El ojo del tuerto

…porque me da la gana.

¡Por fin libre!

Enviado por Hispa el 23 Julio 2008

Hoy tocaba limpieza de ordenador. Tanto trastear salvajemente con mi pobre Ubuntu había hecho que algunas cosas se hubieran ido al cuerno. La verdad es que ha sido por pereza, ya que hubiera podido solucionar los problemas con un poquito de interés y otro poquito de Google, pero me daba pereza.

Y ha sido una limpieza desde cero: Me he bajado el disco de instalación de Ubuntu, he pasado todos los datos al disco duro de los datos, y me he llevado por delante el disco duro de instalar sistemas operativos, particiones incluidas.

Es curioso, pero cuesta menos trabajo reinstalar un Ubuntu completo que dedicarse a limpiar la porquería a mano. A ver quién dice eso de un Windows…

Y hablando de Windows, recordé esa partición de 30GB perdida donde tenía instalado el Windows; sí, esa que no uso desde hace muuuuchos meses. Bien, pues ha sido como limpiar el trastero: Si tienes algo en el trastero que no usas desde hace muchísimo tiempo, lo más seguro es que no te haga falta para nada, así que mejor lo tiras.

Pues eso he hecho. A partir de ahora, y salvo contadísimas excepciones (algún códec o driver propietario o cosas así), mi ordenador por fín es libre. No sé si irá más rápido, pero da un gustito arrearle una bofetada sin mano al tío Bill que… Se acabaron las activaciones chorras, las claves y las zarandajas sobre el software “original” y sus ventajas.

Además, he decidido hacer la reinstalación de Ubuntu en plan “novato”, es decir, precindiendo de la consola (que tantas satisfacciones da y tantas bocas de invitados speudogeeks abre), y haciéndolo todo como el que se lo encuentra por primera vez. Ni así. En media hora, la máquina funcionando de nuevo, con su sonido, su aceleración gráfica, sus plugins de Firefox…

Ahora, a seguir vacilando de Compiz con las visitas.

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Efemerides: Muerte en el Cabo de Finisterre

Enviado por Hispa el 22 Julio 2008

En 1805, Napoleón sólo tenía una cosa en la cabeza: Invadir Inglaterra. Sin embargo, el emperador francés era un tipo realista, y sabía bien que, si quería tener una mínima posibilidad de llevar a cabo su empresa con éxito, antes había que quitar de en medio a la imponente flota inglesa; sobre todo a ese engreido de Nelson, que ya se la había jugado varias veces.

Por eso, y aunque Napoleón había reunido una flota enorme combinando las armadas española y francesa, sus planes de invasión de la Pérfida Albión tenían que pasar necesariamente por una maniobra de distracción: Haría creer a los casacones que pretendía llevar la guerra a las Antillas, comprometiendo el comercio inglés con América, para que la flota inglesa cruzara el Atlántico y, a ser posible, que se quedara toda allí, o al menos una buena parte.

Por fortuna para los ingleses (que nunca podrán agradecer todo lo que le deben al genial tuerto y manco de Nelson), éste no se dejó engañar por tan burda treta, y tan pronto como llegó al Caribe y supo que el almirante Villeneuve había puesto de nuevo proa hacia Europa, reunió a sus buques y se lanzó en su persecución.

Vamos a dejar una cosa clara: A Napoleón la guerra en el mar se la traía al fresco. Él era hombre de tierra, de artillería, de estrategia sobre terreno firme, y ahí no había quien le hiciera sombra. Napoleón sólo quería a la flota para que le apoyara en el cruce de sus hombres por el Canal de la Mancha. Aparte de eso, el destino de los barcos le daba exactamente igual.

Así que ahí tenemos a Villeneuve, un almirante sin experiencia, que pretende llevar a la flota hasta Boulogne-sur-Mer, seguido más o menos de cerca por Nelson. Puede, y sólo digo puede, que si hubiera conseguido llegar a la costa francesa sin contratiempo y buenos vientos, y si Nelson hubiera tenido mala suerte por el camino de regreso a Europa, la Historia tal como la conocemos hubiese sido muy distinta. Puede que de haber sido así, Napoleón hubiese conseguido poner a unos cuantos miles de hombres en la costa inglesa, con resultados imprevisibles.

Sin embargo, no sucedió así. A la vuelta de la esquina, agazapado en el Golfo de Vizcaya, le esperaba otro viejo lobo de mar inglés: el vice-almirante Robert Calder. Cuando tuvo noticias de que los pesados y lentos buques de linea francoespañoles subían por la costa dando bordadas contra el viento en contra, reunió a los buques de su flota que estaban bloqueando los puertos españoles y franceses y se dirigió a su encuentro. El día 22 de julio de 1805, la flota de Calder se encontró con la de Villeneuve frente al Cabo de Finisterre.

La batalla, para variar, supuso una humillante derrota para la escuadra francoespañola. Los más profesionales marinos ingleses apuntaban mejor, disparaban más rápido, y sobre todo estaban mucho mejor motivados por una paga decente y una disciplina de hierro. Al finalizar el combate, dos buques que habían sido españoles ondeaban la bandera de la Union Jack, y 476 marineros nunca llegarían a puerto para contarlo. En comparación, las bajas inglesas fueron ridículas: 39 muertos.

Lo cierto es que nadie se atribuye mérito alguno por esta batalla. Está claro que los españoles y franceses resultaron claramente vapuleados en el encuentro, pero es que para los ingleses, al menos para las empolvadas pelucas del Almirantazgo, Calder no tuvo una actuación brillante. Su estrategia de conservar las fuerzas tras el primer encuentro en lugar de emprender una acción más agresiva le costó el puesto y una fuerte reprimenda. Nadie supo ver en aquel momento que había desbaratado el mayor peligro de la historia de Inglaterra desde la Armada Invencible. ¡Pobre Calder!

En cuanto a la flota combinada, se dirigió a uno de los pocos puertos que podía acoger a semejante aglomeración de barcos: Cádiz. Allí les pillaría Nelson con el carrito de los helados, y quedarían bloqueados hasta que, en un ataque de testosterona mezclada con mieditis a la guillotina, Villeneuve salió a enfrentarse a Nelson en lo que se llamó la Batalla de Trafalgar.

Napoleón… A Napoleón cualquiera diría que le quitaron un peso de encima. Cogió a su gigantesco ejército que estaba acampado en el Norte de Francia y se lo llevó a darle un soberano sopapo a austriacos y rusos en Austerlitz. Un acierto, porque con ello se aseguró el dominio de Europa durante casi una década.

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Problemas técnicos

Enviado por Hispa el 20 Julio 2008

Esta página lleva aproximadamente un día experimentando ciertos problemas técnicos. Al parecer el servidor de Powweb está trabajando más de la cuenta, o bien le ha dado un “yuyu”. Esperemos que los problemas pasen prontito, porque reconozco que es un tostón tener que esperar tanto para que cargue la página.

