por no estropearlas con palabros de sobra.


  8. Archienemigos de Roma. Alarico | Historias de la Historia
    16 febrero, 2010 a las 1:31

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