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Hoy en Wikipedia: La Conferencia de Constantinopla

Enviado por Hispa el 20 Julio 2008

Artículo solicitado en el Portal Historia de Wikipedia. Redacción original a partir de fuentes secundarias y terciarias.

Nota histórica al artículo:

A principios del siglo XIX, Europa no era ni mucho menos como la conocemos ahora. Los Balcanes, esa región que se extiende entre la costa adriática y la costa del Mar Negro, pertenecía por completo al Imperio Otomano. También Grecia formaba parte de los dominios otomanos.

Esta situación se prolongaba desde las grandes conquistas del Sultán Mehmet (Que conquistó la antigua capital del Imperio Bizantino, Constantinopla) y desde las exitosas campañas del Sultán Solimán El Magnífico, que a punto estuvo de poner a toda Europa bajo su dominio.

Pero tres siglos más tarde, la cosa iba a ser muy diferente. Las antiguas monarquías europeas se habían fortalecido enormemente, hasta el punto de convertirse en potencias coloniales (como en el caso de Inglaterra) o poderosísimos aunque efímeros imperios (como en el caso de Francia). También las ideas de la Revolución Francesa habían cambiado para siempre los conceptos de política y ciudadanía. Europa, entrado el siglo XIX, se había convertido en la punta de lanza de la modernidad en el mundo, y su poderío militar era incontestable.

Y luego estaban los complicados equilibrios de poder entre las potencias que conformaban Europa. Por una parte, todos se vigilaban estrechamente entre ellos. Nadie parecía querer un nuevo Napoleón. Por otro lado, existían alianzas tanto públicas como secretas que trataban de hacer prevalecer los intereses políticos de una parte de europa contra los de la otra. Sin embargo, el más delicado de los equilibrios era el que conformaban las potencias europeas occidentales contra el gigante imperialista del este: Rusia.

Y las potencias occidentales nunca tuvieron prejuicios para utilizar contra Rusia a un decadente Imperio Otomano. Turquía era el estado-colchón; el único que podía amenazar seriamente los intereses rusos y su mayor impedimento para una rápida expansión por los Balcanes. En los Balcanes, Rusia disponía de una población afín, con la que compartía etnia y religión, y que estaba bastante harta de los abusos y discriminaciones de que el Imperio Otomano les hacía objeto.

Tras varias guerras, existía un ambiente de abierta hostilidad entre Rusia y Turquía, y los movimientos secesionistas de la región balcánica iba a incendiar la mecha de un nuevo conflicto. Serbia, Rumanía, Bulgaria, Bosnia y Herzegovina, Montenegro… todos estos países iban a alcanzar el estatus de naciones independientes y reconocidas por la comunidad internacional, librándose del dominio otomano tras siglos de ocupación. También la actual Turquía es fruto de estas convulsiones, ya que el proceso le hizo convertirse en un estado moderno, abandonando las formas medievales con las que se había regido desde los tiempos en que los turcos no eran sino una tribu de nómadas en las estepas de Anatolia.

En medio de los sangrientos acontecimientos que sucedieron a la insurrección de los Balcanes, y ante una Europa interesadamente escandalizada, un grupo de diplomáticos de alto nivel se reunen en Constantinopla, la Estambul otomana, para tratar de forzar al Imperio a aceptar que esa región va a dejar de pertenecerle de una u otra forma. Rusia afila las garras, acumulando en las fronteras a cientos de miles de hombres mientras espera un casus belli que le permita dar la puntilla al dominio otomano en Europa. En diciembre de 1876 se inicia la Conferencia de Constantinopla:

La Conferencia de Constantinopla consistió en una serie de encuentros diplomáticos que se llevaron a cabo en Estambul, capital del Imperio Otomano, entre diciembre de 1876 y enero de 1877.[1] Estos encuentros diplomáticos se produjeron como consecuencia de la inquietud internacional por los graves acontecimientos que estaban teniendo lugar en los Balcanes y para tratar de impedir una inminente guerra entre Rusia y Turquía.

Trasfondo histórico

Panorama político internacional

"Los perros de la Guerra" - Viñeta satírica que representa a Rusia sujetando a unas naciones balcánicas dispuestas a abalanzarse sobre Turquía.

El siglo XIX supuso una continua decadencia del Imperio Otomano. Desde el final de la Guerra de independencia de Grecia en 1829, la influencia turca en Europa había ido deteriorándose; un deterioro al que las potencias europeas por el oeste (Reino Unido, Francia, Prusia, Imperio Austríaco) y el Imperio ruso por el este habían contribuido en gran medida. En la región de los balcanes, continuo foco de conflictos, Serbia era una entidad autónoma semi-independiente desde 1815, aunque teóricamente aún bajo administración otomana. Mientras tanto, el resto de la región balcánica era sometida con mano de hierro por el Imperio Otomano ante el progresivo avance de los movimientos nacionalistas.

Sin embargo, el delicado equilibrio de poderes en Europa exigía a las potencias occidentales mantener al Imperio Otomano en pie como contrapeso a las aspiraciones imperialistas de Rusia. Así, en 1854, el Reino Unido y Francia apoyaron al Imperio Otomano en la Guerra de Crimea que les enfrentó al Imperio Ruso.

Prueba de este progresivo retroceso otomano en Europa, en 1862 los territorios del Principado de Moldavia y Valaquia se separaron del Imperio Otomano con el apoyo de Rusia para formar lo que hoy es Rumanía.

Tras la Guerra Franco-prusiana, acontecida entre 1870 y 1871, y con la derrota del Segundo Imperio Francés de Napoleón III, este equilibrio de poderes se decantó a favor del nuevo Segundo Imperio Alemán del Kaiser Guillermo I. Además, tras esta guerra y la unificación de Alemania como un nuevo imperio en Europa, se había creado la Liga de los Tres Emperadores, formada por el emperador alemán Guillermo I, el emperador austro-húngaro, Francisco José I, y el emperador ruso, Alejandro II. Esta Liga pretendía representar el contrapeso conservador a las políticas liberales y al auge del socialismo que se estaban produciendo en las potencias más occidentales: Reino Unido y Francia.

Revueltas en los balcanes

En este complejo contexto histórico internacional se produjeron en 1875 las sublevaciones de bosnios y herzegovinos contra la nobleza musulmana local, y en 1876 la llamada Sublevación de Abril en los territorios administrados por el Imperio Otomano de lo que hoy es la actual Bulgaria. El Imperio Otomano reprimió con una dureza inusitada a los rebeldes búlgaros, y tropas irregulares turcas de Basi-bozuk provocaron una enorme mortandad entre la población civil búlgara, lo que a su vez provocó la enérgica reacción en contra de la opinión pública y los gobiernos europeos.[2]

La reacción más enérgica provino de Rusia. Las enormes protestas que la Sublevación de Abril habían causado en Europa proporcionó a los rusos la largamente esperada oportunidad de poner en práctica sus objetivos a largo plazo en lo que se refería al Imperio Otomano. Los esfuerzos rusos, que se concentraban en conciliar las diferencias y contradicciones entre las grandes potencias, dieron lugar a la Conferencia de Constantinopla, que se inició en diciembre de 1876 en la capital otomana. A la conferencia asistieron delegados de Rusia, Gran Bretaña, Francia, Austria-Hungría, Alemania e Italia, y se suponía que debía traer la paz y un acuerdo duradero sobre la cuestión búlgara.[3]

En julio del mismo año, Serbia y Montenegro declararon la guerra al Imperio Otomano, y a pesar de la derrota inicial, en 1877 se unieron a Rusia en la guerra contra Turquía, obteniendo Serbia el reconocimiento internacional como reino independiente; una situación que se mantuvo hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1918.

Detrás de todo ello se encontraba la pretensión rusa de obtener un acceso al Mar Mediterráneo sin la obligatoriedad de que su tráfico mercantil y militar tuviera que pasar desde y hacia el Mar Negro por el estrecho de los Dardanelos, bajo control turco. Rusia podría alcanzar este objetivo si dispusiera de una franja de territorios afines de étnia eslava que le comunicaran con el Mar Adriático, pero estos territorios estaban bajo control turco, y las sublevaciones de los años 1875 y 1876 fueron la excusa esgrimida por Rusia para cambiar el statu quo de toda la región de los balcanes.

Crisis en el gobierno otomano

Las revueltas internas y las tensiones internacionales provocaron una intensa convulsión política en el seno del Imperio Otomano. Por una parte se encontraba el Sultán, Abdülaziz I, que estaba obligado a continuar las reformas emprendidas para modernizar el estado otomano (Tanzimat). A estas reformas se oponía la nobleza turca, que deseaba conservar sus privilegios frente a las minorías étnicas y religiosas; una situación ésta que se encontraba en el origen de las tensiones nacionalistas tanto en los balcanes como en Armenia.

La sucesión de revueltas y pérdidas territoriales se materializaron en un golpe de estado en mayo de 1876 que depuso al Sultán, siendo éste sustituido brevemente por Murad V[4] (mayo-agosto de 1876) y luego por Abdul Hamid II.

Participantes

Delegados asistentes a la Conferencia de Constantinopla

  • Francia: Conde de Chaudordy: Embajador plenipotenciario por Francia. Diplomático de carrera y Ministro de Negocios Extranjeros en París durante el Segundo Imperio Francés.[1]
  • Reino Unido: Marqués de Salisbury: Embajador plenipotenciario por el Reino Unido. Secretario de Estado y Ministro de la India.[1]
  • Alemania: Baron Werther. Embajador de Alemania. Anteriormente comisionado en Viena y París.[5] (En la imagen sentado; segundo por la derecha)
  • Austria: Conde Francisco de Zichy. Aristócrata húngaro. Antiguo embajador austriaco en San Petersburgo.[5]
  • Italia: Conde de Corti. Embajador italiano en Constantinopla. Antiguo enviado del Rey Víctor Manuel II en la corte española de Amadeo I.[5]
  • Turquía: Aunque los otomanos no tomaron parte activa en esta conferencia, sí designaron representantes para aquellas cuestiones en las que fuesen requeridos. Estos representantes fueron el Gran Visir Midhat Pachá, el Ministro de Negocios Extranjeros Savfet Pachá y el antiguo embajador de Turquía en Berlín, Edhem Pachá.[5]

Evolución de la Conferencia

En un primer momento, las potencias occidentales y Rusia propusieron la ocupación de Bulgaria por sus propias fuerzas, como forma de terminar con la durísima represión que la Sublime Puerta estaba imponiendo sobre su población. Mientras Occidente era partidario de dar tiempo a Turquía para implementar las reformas del Tanzimat, Rusia proponía la ocupación inmediata del territorio.[1]

Rusia insistió en la inclusión de todos los territorios habitados por búlgaros en Macedonia, Moesia, Tracia y Dodbrudja en el futuro estado búlgaro, mientras que el Reino Unido, temeroso de que una gran Bulgaria pudiera convertirse en una amenaza para los intereses británicos en los Balcanes, prefería un estado búgaro menor, cuyas fronteras quedaran al norte de los Montes Balcanes. Los delegados dieron finalmente su consentimiento a una variante del acuerdo que excluía a Macedonia y Tracia, y negaba a Bulgaria el acceso al Mar Egeo, auque como contrapartida, incorporaba todo el resto de regiones del Imperio Otomano habitadas por búlgaros. A última hora, sin embargo, los otomanos rechazaron el plan con el apoyo secreto del Reino Unido.[3]

Abdul Hamid tuvo que promulgar el 23 de diciembre de 1876 una Constitución redactada en gran medida por el grupo Jóvenes Otomanos, formado por un conjunto de intelectuales y burócratas del Imperio que querían poner en práctica las medidas democratizadoras del país a través de una carta magna que garantizara estos cambios.[6] Con esta constitución, el gobierno otomanio pretendía dar una imagen de estado de derecho, garantizando que las diversas etnias y religiones que hasta entonces habían estado sometidas a la ley islámica y eran consideradas como Dhimmi por los gobernantes turcos disfrutarían a partir de ese momento de los mismos derechos que los súbditos otomanos de religión islámica. Para entonces, y debido a las atrocidads cometidas en los balcanes, la imagen del gobierno turco estaba tan deteriorada que ninguna potencia se tomó en serio esta “apuesta democrática” por parte del Sultán Abdul Hamid. Ni siquiera el juicio a los basi-bozuk por sus atrocidades en Bulgaria consiguió convencer a la comunidad internacional del cambio de rumbo en la política turca.

El 15 de enero de 1877, las potencias representadas en la Conferencia de Constantinopla expusieron a la Sublime Puerta las condiciones que debían asegurar la paz en la región. Aunque las más occidentales realizaron concesiones sobre sus posturas originales, Alemania se mantuvo firme en su exigencia de que Turquía abandonara Bulgaria y los balcanes. Mientras tanto, Rusia acumulaba tropas en la frontera con Turquía a la espera de la ruptura de las negociaciones.[7] Dado que el gobierno turco rechazó el ultimatum de retirarse de los balcanes, la Conferencia se dio por finalizada sin alcanzar ningún acuerdo que pudiera permitir una solución pacífica al conflicto.

Finalmente, en abril de 1877, Rusia declaró la guerra al Imperio Otomano, comenzando la Guerra Ruso-Turca. Esta guerra se prolongó hasta 1878 y concluyó con la derrota del Imperio Otomano y las disposiciones del Congreso de Berlín, en virtud del cual Turquía perdió finalmente el control efectivo sobre los balcanes.

Referencias

  1. a b c d (1876): «Revista extranjera ilustrada», en La Ilustración Española y Americana, Nº LXVI. 363
  2. Stavrianos, L. S. Balkan crisis and the Treaty of Berlin: 1878. Northwestern University. 1963
  3. a b Texto del párrafo traducido del artículo de Wikipedia en inglés National awakening of Bulgaria - Conference of Constantinople.
  4. (1876): «Crónica general», en La Ilustración Española y Americana, Nº XXIX. 66
  5. a b c d (1877): «Revista extranjera ilustrada», en La Ilustración Española y Americana, Nº 1. 3
  6. Veiga, Francisco (2003): «El laboratorio turco. Un siglo de transformaciones radicales y experimentos políticos», en Revista de Història Moderna i Contemporània, Nº I. ISSN 1445-89111 , 3
  7. (1877): «La cuestión de Oriente», en La Ilustración Española y Americana, Nº 2. 38

Véase también

Así que, como puede verse, los acontecimientos actuales están íntimamente relacionados con la Historia. Ningún país, ninguna región del mundo puede ser ajena a su Historia, ya que ésta marca su presente y su futuro. Puede que, tras leer este artículo, alguien pueda comprender un poco mejor de dónde proceden la ancestral desconfianza entre Griegos y Turcos, la enemistad entre Serbios y musulmanes bosnios, o los fuertes lazos de amistad que unen a los pueblos eslavos del este de Europa con Rusia.

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Descargas por Internet: ¿Somos unos delincuentes?

Enviado por Hispa el 18 Julio 2008

Desde que se extendiera en España el intercambio de música en formato mp3, allá por el año 1997, Internet ha cambiado mucho. Básicamente se trata del mismo concepto de red, pero las velocidades de acceso se han multiplicado exponencialmente. También las tecnologías de visualización y generación de contenidos han mejorado, lo cual ahora me permite escribir en esta página sin más conocimientos técnicos que darle a un par de botones.

Como decía, la cosa ha cambiado mucho. En 1997, bajar una canción por Internet, además de complicado, era lento, exageradamente lento. También nosotros hemos cambiado, y mucho, como sociedad. La antigua costumbre de copiar discos de vinilo a cassette, aquella doble platina para copiar cintas, el intercambio callejero entre amiguetes, ha dado paso a costumbres propias de la “aldea global” en la que vivimos.

No soy experto en sociología (ni experto, ni entendido ni nada), y desde luego, se tanto de leyes como de reparación de motores de aviación. Sin embargo, sé distinguir que algo está sucediendo, que algo ha pasado ya a lo largo de la última década, que hace a esta sociedad diferente de todas las anteriores en la Historia. Hemos adaptado nuestras costumbres “ancestrales”, nuestras relaciones sociales y nuestras necesidades de consumo a la existencia de Internet. Lo hemos asimilado, y a continuación, lo hemos olvidado, es decir, que no pensamos más en ello.

Cuando sacamos dinero de un cajero, cuando trabajamos en la oficina, cuando nos divertimos jugando, cuando leemos la prensa, cuando caminamos por la calle, estamos haciendo constantemente uso de Internet. Incluso la telefonía se ha adaptado a la Gran Red. Muchos de los actuales teléfonos ya no se conectan a una central convencional de telefonía, sino que son terminales de un servidor IP a través del cual realizan llamadas telefónicas por Internet sin que el usuario lo perciba. En los últimos meses se ha extendido mucho el uso de la red Iberbanda en España. Pues bien, todos esos teléfonos utilizan la llamada “telefonía IP“, que está llamada a ser el futuro de las comunicaciones por voz e imagen.

En todas estas nuevas costumbres hay grandes oportunidades de negocio. Todas las grandes empresas de banca, comunicaciones, software, las administraciones públicas (más despacio, aunque también se están subiendo al tren) han sabido darse cuenta de que Internet es el futuro. Si ellos no lo aprovechan, vendrá otro que sí lo hará, y las inversiones son billonarias. Sólo un sector no ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías: la industria de la creación audiovisual. Su modelo de mercado es idéntico al de hace diez años: ellos venden su producto en un soporte físico a un precio impuesto por ellos, la gente lo compra sin saber realmente si el contenido les resultará satisfactorio, y se terminó el tema.

Sin embargo, la sociedad sí ha cambiado, y ellos no lo han sabido ver. Estamos en la era de las comunicaciones, de la televisión por satélite y de la saturación informativa. Tenemos acceso sin movernos de nuestras casas a una oferta audiovisual como nunca hemos tenido y, mira tú por dónde, eso nos ha hecho críticos. Nos gusta comparar lo que consumimos, probar el producto antes de comprarlo, y cada día nos hemos vuelto más impermeables a la publicidad como efecto de la saturación publicitaria a la que estamos sometidos. Por si esto fuera poco, tenemos en casa los medios técnicos necesarios para buscar, descargar y convertir contenidos desde Internet, y eso incluye un fondo prácticamente inagotable de contenidos audiovisuales.

Desde luego, la industria productora audiovisual lleva años poniendo el grito en el cielo, y no le falta algo de razón para ello. Su modelo de negocio, basado en la limitación del usuario para acceder a los contenidos y una estricta legislación de derechos de copia, se disuelve como un azucarillo en el café. Antes, cuando alguien distribuía ilegalmente materiales audiovisuales, debía poner en marcha una importante maquinaria de copia, distribución y blanqueo de los beneficios, y era fácilmente perseguible por la ley. Ahora, cientos de millones de usuarios de todo el mundo comparten los contenidos, sin más medios que sus ordenadores de sobremesa y sin más ánimo que el de ver una película o escuchar un disco.

La industria dice que este intercambio le reporta unas importantísimas pérdidas, si bien se demuestra que el sector está en un permanente auge comercial: Se venden más discos y DVD de nunca, los artistas tienen más conciertos y galas que nunca, y el cine derrocha glamour y medios en superproducciones de altísimo presupuesto. Entonces, ¿Qué es lo que está pasando realmente?

Sin duda, las creaciones artísticas modernas (llámense cine, música, pintura o cualquier otro tipo de manifestación artística) se crean con un solo objeto: ganar dinero. Cuando un artista deja todo lo demás y se dedica profesionalmente a su arte, lo que quiere es recibir por ese arte una compensación económica, además del reconocimiento social que, como artista, podría darle la fama. En la edad media, los juglares obtenían esa compensación económica cantando por calles y plazas a cambio de la voluntad. Más adelante, artistas de la talla de Mozart trabajaron por encargo para las grandes monarquías europeas. Otros locos geniales como Van Gogh murieron en la miseria, desconociendo el dineral que poco más tarde llegaría a pagarse por su obra. Hoy, se diría que el ideal de un músico incipiente es vender un montón de CD’s y hacerse millonario cuanto antes. A sabiendas de que para eso se necesita una maquinaria publicitaria muy importante, expertos en marketing y contactos en radio y televisión, los artistas se ligan por contrato a las grandes empresas discográficas. Ellas son las que van a obtener casi todo el beneficio económico del trabajo de estos artistas.

Antiguamente se podía decir que el trabajo de elaboración y montaje de un disco, más allá de la genialidad de un autor, implicaba el trabajo de un numeroso grupo técnico y el uso de maquinas sofisticadas y caras. La música se grababa en cintas maestras de múltiples pistas, y estas pistas se mezclaban manualmente en lo que suponía un trabajo virtuoso por parte del mezclador. En efecto, era caro. Era.

Hoy, estas tecnologías se han democratizado. La grabación digital lo ha cambiado todo, y ya no es necesario viajar, por ejemplo, a Londres para grabar en un estudio afamado por su calidad técnica. Sin embargo, la industria sigue vendiendo el proceso de producción como si de la construcción del Monasterio del Escorial se tratase. Con ello justifica que, a pesar de las nuevas tecnologías que abaratan los costes, el producto final siga siendo tan caro como antes. Desde luego, de ese precio final, el artista sólo ve una ínfima parte.

Yo he descargado muchos discos por Internet. De ellos, hay una gran mayoría que, simplemente, he borrado porque no me gustaban. De otro buen porcentaje podría decir que tengo originales de esa misma obra en vinilo, pero cuesta menos trabajo y tiempo bajarlo de Internet que grabarlo y convertirlo a partir del vinilo. De otros tengo originales en CD, pero por el mismo motivo que los anteriores, no me apetece andar trasteando. Y existe un pequeño porcentaje de estos que sí me gustan, que sí conservo, y de los que no dispongo del original. Entonces… ¿Estoy cometiendo un delito por descargar música por Internet? La respuesta es no.

La legislación española reconoce el derecho a la propiedad intelectual de los autores, así como la protección del copyright de los productos, pero al mismo tiempo, reconoce el derecho de los usuarios a disponer de copias de materiales audiovisuales protegidos por copyright para uso privado. Esto se puede resumir diciendo que, a menos que se copien contenidos sujetos a derechos de autor con ánimo de lucro, toda copia de estos contenidos es legal, y está amparada por la ley. Es un derecho de los ciudadanos.

Recientemente, la industria ha argumentado en los tribunales que existe una forma de ánimo de lucro, conocida como “lucro cesante“, según la cual el usuario obtiene un lucro en la misma medida que la industria discográfica deja de percibir ingresos a causa de la copia de sus contenidos realizada por el usuario. Bien, pues el intento de la industria por que se reconociera esta figura legal fracasó estrepitosamente.

Más recientemente aún, países como Francia o el Reino Unido están imponiendo restricciones sobre las descargas por Internet, generando una fuerte controversia, ya que para controlar este flujo de datos, es necesario violar el secreto de las comunicaciones entre particulares sin que existan indicios previos de la comisión de un delito. Afortunadamente, en España estamos aún muy lejos de esta situación.

La polémica en España tiene otro nombre: “Canon“. Aquí, todos los ciudadanos, compartamos o no contenidos audiovisuales protegidos por derechos de autor, estamos obligados a pagar un canon en concepto de “compensación” por las pérdidas ocasionadas por la copia privada. Entonces, si estamos obligados a pagar, ejerzamos o no nuestro derecho a la copia privada, ¿Somos unos delincuentes por descargar música y películas por Internet?

Por mucho que los medios insistan en titular “descargas ilegales” para la distribución entre particulares de estos contenidos a través de Internet sin ánimo de lucro, lo cierto es que están engañando a los ciudadanos, ofreciendo información falsa sobre la figura legal de la descarga por Internet. Incluso las administraciones públicas caen en esa misma falsedad en multitud de ocasiones, promoviendo campañas publicitarias contra la piratería donde incluyen estas descargas. Esperemos que esto no se traduzca en el futuro en una posible voluntad política de suprimir este recién adquirido derecho de los ciudadanos.

Nuestras comunicaciones deben seguir siendo secretas, privadas. Nuestros ordenadores domésticos, más allá de los indicios razonables de que se pueda estar cometiendo un delito (y los internautas como colectivo han demostrado hasta la saciedad que son ciudadanos modelo denunciando actividades tan graves como la pederastia o la pornografía infantil), deben seguir siendo inviolables. Nuestros ordenadores son nuestra casa, y la industria audiovisual debe apartar sus codiciosas manos de nuestras casas.

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De la disputación que los griegos et los romanos en uno ovieron

Enviado por Hispa el 13 Julio 2008

Palabras son de sabio, e díxolo Catón,
que omen a sus coydados, que tiene en coraçón,
entreponga plaseres e alegre la raçón,
que la mucha tristeça mucho coydado pon’;
et porque de buen seso non puede omen reír,
avré algunas burlas aquí a enxerir:
cada que las oyerdes non querades comedir,
salvo en la manera del trovar et del desir.
Entiende bien mis dichos, e piensa la sentençia,
non me contesca contigo como al doctor de Greçia
con ‘l rivaldo romano e con su poca sabiençia,
quando demandó Roma a Greçia la sçiencia.

Ansí fuer, que romanos las leyes non avíen,
fueron las demandar a griegos que las teníen;
respondieron los griegos, que non los meresçíen,
nin las podrían entender, pues que tan poco sabíen.
Pero si las queríen para por ellas usar,
que ante les convenía con sus sabios disputar,
por ver si las entendíen, e meresçían levar:
esta respuesta fermosa daban por se escusar.

Respondieron romanos, que los plasía de grado;
para la disputaçión pusieron pleyto firmado:
mas porque non entendíen el lenguaje non usado,
que disputasen por señas, por señas de letrado.
Pusieron día sabido todos por contender,
fueron romanos en coyta, non sabían qué se faser,
porque non eran letrados, nin podrían entender
a los griegos doctores, nin al su mucho saber.

Estando en su coyta dixo un çibdadano,
que tomasen un ribaldo, un bellaco romano,
segund Dios le demostrase faser señas con la mano,
que tales las fisiese: fueles consejo sano.
Fueron a un bellaco muy grand et muy ardid:
dixiéronle: «Nos avemos con griegos nuestra convid’
»para disputar por señas: lo que tú quisieres pid’,
»et nos dártelo hemos, escúsanos d’esta lid.»

Vistiéronlo muy bien paños de grand valía,
como si fuese doctor en la filosofía;
subió en alta cátedra, dixo con bavoquía;
«D’oy más vengan los griegos con toda su porfía.»
Vino ay un griego, doctor muy esmerado,
escogido de griegos, entre todos loado,
sobió en otra cátedra, todo el pueblo juntado,
et comenzó sus señas, como era tratado.

Levantose el griego, sosegado, de vagar,
et mostró sólo un dedo, que está çerca el pulgar;
luego se asentó en ese mismo lugar;
levantose el ribaldo, bravo, de mal pagar.
Mostró luego tres dedos contra el griego tendidos,
el polgar con otros dos, que con él son contenidos
en manera de arpón, los otros dos encogidos,
asentose el nesçio, catando sus vestidos.

Levantose el griego, tendió la palma llana,
et asentose luego con su memoria sana
levantose el bellaco con fantasía vana,
mostró puño çerrado; de porfia avía gana.
A todos los de Greçia dixo el sabio griego:
«Meresçen los romanos las leyes, yo non gelas niego.»

Levantáronse todos con pas e con sosiego;
grand honra ovo Roma por un vil andariego.
Preguntaron al griego, qué fue lo que dixiera
por señas al romano, e qué le respondiera
dis: «Yo dixe, que es un Dios: el romano dixo, que era verdad,
»uno et tres personas, e tal señal fesiera.
»Yo dixe, que era todo a la su voluntad;
»respondió, que en su poder teníe el mundo, et dis
»desque vi, que entendíen, e creíen la Trinidad,
»entendí que meresçíen de leyes çertenidad.»

Preguntaron al bellaco, quál fuera su antojo.
Dis’: «Díxome, que con su dedo me quebrantaría el ojo,
»d’esto ove grand pesar, e tomé grand enojo,
»et respondile con saña, con ira e con cordojo:
»que yo l’ quebrantaría ante todas las gentes
»con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes.
»Díxom’ luego após esto, que le parase mientes,
»que me daría grand palmada en los oídos retinientes.
»Yo l’ respondí, que l’ daría una tal puñada,
»que en tiempo de su vida nunca la vies’ vengada;
»desque vio la pelea teníe mal aparejada,
»dexos’ de amenasar do non gelo presçian nada.»

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor.

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Salam, Rashid

Enviado por Hispa el 12 Julio 2008

Muchos años atrás, hace ya casi veinte años, Joan Manuel Serrat publicaba su disco Material Sensible. Junto con otras canciones del mismo disco, todas ellas obras maestras, Serrat deslizaba esta crítica social sobre la situación en la que se encontraban decenas de miles de trabajadores inmigrantes, a medio camino entre la ilegalidad y la invisibilidad, entre el desempleo y la miseria, entre la marginación y el desprecio de una sociedad que no tenía reparos en servirse de ellos para luego arrojarlos sin remordimientos de vuelta al arroyo.

Hoy, veinte años más tarde, Europa no ha aprendido nada sobre los flujos migratorios, sobre sus orígenes o sobre su importancia en nuestras economías; pero sobre todo, y lo más grave, no ha aprendido nada sobre cómo tratar a millones de personas que merecen vivir con dignidad, sea aquí o en sus lugares de origen. Europa sigue envolviendo porras con banderas, legalizando campos de concentración y permitiendo que en algunos países se creen ficheros de personas en función de su raza. Por desgracia, la canción del maestro Serrat sigue estando de rabiosa actualidad.

Te lo dijeron,
allá abajo, en la tierra de tus padres,
te lo dijeron;
que Europa era muy grande, por eso fuiste
desde el Gran Sur,
donde la sombra de las palmeras es dulce
y el agua de los ríos
camina de puntillas, cautelosa.
Te lo dijeron
de noche los pasos lentos de las dunas.
Te lo dijeron,
que el desierto se va haciendo grande a medida
que los ricos del Norte
rompen sus relojes de arena
a regañadientes
y tú sólo tenías ganas de correr.
¿Qué haces, Rashid, perdido en la frontera
de un Norte miedoso y un Sur que se desespera?
Te han destrozado el honor y la camisa
y una vez aquí no volverás atrás.
Piel de color
de dátil o de hollín que siempre está
haciendo cola en Layetana,
no eres inocente, sea quien sea el juez.
Eres el pecado, el camello, la fulana.
Décimo roto, propina de urinario,
eres todo aquello que el fariseo rechaza.
Coge la cruz y sube a tu calvario.
Salam Rashid.
Ya ni sabes cuánto
hace que caminas por ciudades alquiladas
arrastrando la sensación de que en todas partes sobrabas.
Te conocemos.
Eres carne de subterráneo y de conquista,
la cuña justa para que
no se tambalee la mesa de la fiesta.
Bulles en el perol
sueños del Sur contra la incierta rabia de morir solo.
Querías volar, y Europa es una jaula
y vas perdiendo
poco a poco recuerdos por las aceras
pesadamente,
pero te sientes vivo y esperas como las fieras.
El mundo se mueve
por los que como tú caminan
más de lo que quieren; mano de obra barata.
Supervivientes de prisiones y palizas
que han decidido que les guíen los zapatos.
Mañana para ti
sonreirá la Mona Lisa, utilizarás
el Louvre de nevera, las catedrales
alternarán la misa con el Corán
y las danzas berberiscas.
Pero mientras tanto,
Europa se hace la loca; (¿?)
ha envuelto las porras con banderas
y a ti te reserva un jardín del Maresme.
Salam, Rashid.
T’ho havien dit,
allà baix a la terra dels teus pares,
t’ho havien dit
que Europa era molt gran, per això hi anares
des del gran Sud,
on l’ombra de les palmeres és dolça
i l’aigua dels rius
camina de puntetes, cautelosa.
T’ho havien dit
de nit les passes lentes de les dunes.
T’ho havien dit,
que el desert es va fent gran a mesura
que els rics del Nord
hi trenquen els seus rellotges de sorra
a contracor.
I tu només tenies ganes de córrer.
¿Què hi fas, Rashid, perdut a la frontissa
d’un Nord poruc i un Sud que es desespera?
T’han estripat l’honor i la camisa
i un cop aquí no tornaràs enrera.
Pell de color
de dàtil o de sutge que sempre està
fent cua a Laietana,
no ets innocent sigui qui sigui el jutge.
Ets el pecat, el camell, la fulana.
Dècim trencat, propina d’urinari,
ets tot allò que el fariseu rebutja.
Trinca la creu i puja al teu calvari.
Salam Rashid.
Ja ni saps quant
fa que camines per ciutats llogades arrossegant
la sensació que a tot arreu sobraves.
Et coneixem.
Ets carn de soterrani i de conquesta,
la falca justa perquè
no trontolli la taula de la festa.
Bulls al perol
somnis del Sud contra la incerta ràbia de morir sol.
Volies volar, i Europa és una gàbia
i vas perdent
a poc a poc records per les voreres
feixugament,
però et sents viu i esperes com les feres.
El món es mou
pels qui com tu caminen
més del que volen. Mà d’obra barata.
Sobrevivents de presons i pallisses
que han decidit que els guiïn les sabates.
Demà per tu
somriurà la Mona Lisa. Faràs servir
el Louvre de nevera. Les catedrals
alternaran la missa amb l’Alcorà
i les danses barbaresques.
Però mentrestant
Europa va fent d’esma. Ha embolicat
les porres amb banderes i a tu et reserva
un jardí del Maresme.
Salam Rashid.

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Grandes enemigos de Roma (VIII): Quinto Sertorio - Tercera parte

Enviado por Hispa el 10 Julio 2008

En la Roma del año 83 a.C. los optimates iban a por todas. Las cabezas decapitadas de los líderes populares eran expuestas en el Foro como aviso para navegantes y para demostrar quienes mandaban ahora en la República. Roma tenía un nuevo líder: el dictador Lucio Cornelio Sila.

Y el baño de sangre no había hecho más que empezar. Sila promulgó una extensa lista de ciudadanos declarados proscritos, condenados a muerte, y cuyas pertenencias ahora pertenecerían al Estado. Con ello, además de quitarse de en medio a sus oponentes políticos, obtenía unos suculentos ingresos gracias a la subasta de los bienes de estos. Después de una guerra social con los itálicos y de una guerra civil entre romanos, las arcas de la República estaban literalmente vacías.

Y en este año 83 a.C., el general Quinto Sertorio, nombrado por el depuesto gobierno de Cinna y Carbón como propretor de la Hispania Citerior, presintiendo la debacle, se embarcó hacia su nueva provincia, en parte dejando en la estacada a sus camaradas, a los que ya consideraba perdidos. Al menos sabía que en Hispania podría vender cara su piel contra las tropas de Sila. Por delante quedaban diez años de resistencia feroz a lo largo y ancho de la Península Ibérica; toda una pesadilla para la República romana.

Hispania llevaba mucho tiempo esperando la llegada de un líder que les liberara del yugo opresor de Roma. Y qué mejor líder que un romano, un general victorioso y un estratega de reconocido prestigio, que venía con la intención de reunir en Hispania una fuerza suficiente como para avanzar hacia Roma y arrebatar el poder a los optimates. Por si fuera poco, era un líder que conocía el terreno, la lengua y las costumbres de la zona. Pronto, los lusitanos y los celtíberos se unieron a su causa, como también lo harían otras tribus de levante como los contestanos. Además, al menos veinte mil legionarios supervivientes de las legiones del ex-cónsul rebelde Lépido llegaron a Hispania para unirse a Sertorio.

Esta guerra iba a suponer para los pueblos de Hispania una dura prueba. En una economía agrícola de subsistencia, la presencia de cientos de miles de soldados improductivos durante varios años acarrearía la penuria y la hambruna para la población civil de ambos bandos, aunque esta penuria se dejaría notar sobre todo en el norte peninsular, escenario de encarnizados combates y de frentes de guerra cambiantes.

Contra Sertorio se encontraba un viejo procónsul: Quinto Cecilio Metelo Pío, un ferviente partidario de Sila que, en el año 79 a.C. fue destinado como gobernador a la Hispania Ulterior, con el mandato de vencer a Sertorio. Bien fortificado entre el Guadalquivir y el Guadiana, Metelo protegería a la provincia Ulterior de las posibles incursiones de los lusitanos. El resto de Hispania, sin embargo, pertenecía de momento a Sertorio, que incluso se permitió atacar dentro de la provincia de la Galia Narbonense para prevenir una invasión por el Norte.

Hispania era a Roma lo que el Nuevo Mundo sería siglos después para España: Una fuente casi inagotable de riqueza que, por culpa de Sertorio, ahora se había secado. Roma necesitaba con urgencia recuperar el comercio perdido si quería seguir siendo la potencia dominante en el Mediterráneo, y debían hacerlo necesariamente sobre el cadáver de Sertorio. Por ello comisionaron a un joven líder militar para que ayudara a Metelo en la tarea de destruir a un Sertorio que se había enquistado en Hispania. Su nombre: Cneo Pompeyo Magno.

Pompeyo había participado en las guerras civiles del lado de Sila, y su poder económico era tal que había podido permitirse levantar un ejército particular. En sus propiedades de Piceno disponía de miles de clientes, además de muchos contactos en el senado. La campaña contra Sertorio prometía convertirse para Pompeyo en la llave que le abriera el acceso al consulado en Roma.

Sertorio, mientras tanto, jugaba la carta de la legitimidad. Proscrito en Roma, había creado un senado local y establecido su capital en Osca. También había creado una escuela para romanizar a los hijos de las élites locales. Con ello, además de formar a los futuros hombres preeminentes hispanos en la cultura y las costumbres romanas, mantenía bajo su control a un importante grupo de rehenes amistosos que le garantizaban la fidelidad de las tribus hispanas.

Además, se dedicó con tesón a formar a las milicias lusitanas y celtíberas en las tácticas militares romanas, aprovechando también la experiencia de estas milicias en otra táctica militar que había traído de cabeza a los romanos durante décadas: la guerrilla. Mientras sus legionarios podían enfrentarse en igualdad de condiciones a cualquier ejército que Roma enviara contra él, grupos de hispanos recorrían los tortuosos caminos de la Península acosando a las líneas de abastecimiento de las legiones enemigas, atacando por sorpresa y con rapidez, sembrando el caos e impidiendo el tránsito de suministros e información entre el norte y el sur.

Pero no todo serían operaciones militares y caos humano en esta guerra. Quinto Cecilio Metelo fundaría durante estas campañas ciudades como Castra Cecilia (Cáceres) y Metellinum (Medellín). Pompeyo, que invernó en tierras de los vascones en el año 75 a.C. fundó Pompaelo (Pamplona), así que, gracias a esta cruenta guerra, las actuales Extremadura y Navarra cuentan con algunas de sus más importantes ciudades, que en su momento no fueron más que fuertes o campamentos de invierno.

A pesar de los combates y de algunas abultadas derrotas sufridas por Pompeyo a manos del mismísimo Sertorio y por Hirtuleyo, vencido en las cercanías de Itálica por Metelo, la guerra consistió en un estancamiento militar de varios años, sin un vencedor claro. Roma no disponía en principio de los medios necesarios para vencer con rotundidad a Sertorio, y tuvo que conformarse con mantenerlo contenido en el noroeste de Hispania.

Pero algo iba a cambiar. El mismo año 75 a.C. en que Pompeyo pasaba el invierno en su nueva ciudad del norte, Roma tenía noticias de que Sertorio estaba en tratos con otro gran enemigo de Roma: Mitidrates VI del Ponto. Supuestamente, Sertorio estaba animando a Mitidrates a atacar a Roma por el este, mientras él atacaba por el oeste, con la pretensión de derribar a la República para auparse al poder como dictador o, peor aún, como rey. Esto fue la gota que colmó el vaso para la República romana. Viendo con claridad el peligro que tal pacto suponía, se decidieron a echar el resto y a suministrar a las fuerzas en Hispania los recursos suficientes para terminar de una vez con Sertorio. Entre el 75 a.C. y el 73 a.C., Pompeyo y Metelo consiguieron arrinconar a Sertorio en sus bastiones del Ebro, aunque al final tuvieron que eliminarle poniendo un elevado precio a su cabeza. Sería uno de sus hombres, Marco Perpenna, quien junto con otros oficiales, acabara con la vida del gran general rebelde.

Perpenna trató de sustituir en el mando a Sertorio, pero al no tener las habilidades de estratega de éste, fue rápidamente derrotado por Pompeyo, y acabó siendo ejecutado como un traidor. Luego, Pompeyo se dedicó a vencer a las poblaciones que aún seguían sublevadas contra Roma, y así sufrieron terribles asedios ciudades como Calagurris o Clunia, que fue destruida hasta sus cimientos. En el año 72 a.C. la más larga guerra sufrida por Hispania desde los tiempos de Cartago había terminado.

A su regreso a Italia, Pompeyo se enfrentó a los restos de lo que había sido el ejército del gladiador rebelde Espartaco, lo que le llevó a compartir el triunfo cosechado por Craso y le aupó al cargo de Cónsul de la República. Luego partiría hacia Asia en el 67 a.C., donde realizó una exitosa campaña que puso fin a la amenaza de Mitidrates de forma definitiva. Pompeyo llegaría a ser uno de los hombres más poderosos de Roma, pero esa es ya otra historia…

Bibliografía:

Imágenes: Wikimedia Commons

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Hoy en Wikipedia: Las “décadas deportivas”

Enviado por Hispa el 9 Julio 2008

Tomemos un día cualquiera, como hoy, sin ir más lejos. Veamos lo que dicen las efemérides del día en Wikipedia:

(Esto es sólo una selección. La lista completa se encuentra en el artículo correspondiente al día 9 de julio)

Pero… ¡Ah! Llegando a los años 80, los 90 y los “dosmiles”, encontramos perlas como…

Indudablemente, aconteciemientos de igual trascendencia que los primeros, y que merecen un lugar destacado en toda efeméride que se precie. Otro tanto sucede con los nacimientos:

Que tienen que convivir con…

Sólo por poner un sonrojante ejemplo, ya que hay muchos más de este estilo. Es la tónica general que, para cada día del año, se señalen en las efemérides a todos los deportistas de primera, segunda y tercera línea de cualquier deporte (preferiblemente fútbol), a actores y actrices porno (¿?) y a todo tipo de músicos de Rock, aunque sean del grupo más desconocido del planeta. Con la sección “fallecimientos” pasa tres cuartos de lo mismo. 365 días al año, más el 29 de febrero, donde cabe más gente.

Y no estoy hablando ya del típico niñato que viene a Wikipedia a poner su fecha de nacimiento en las efemérides. Ese es fácil de borrar. En algunas ocasiones he tratado de poner un poco de orden en estas páginas, y me he encontrado con la oposición frontal de los que no son capaces de distinguir lo relevante de lo superfluo. “No me vayas a tocar a mi luchador de Wrestling favorito porque ya estás en el Tablón de Bibliotecarios.

Así las cosas, no queda más que felicitarse porque los Pokémon no tengan una fecha definida de nacimiento, ya que eso podría hacer que las efemérides diarias fueran aún más ilegibles.

A ver si, con el tiempo y mucha paciencia, consigo dividir estas efemérides por secciones para que la acumulación de “personajillos” no haga pasar vergüenza ajena al lector que se acerque a ellas con la intención de saber qué cosas destacadas sucedieron y qué personajes importantes nacieron o murieron en un día concreto, ahorrándole el trago de tener que ver reseñado el nacimiento de una actriz porno junto al de un Premio Nobel. Me lo apuntaré en “cosas que hacer a largo plazo, si el tiempo y los inclusionistas no lo impiden”.

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Hoy en Wikipedia: Jorge Bonsor

Enviado por Hispa el 8 Julio 2008

Nacido en Francia, de orígenes británicos, afincado en España e hijo predilecto de Carmona. George Edward Bonsor, más conocido por estos lares como “Jorge Bonsor” está considerado el padre de la arqueología moderna en España. Sus investigaciones permitieron devolver a la luz la necrópolis y el anfiteatro romanos de Carmona, incluyendo la fabulosa “Tumba de Servilia”.

Además, Bonsor participó en numerosas excavaciones en la comarca de Los Alcores de Sevilla, publicó estudios sobre la ciudad de Itálica e indagó sobre la historia del pueblo fenicio en las Islas Sorlingas. Bonsor trabajó sobre todo en la provincia de Sevilla, donde recorrió durante años el antiguo camino que conduce hasta Córdoba a través de la comarca de La Vega de Sevilla, desentrañando piedra a piedra la historia de nuestra tierra desde el Paleolítico a nuestros tiempos.

Todo esto y mucho, mucho más puede leerse en el magnífico artículo redactado por el usuario Vtornet, que con la ayuda de otros como Manuel Trujillo Berges, Martínhache, Ángel Luis Alfaro o CASF ha conseguido situarlo como uno de los artículos destacados de Wikipedia. Un artículo que hoy me complazco en recomendar a los lectores.

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Memoria histórica: Tomás Centeno

Enviado por Hispa el 7 Julio 2008

En 1953, la represión franquista estaba en su momento álgido. Derrotado el enemigo republicano y puesta de rodillas una población vencida y hambrienta, esta represión ya no podía ser más dura, ni más cruel. Entre el final de la Guerra Civil en 1939 y 1953, hasta siete direcciones del PSOE fueron desarticuladas por la policía política del régimen. También cayeron durante esta época numerosos líderes sindicalistas de UGT. Entre ellos se encontraba Tomás Centeno Sierra, presidente de UGT y miembro de la ejecutiva del PSOE en 1953.

A Tomás Centeno le apresó la policía franquista y fue conducido a la temida Dirección General de la Seguridad, situada en la madrileña Puerta del Sol y actualmente sede del gobierno madrileño. Allí, el 28 de febrero de 1953, en los calabozos del sótano, fue torturado hasta morir, como antes lo habían sido muchos otros, y como lo serían muchos más en los años siguientes. Como también lo sería en 1963 Julián Grimau, al que arrojaron esposado por una ventana del mismo edificio antes de someterlo a una parodia de juicio y fusilarlo. Según algunas versiones, Tomás fue arrojado por una ventana (al parecer una macabra costumbre que debía divertir a los sádicos fascistas que allí se dedicaban a la tortura sistemáticamente). Según otras versiones, murió a consecuencia de las terribles torturas que le infligieron, entre las cuales se contaban el ahogamiento, las descargas eléctricas, los golpes, etc.

Es necesario recordar hoy a estos hombres, porque fueron los verdaderos luchadores por la libertad, en una época en la que España era un inmenso penal; una cárcel de miseria y hambre, de opresión y de subdesarrollo. Hombres como Tomás Centeno, lejos de amilanarse por las terribles circunstancias, dieron un paso adelante por la conquista de las libertades y de los derechos de los trabajadores. Hoy, cuando damos nuestros derechos por sentado, como algo indiscutible, tendemos a olvidar con facilidad que sólo dos generaciones nos separan de una de las épocas más oscuras de la historia española.

Tal vez la Historia nos exija obviar estos crímenes, y soportar la impunidad de algunos a los que, como poco, habría que tachar de asesinos. Sin embargo, esa misma Historia nos exige recordar para siempre a Tomás Centeno y a los muchos otros compañeros martirizados por defender sus ideales. Nos exige que enseñemos sin rencor a nuestros hijos esa lucha callada que, al final, nos condujo a todos a la democracia que hoy conocemos. Nos exige recordarnos a diario que la libertad hay que ganarla, y que no es un derecho otorgado.

(Imagen: www.portaldelexilio.org)

Entrada procedente del blog Burguillos-educa

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Dodo

Enviado por Hispa el 7 Julio 2008

Homenaje a los plagiarios que han sido, son y serán:

Cuando despertaron, el Dodo aún estaba allí“.

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Hoy en Wikipedia: Nathaniel Bacon

Enviado por Hispa el 6 Julio 2008

Artículo solicitado y traducid